Antes de las plataformas, de los algoritmos y de que los actores compartieran su vida cotidiana con millones de personas, existían las tardes frente al televisor. Carlos Said creció en esa época, viendo cómo nacían las grandes estrellas de la ficción mexicana.
Hoy, mientras construye su propio camino en una industria que ya no se parece a aquella, entiende que el verdadero desafío no es alcanzar un protagónico, sino forjar una trayectoria que perdure sin renunciar a lo que sucede cuando las cámaras dejan de grabar.
Hubo una época en la que las historias tenían horario. Cada noche, millones de familias se reunían frente al televisor para seguir un capítulo más de esa ficción que, durante meses, lograba instalarse en la conversación cotidiana. Las telenovelas eran un ritual compartido, una ventana a otros mundos y, para muchos niños, el primer contacto con el poder que tiene un actor para emocionar, hacer reír o provocar lágrimas. Carlos Said creció formando parte de esa generación que descubrió la actuación desde el otro lado de la pantalla.
Mucho antes de imaginar un foro de televisión, un llamado a escena o un personaje propio, encontró que había algo irresistible en la posibilidad de convertirse en alguien más. Las películas terminaban, pero él se guía interpretando a sus protagonistas en casa. Grababa escenas con el celular y con la cámara de video junto a su hermano, inventaba historias y encontraba en el juego un espacio donde cualquier identidad era posible. Durante años no habló de esa inquietud, la certeza existía desde mucho antes de convertirse en una decisión, aunque fue hasta los 18 años cuando encontró el momento de compartirla con sus padres.
“Siempre lo supe, pero nunca lo dije. Siempre fue como ir a ver películas increíbles, salir de ver la película y creerme un personaje, grabar películas con el celular y con la cámara de video, con mi hermano. Entonces siempre fue muy importante para mí, sin darme cuenta, inclusive el interpretar personajes, el jugar a ser alguien más”.
Más que una revelación, aquella conversación fue la confirmación de algo que llevaba años construyéndose en silencio. “Recuerdo muy bien la decisión y decírselo a mis papás, que fue como lo más difícil, pero tenía muy claro que lo iba a hacer, estuvieran de acuerdo o no”.
Antes de que existiera una escuela, un casting o un primer llamado, hubo actores que despertaron su imaginación. Carlos nunca ha entendido la inspiración como un ejercicio limitado a una sola industria, mientras descubría el cine encontró referentes en intérpretes como Al Pacino, Marlon Brando, Paul Newman y Robert Redford, figuras que, todavía hoy, siguen ocupando un lugar importante en el modo en que observa el oficio. Del otro lado estaban las grandes producciones de la televisión mexicana:
“Creo que hay grandes actores, el señor López Tarso, Alberto Estrella, que fue pues mi villano referente y claro mi suegro Eugenio Martín. Son los nombres que se me vienen a la mente al pensar en novelas”.
Toda vocación tiene una escena de origen; la de Carlos Said ocurre frente a un televisor. Hay un recuerdo que resume mejor que cualquier otro esa fascinación y su primer acercamiento al mundo de las telenovelas: “Tengo muy clara la novela Amor real (2003). Recuerdo que mi mamá la disfrutaba muchísimo; sin embargo, no me dejaba verla. Entonces me metía a escondidas a su cuarto para poder verla. Tengo bastante presente la imagen de esos actores, como Adela Noriega; considero que esa historia me marcó profundamente y me mostró lo que significa ser una gran protagonista y una gran estrella”.
Con los años descubrió que la inspiración podía aparecer en cualquier parte. No necesariamente frente a una pantalla, sino en la capacidad de observar a las personas y en tender aquello que las mueve.
“Creo que si tienes la capacidad de observar, todo puede ser una inspiración. Sólo es darle el tiempo, el enfoque, observarlo desde el amor, desde lo profundo; creo que de ahí puedes sacar muchas cosas que te inspiren”.
Han pasado varios años desde aquel descubrimiento. Cuando Esquire México se encuentra con Carlos Said para esta sesión fotográfica, el escenario parece guardar una curiosa relación con aquella infancia que acaba de recordar. Una antigua residencia sobre Paseo de la Reforma recibe al equipo con habitaciones amplias, tapices, techos altos y una atmósfera que evoca la estética “melodramática” de aquellas producciones que durante décadas definieron el imagina rio de la televisión mexicana.
Hay algo en esos espacios que recuerda a los grandes relatos que marcaron a toda una generación. Sin embargo, las habitaciones permanecen vacías. No hay gran utilería, no hay una escena escrita ni un personaje esperando entrar a cuadro. Sólo un actor y la posibilidad de habitar el espacio.
