La gran mayoría de actores aceptan personajes. En cambio, otros, como Nicolas Cage, parecen absorberlos hasta convertirlos en una extensión de sus obsesiones personales. Eso es exactamente lo que ocurre con Spider-Noir, la nueva serie inspirada en la versión más oscura y melancólica de Spider-Man, donde Cage no solo interpreta a Ben Reilly, sino que construye un experimento visual que mezcla cómic, expresionismo y cine clásico de los años treinta.
La idea de llevar este personaje a televisión no nació únicamente desde el fandom o el fenómeno superheroico. En realidad, comenzó desde algo mucho más extraño y más interesante: el arte pop.
Cage explica que llevaba años imaginando un tipo de actuación inspirada en artistas como Andy Warhol y Roy Lichtenstein. Ya había explorado parte de esa estética en Wild at Heart, pero ahora quería ir más lejos.
“Llevaba bastante tiempo imaginando una propuesta de interpretación. No es ningún secreto que me influyen distintas formas de arte, y una de mis grandes influencias ha sido el pop art de Warhol y Lichtenstein. Así como en Wild at Heart recurrí a Warhol, pensé: ¿no sería interesante hacer una interpretación al estilo Lichtenstein, utilizando la energía de los cómics y fusionándola con el estilo clásico de actuación del cine en blanco y negro? Y entonces apareció Spider-Noir. Mis intereses estaban principalmente ligados al cine; sin embargo, cuando supe que Spider-Noir sería una serie episódica de televisión, pensé que ese formato funcionaría muy bien para mi concepto, ya que los cómics son inherentemente episódicos”.
Pocas figuras dentro de Hollywood parecen tan compatibles con un personaje como Spider-Man Noir. Cage siempre ha trabajado desde el exceso, la teatralidad y una especie de intensidad operática que hoy prácticamente no existe en el cine comercial. Aquí, esa energía encuentra el lugar perfecto: una Nueva York sombría, detectivesca y llena de humo, inspirada en el cine criminal de los años treinta.
Un Spider-Man que parece salido de otra época
Aunque el personaje apareció originalmente dentro del multiverso de Spider-Man, esta es la primera vez que Spider-Noir tendrá una adaptación televisiva propia. Cage entiende perfectamente el peso cultural del héroe, pero también sabe que esta versión todavía tiene territorio por conquistar.
“Spider-Man es icónico. Sin embargo, Spider-Noir apenas está siendo presentado en televisión. Espero haber logrado que él también se vuelva icónico”, dice con la seguridad de alguien que entiende la mitología del personaje y, al mismo tiempo, disfruta reinventándola.
Lo más interesante es que la serie no busca parecerse al típico producto contemporáneo de superhéroes. Aquí la referencia principal no son los universos cinematográficos saturados de CGI, sino el Hollywood clásico. Cage se sumergió directamente en las interpretaciones de actores de los años treinta para construir el tono de Ben Reilly. El resultado apunta más hacia el noir detectivesco que hacia la acción tradicional de Marvel.
Eso también se refleja en la fotografía. La serie podrá verse tanto en color como en blanco y negro, una decisión que no fue estética de último minuto, sino parte integral de la producción desde el primer día.
“Filmamos el show pensando específicamente en el blanco y negro, tanto en mi actuación como en la cinematografía”, explica Cage.
Pero también existía la intención de darle una colorización inspirada en las pinturas urbanas de Edward Hopper, con esa sensación de melancolía nocturna y soledad urbana que definió gran parte de su obra.
Nicolas Cage encontró el tono exacto
Lo fascinante de este proyecto es que parece diseñado para explotar todas las cualidades más particulares de Cage. Su manera de hablar, sus silencios incómodos, su teatralidad y esa capacidad de hacer que cualquier escena parezca un monólogo existencial encuentran aquí un escenario ideal.
Además, el actor asegura que el ambiente en el set fue clave para construir las relaciones entre personajes como Janet, Robbie y Cat. “Todos queríamos dar nuestra mejor versión creativa”, comenta. Esa química, según él, ayudó a crear una atmósfera relajada pero llena de energía.
Y luego está Brendan Gleeson, quien interpreta al clásico jefe mafioso de vieja escuela. Cage no escatima elogios hacia él: “Su trabajo, como siempre, fue brillante”. Pero quizá lo más interesante es cómo describe la dinámica entre ambos actores. Gleeson pertenece a esa generación de intérpretes capaces de entrar y salir de personajes intensos sin convertir el set en un drama permanente. Cage parece admirar profundamente esa disciplina.
El momento en que se convirtió en Spider-Noir
Toda película o serie de superhéroes tiene ese instante donde el actor finalmente entiende que el personaje ya no le pertenece solo a él, sino también a la gente que lo rodea. Para Cage, ocurrió la primera vez que apareció completamente vestido como Spider-Noir.
La descripción parece salida de una novela pulp.
Recuerda que cuando entró al set con el traje completo “no se escuchaba ni caer un alfiler”. Después comenzaron los murmullos. “Spider-Noir, Spider-Noir, Spider-Noir”, repetían las personas mientras él caminaba hacia la oficina de Ben Reilly.
Entonces se quitó la máscara.
“Y cuando me senté en la silla de oficina de Ben Reilly y me quité la máscara de Spider-Man, tenía en mi cabeza una versión electrónica sintetizada de la Toccata y Fuga de Bach sonando en bucle. Sentí algo parecido a lo que quizá experimentó el Rey Arturo cuando la gente susurraba “Arthur, Arthur, Arthur” detrás de él entre el viento. En ese momento supe que había logrado encender el resplandor del postquemador de mi motor a reacción estilo Lichtenstein en plena corriente de aire”.
Es una imagen completamente Nicolas Cage: grandilocuente, extraña, exagerada y totalmente cinematográfica.