La grandeza de la obra de Homero no reside únicamente en sus monstruos, héroes o batallas épicas. Su verdadero valor está en mostrar que los mayores obstáculos casi nunca aparecen en el mundo exterior, sino dentro de nosotros mismos.
La producción se instaló en una de las zonas más aisladas de Islandia, donde las bajas temperaturas, el viento y las condiciones cambiantes representaron un enorme desafío para el equipo.