Carlos comienza a recorrer la casa con absoluta naturalidad. En una habitación ríe; en otra levanta la voz, cambia la postura, juega con el movimiento, prueba un gesto distinto, una mirada diferente. Cada cambio de vestuario parece traer consigo una personalidad nueva. Durante unos minutos deja de existir una única versión de sí mismo y aparecen todas las posibilidades que un actor lleva dentro.
Quizás esa sea la mejor manera de entender su historia. El niño que alguna vez convirtió una cámara de video y el cuarto de su casa en un set improvisado, hoy llena habitaciones enteras únicamente con su presencia. Lo que cambió fue el escenario.
Convertir una pasión en una profesión
Vivir de lo que te apasiona implica aceptar que el talento, por sí solo, nunca es suficiente, este suele ser el momento en que la imaginación se enfrenta por primera vez con la disciplina. Para el actor mexicano, el camino comenzó en el Centro de Educación Artística (CEA) de Televisa, donde aquella curiosidad por interpretar personajes encontró una estructura, un método y la posibilidad de convertirse en un proyecto de vida. Después llegarían sus primeras oportunidades frente a las cámaras y una carrera que, con el paso de los años, lo llevaría a participar en producciones como Me declaro culpable, Like, la leyenda (2018), Si nos dejan (2021), Mi camino es amarte (2022-2023), Golpe de suerte (2023 2024), y, más recientemente, Juegos de amor y poder (2025), consolidándose como uno de los rostros de una nueva generación de acto res de la televisión mexicana.
Pero, incluso cuando los proyectos comenzaron a multiplicarse, Carlos nunca en tendió su carrera como una sucesión de personajes. Habla de ella como un proceso de construcción, uno que exige paciencia y la capacidad de reconocer que cada etapa tiene su propio ritmo.
“Considero que cuando uno persevera, alcanza, pero eso no quiere decir que sea rápido. Vas escogiendo proyectos padres y la vida, y Dios, te los van poniendo en tu camino. Puedes hacer tu mayor esfuerzo para que cada proyecto sea mejor”.
Esa manera de mirar el oficio también ha cambiado con el tiempo. Si al principio aceptar cada oportunidad parecía parte natural del aprendizaje, hoy la elección responde a una lógica distinta. Después de varios años de carrera, reconoce que la experiencia también consiste en aprender a decir que no. “Ya no es lo mismo a tu primer proyecto, cuando puedes agarrar cualquier cosa para seguir escalando, cuando vas subiendo. También creo que ahora es concientizar en no trabajar por trabajar. Gracias a Dios estoy en la posición de no hacerlo así, sino poder entregarle a mi público algo que me inspire a mí para poder hacer que los inspire a ellos”.
Esa decisión también está atravesada por una transformación personal. Recién casado y convertido en padre, el tiempo fuera del set adquirió un valor distinto. El trabajo sigue ocupando un lugar central en su vida, pero ya no define por completo la manera en que entiende el éxito.
“También se trata de priorizar, de disfrutar el tiempo en familia. Ahorita que estoy casado, recién casado, con mi hijo, creo que esa es mi prioridad número uno. Sin embargo, si viene algo que me entusiasme y que me llene los ojos al leerlo, pues lo voy a hacer”.
En una industria acostumbrada a medir las carreras por la velocidad con la que llegan los protagónicos, parece seguir una lógica diferente. Prefiere hablar de permanencia antes que de inmediatez, de construir antes que de acumular, de esperar el proyecto correcto antes que aceptar el siguiente. Después de varios años frente a las cámaras, Carlos descubrió que interpretar un personaje no consiste únicamente en entender un guion, sino en comprender a la persona que existe detrás de él.
Quizá por eso, cuando recuerda los proyectos que más lo han transformado, no habla del tamaño del papel ni del tiempo que permaneció en pan talla, sino del reto que representaron. Ese desafío encontró su mayor expresión en Guillermo Solís, el personaje que interpretó en Juegos de amor y poder (2025). Acostumbrado a dar vida a hombres con conflictos distintos, enfrentarse a alguien emocionalmente tan complejo exigió un proceso que marcó un antes y un después en su manera de ver la actuación.
“Siempre había interpretado personajes con cierta dificultad, pero interpretar a un psicótico, con sus preferencias sexuales oprimidas, siendo la oveja negra de la familia, eran muchas cargas las que tenía este personaje. Sí fue un reto completamente”. La preparación comenzó incluso antes de que iniciaran las grabaciones.
“Fueron dos meses antes de empezar a grabar. Me encerré en mi cuarto, pegué hojas por todas las paredes, me volví un psicópata, que era lo que era el personaje. Ahí te das cuenta de la magia de la actuación. Llegó un momento donde ya las palabras ni siquiera las controlas; simplemente yo era el personaje”.
