El Año Nuevo chino no es un espectáculo turístico ni una excusa para celebrar, es una filosofía en acción para limpiar el pasado, proteger el presente y atraer el futuro.
Este 2 de febrero, no importa si te tocó el muñeco, si compras los tamales o si solo llegas con hambre. Lo importante es entender que esta tradición se sostiene porque todavía nos reúne.