Entré a la conversación con Tom Cruise y Alejandro González Iñárritu sabiendo que Digger era el motivo de su encuentro, pero pronto quedó claro que la película era apenas el punto de partida. Lo que ocurrió en Ciudad de México fue una especie de recorrido por casi una década de trabajo: una historia que comenzó a escribirse en 2017, que nació de una preocupación ambiental y que terminó encontrándose con una realidad que, según el propio director, avanzó más rápido que la ficción.
Digger marca la primera colaboración cinematográfica entre Cruise e Iñárritu. Durante los días 25 y 26 de septiembre, ambos estuvieron en México como parte de la gira internacional de promoción. El viernes, Cruise incluso tuvo un encuentro con seguidores en Parque Toreo, donde firmó autógrafos y se tomó fotografías.
Pero fue durante la charla con medios, moderada por Javier Ibarreche y con presencia de muchos medios (entre los que se encontraba Esquire México), donde comenzaron a aparecer los detalles más interesantes de Digger.
Todo comenzó con una lectura
Tom Cruise recordó que su primer acercamiento con la película ocurrió cuando Iñárritu le presentó directamente el material. Para el actor, escuchar al director explicar la historia fue fundamental para entender qué clase de personaje tenía delante.
“Nunca había leído algo así. Nunca había visto una película como esta”, recordó Cruise.
Entendí entonces que Digger Rockwell no era simplemente otro personaje dentro de su filmografía. El actor tenía que encontrar una voz, una personalidad y un ritmo que permitieran moverse constantemente entre la comedia, el drama y el absurdo.
Cruise explicó que uno de los mayores desafíos consistió precisamente en encontrar la manera de hablar de Digger. No era solamente cuestión de construir un acento. Había que descubrir una forma de expresión capaz de sostener las distintas capas del personaje.
Un monólogo llevó todo al límite
Uno de los momentos que más llamó mi atención durante la conversación fue cuando Cruise e Iñárritu hablaron de una escena de aproximadamente diez minutos construida alrededor de un monólogo.
La secuencia exigió precisión absoluta por parte del actor. No bastó con memorizar el texto. El actor tuvo que controlar simultáneamente el lenguaje, el movimiento corporal, las pausas y el ritmo mientras la escena mantenía su propia tensión.
Iñárritu habló del trabajo de Cruise como el resultado de un proceso en el que cada elemento tiene que estar perfectamente coordinado. “Los milagros nada más trabajan cuando los trabajas”, dijo el director. La frase resume bastante bien la filosofía detrás de la película. Lo que parece espontáneo en pantalla requiere una cantidad considerable de preparación.
Cruise también habló de otra característica del rodaje que parece haberlo impresionado: la construcción física de los escenarios. “Cada escenario, cada detalle, cada capa está ahí. Todo es práctico, hecho a mano”, señaló.
Mientras escuchaba al actor describir ese proceso, resultaba fácil imaginarlo observando el trabajo de los distintos departamentos antes de volver a ponerse frente a la cámara. Según explicó, en algunos momentos prefería detenerse unos segundos para mirar cómo cada elemento terminaba formando parte de una misma escena.
Digger nació del cambio climático
La historia tiene como protagonista a Digger Rockwell, un magnate petrolero que intenta convencer al mundo de que puede convertirse en el hombre capaz de solucionar una catástrofe ambiental que, en buena medida, él mismo provocó.
La premisa podría parecer exagerada. Sin embargo, Iñárritu explicó que el origen de la película está precisamente en observar cómo algunas situaciones que antes parecían absurdas comenzaron a adquirir una dimensión mucho más real.
La idea apareció durante la etapa final de El renacido, estrenada en 2015. Mientras trabajaba en aquella película, el director comprobó hasta qué punto una pequeña variación de temperatura podía modificar completamente las condiciones de una locación.
“Un solo grado de temperatura es la diferencia entre una locación que esperábamos que tuviese hielo, nieve, y que sea hielo o agua”, recordó.
A partir de aquella experiencia comenzó a desarrollar la historia junto con Sabina Berman. Después llegaron otras observaciones relacionadas con el cambio climático, particularmente las transformaciones del Ártico y el interés comercial que comenzaba a despertar la apertura de nuevas rutas y posibilidades de explotación petrolera.
Ahí apareció una contradicción que terminaría convirtiéndose en el corazón de Digger: mientras el planeta cambia, alguien puede observar esa transformación y encontrar en ella una oportunidad de negocio.
La realidad empezó a superar la ficción
Cuando Iñárritu comenzó a escribir la película en 2017, algunos de los escenarios que imaginaba todavía pertenecían claramente al territorio de la ficción.