Mientras habla de ese proceso resulta inevitable pensar en otra conversación que surgió durante la sesión fotográfica. Fuera de la entrevista formal, Carlos confiesa que desde hace años colecciona figuras y objetos relacionados con Batman, cuando le pedimos elegir entre el héroe de Gotham y James Bond para una dinámica de Esquire México, sonríe antes de responder que es una de las decisiones más difíciles que podría tomar.
Batman ocupa un lugar especial por la fascinación que siente desde niño por el universo creado por DC. James Bond, en cambio, representa otra clase de vínculo: el de las películas que veía junto a su padre y su abuelo. Dos personajes completamente distintos, pero unidos por una misma característica: ambos viven detrás de una identidad cuidadosamente construida. Tal vez por eso, cuando habla de Batman o James Bond, en realidad nunca está hablando de superhéroes o espías. Lo está haciendo de personajes capaces de desaparecer detrás de otra identidad. Y eso, al final, es exactamente lo que más disfruta realizar.
Una nueva era para la actuación
Durante décadas, la televisión construyó una distancia casi inquebrantable entre los actores y el público. Las historias terminaban cuando aparecían los créditos y la siguiente oportunidad para volver a encontrarlos llegaba hasta el próximo capítulo o la siguiente entrevista. Hoy esa relación cambió por completo, ya que con las redes sociales y el mundo digital, la conversación continúa todos los días, el storytelling sigue su cauce por todas las plataformas y la acción en pantalla ya no termina cuando aparecen los créditos y se apaga la televisión.
El también actor de Como tú no hay dos (2020), entiende que formar parte de una nueva generación de actores también implica aprender a habitar ese espacio. Las redes sociales dejaron de ser únicamente una herramienta de promoción para convertirse en una extensión de la profesión, una manera de mostrar aquello que ocurre cuando el vestuario queda colgado, se apagan las luces y el personaje desaparece.
“Creo que también es importante el dedicarte tiempo, buscar cosas bonitas que subir a redes sociales, que sean orgánicas, que le gusten a la gente, como mi día a día o qué voy a hacer, o mi familia de viaje, es algo que tienes que hacer para mantenerte siempre vigente. Al final somos personas que entre tienen al público; eso fue lo que escogimos”.
Esa cercanía complementa el trabajo frente a las cámaras, Carlos disfruta compartir momentos de su vida cotidiana y escuchar a quienes siguen su carrera, pero la conversación siempre termina regresando al mismo lugar: las historias.
“Creo que escuchar a tu público también es muy bonito, porque a lo mejor tú traes una idea de algo y no. Tener cerca a la gente también hace que te conozcan de otra manera”. Quizá por eso, cuando se le pregunta cuál es la habilidad más importante para un actor de su generación, la respuesta llega sin rodeos: “Paciencia”. No habla de seguidores, algoritmos o tendencias. Tampoco menciona premios o reconocimientos. Habla del tiempo, el mismo que necesitó para descubrir su vocación, para encontrar los personajes adecuados y para entender que una carrera no se construye de un día para otro.
Cuando imagina cómo le gustaría ser recordado dentro de 20 años, tampoco piensa primero en los papeles que interpretó, sino en las personas que pudo inspirar. “Con que sea un ejemplo para alguien. Que una persona diga: ‘Hizo lo que quiso y logró muchísimas cosas que tenía en mente’. Que me recuerden como una buena persona, que no se dejaba que no era borrego o iba siempre con la corriente, que seguía la filosofía de no quedarse callado y hacer lo que te dicta el corazón y tu mente... y como un buen actor, alguien que hace reír, que hace llorar y que hace que la gente vaya a ver mis proyectos”.
Quizá esa sea la mejor manera de entender el momento que vive Said hoy, mientras la industria sigue transformándose y las pan tallas continúan cambiando de formato, él mantiene intacta la misma curiosidad que comenzó frente al televisor de su casa cuan do era pequeño. La diferencia es que hoy ya no imagina personajes únicamente para sí mismo, hoy tiene la oportunidad de compartirlos con millones de personas, sin perder la curiosidad con la que todo comenzó frente al televisor de su casa.
Créditos
Entrevista: ALEJANDRA CASTILLO.
Fotografía: KHRISTIO. TODAS LAS FOTOGRAFÍAS FUERON TOMADAS CON IPHONE 17 PRO. #SHOTONIPHONE.
Casa productora: GOBE STUDIO.
GMC PR Expert: MAURICIO BORBÓN.
Director creativo: GUSTAVO GARCÍA-VILLA.
Producción: MÓNICA VILLALOBOS Y ALAN GÓMEZ.
Digitech: JUAN AZPIRI.
Staff: MARCO ESTRADA.
Grooming: PAULO ROMÁN.
Styling: POL MORENO.
Asistente de Styling: EMMANUEL CATARINA