Con el paso del tiempo, esa distancia comenzó a desaparecer: “La realidad empezó a rebasarnos”, afirmó.
Me parece que esa es una de las claves para entender el tono de Digger. La película no intenta construir un futuro completamente imaginario, sino observar una serie de contradicciones que ya forman parte de nuestro presente.
Iñárritu explicó que llegó un momento en el que resultaba difícil imaginar acontecimientos suficientemente extremos como para adelantarse a lo que estaba ocurriendo en el mundo.
“No había manera de contar una historia donde la realidad se está moviendo más rápido que cualquier ficción que podríamos inventar”, señaló.
Por eso, el director decidió alejarse de una lectura política demasiado específica. En lugar de construir una película acusatoria, prefirió observar a la humanidad y la manera en que construimos relatos para explicar nuestras propias contradicciones.
El absurdo también puede hablar de la realidad
La película parte de problemas serios, pero no pretende abordarlos desde un tono solemne. Ahí aparece una de las decisiones más particulares de Iñárritu.
“Creo que Digger tiene el tono de lo que vivimos”, afirmó. “Son temas muy serios que ya estamos viendo de una manera satírica, absurda”.
La combinación resulta fundamental para comprender la película. El desastre ambiental, el poder económico y la relación de la humanidad con el planeta podrían haber dado lugar a un drama convencional. Iñárritu eligió otro camino.
Digger Rockwell es, en ese sentido, un personaje construido alrededor de la contradicción. Es un hombre que participa de un problema y al mismo tiempo intenta convertirse en la solución. Su manera de enfrentarse a la realidad permite que la película se mueva entre la sátira, la comedia y el desastre.
Y ahí es donde Cruise encuentra un personaje muy distinto a los que ha interpretado anteriormente.
Cruise tuvo que encontrar otra voz
Para el actor, interpretar a Digger significó trabajar con diferentes niveles de comportamiento. El desafío no estaba solamente en la apariencia o en el acento, sino en construir una personalidad capaz de sostener los cambios de tono de la historia.
El personaje necesita ser convincente incluso cuando las situaciones alrededor comienzan a adquirir dimensiones absurdas.
La escena del monólogo llevó ese trabajo a uno de sus puntos más exigentes. Iñárritu destacó la capacidad de Cruise para controlar al mismo tiempo la palabra, el cuerpo, la mirada, los movimientos y el ritmo.
Durante la conversación pensé que ahí estaba quizá la mayor dificultad de Digger: conseguir que una película con elementos deliberadamente exagerados conserve una lógica interna. La respuesta parece estar en la precisión.
El equipo también construyó la película
La colaboración entre Cruise e Iñárritu no ocurre de manera aislada. Digger reúne también a Sandra Hüller, Riz Ahmed, John Goodman, Jesse Plemons y Michael Stuhlbarg.
La fotografía corre a cargo del mexicano Emmanuel Lubezki, colaborador habitual de Iñárritu y responsable de la cinematografía de Birdman y El renacido.
Ese equipo ayuda a explicar la escala del proyecto, pero también su apuesta visual. La película busca que los espacios, los objetos y los detalles tengan una presencia concreta.
Cruise insistió precisamente en ese aspecto durante la conversación. Para él, observar cómo los distintos departamentos construían físicamente cada escena fue parte importante de la experiencia.
No se trataba únicamente de llegar a un escenario y comenzar a actuar. Había una construcción previa que terminaba afectando la manera en que los intérpretes habitaban ese mundo.
Iñárritu y Cruise dejaron una pregunta abierta
Al final de la charla apareció una cuestión inevitable: qué debería llevarse el público después de ver Digger.
Cruise no quiso imponer una respuesta.
“Quiero que el público tenga su propia experiencia”, afirmó.
Después de escuchar durante 20 minutos a ambos hablar sobre el origen de la película, la frase me pareció coherente con todo lo anterior. Iñárritu explicó de dónde surgió la historia, Cruise habló de las dificultades de construir a Digger y ambos describieron un proceso que tomó años, pero ninguno quiso cerrar la interpretación.
Quizá porque Digger está construida precisamente sobre contradicciones que no tienen una respuesta sencilla.
Un magnate petrolero quiere convertirse en salvador. Una catástrofe puede transformarse en una oportunidad de negocio. La realidad puede resultar más absurda que cualquier ficción. Y una historia que comenzó a escribirse en 2017 terminó encontrando un presente que, según su director, ya había comenzado a superar sus propias ideas.
Después de la conversación, me quedó la impresión de que esa es la verdadera apuesta de Digger: no decirle al espectador qué pensar, sino colocarlo frente a una realidad suficientemente extraña como para que la sátira deje de parecer exagerada.
La película llegará a las salas mexicanas el 1 de octubre.