Emilio Osorio prácticamente ha crecido frente al público. Entró a un set cuando todavía era un niño y, desde entonces, su vida ha transcurrido entre personajes, estudios de grabación, escenarios y una exposición que lo obligó a entender muy pronto tanto las exigencias de la industria como la importancia de conservar una identidad propia.
A los 23 años, esa búsqueda parece ocupar un lugar distinto. Ya no se trata únicamente de sumar proyectos, sino de elegir qué quiere contar y desde dónde hacerlo. En la actuación busca historias que lo reten, mientras que en la música encuentra el espacio para hablar desde sí mismo, procesar lo que siente y convertirlo en canciones. Su próximo álbum, de hecho, parte de una idea que también atraviesa esta conversación: aceptar la nostalgia, reconocer la sensibilidad y cuestionar aquella vieja noción de que la fortaleza masculina consiste en esconder las emociones.
Entre la disciplina que aprendió desde pequeño, el valor que concede a su familia y una ambición que todavía le dificulta poner límites al trabajo, Osorio atraviesa un momento de movimiento constante. Uno en el que crecer significa cambiar, pero también volver una y otra vez a ciertas convicciones.
ESQUIRE: Comenzaste a trabajar siendo muy joven y, de alguna manera, buena parte de tu crecimiento sucedió frente a una cámara. Cuando miras al Emilio que empezó siendo niño, ¿qué parte de él sigue intacta y qué has tenido que dejar atrás para convertirte en quien eres hoy?
EMILIO OSORIO: Creo que he tenido que dejar atrás muchas cosas. Cada tres años, o incluso cada año, uno se convierte en una persona completamente diferente. Creo que mi carrera también me obliga constantemente a estar aprendiendo, a mantenerme activo y a estar en movimiento; conlleva muchísima energía.
Trabajar con las emociones, que es parte fundamental de la actuación, hace que, si no tienes bien trabajadas tus emociones y tu conciencia, se te pueda ir la pinza. Y luego está la fama. También implica aprender a mantener los pies en la tierra, ser consciente y agradecido, recordar que el amor y la familia son lo más importante.
Entonces, más bien, creo que lo más difícil es conservar tus valores y reafirmarlos todo el tiempo. Cuando veo al niño que fui, siento que convivo mucho con él a diario, porque me recuerda que no hay que tomarse las cosas tan en serio y que hay que conservar los valores que tenía ese niño
ESQ:Creciste rodeado de personas que conocen muy bien esta industria. ¿Cuál dirías que ha sido la enseñanza más valiosa que recibiste sobre cómo construir y sostener una carrera a largo plazo?
EO:Pues yo creo que, más que una enseñanza específica sobre la carrera, desde que empecé a acercarme a esta industria lo hice desde el amor y también desde el juego.
La primera vez que me pusieron en un set fue gracias a mi papá, y recuerdo que fue muy demandante conmigo desde el principio. No diría que me puso trabas, pero sí fue muy exigente. En mi primera escena, de pronto ya tenía un micrófono, un chícharo, y yo no sabía ni qué onda. Tenía siete u ocho años y estaba tratando de entender todo. Él me decía: “Tienes que hacer esto, tienes que hacer esto otro, ¿te aprendiste el guión?”, y me había dado el guión apenas un día antes.
Entonces, creo que desde muy pequeño aprendí lo que significa estar bajo presión y la responsabilidad que implica este trabajo. Me enseñó a responder ante las exigencias de un set y a entender que, aunque estés jugando, también hay una responsabilidad y un compromiso detrás.
Y mi mamá, por otro lado, me enseñó el amor a la libertad, pero sobre todo el amor a uno mismo y la lealtad a quien eres.
Creo que esas dos enseñanzas han sido fundamentales para mí. Y a partir de ahí, aprender de todas las personas con las que he trabajado se ha convertido en una constante a lo largo de mi carrera.
ESQ:Después de tantos años trabajando, ¿Qué tiene que tener hoy una historia para que sientas que realmente vale la pena contarla?
EO:Pues yo siento que, cuando estás en la etapa de buscar proyectos, primero que nada hay que valorar que te den la oportunidad, porque no es fácil llegar a esa etapa de la actuación. Hay un periodo muy largo en el que solamente haces castings; no te ofrecen historias, te ofrecen castings. Entonces haces castings porque tienes que chambear, muchas veces más por necesidad.
Pero cuando llega el punto en el que puedes elegir qué historia quieres contar, creo que la decisión va mucho más allá de pensar si el proyecto va a funcionar o no, o incluso de los retos personales que pueda implicar.
Lo que más me interesa es que una historia represente un reto para mí, que me permita crecer, aprender y descubrir algo nuevo. Y, sobre todo, que me permita mantener esa felicidad de seguir haciendo lo que me gusta.
ESQ: Has podido moverte entre la actuación y la música durante buena parte de tu carrera. Si tuvieras que explicar qué encuentras en la música que no encuentras frente a una cámara, ¿qué sería?
EO:Pues creo que los proyectos son diferentes; no diría que uno es mejor que el otro. En la actuación, los proyectos llegan a ti y el reto está en adaptarte a ellos, en encontrar la manera de habitar cada historia y cada personaje.
En la música, en cambio, el reto está en reencontrarte contigo mismo y expresar lo que tienes en ese momento en el corazón. Entonces creo que son retos diferentes, pero los dos son los amores de mi vida.
ESQ: Hablando de la música, ¿qué cosas, personas o versiones de ti mismo son las que te inspiran a crearla? ¿Cómo ha sido tu proceso creativo?
EO: Seguir en la música creo que me inspira principalmente el público, mi equipo y mi familia. Pero seguir escribiendo… es que para mí escribir es una terapia.
Creo que, si no me hubiera dedicado a la música, escribiría de alguna otra forma, porque me gusta muchísimo. Siento que es la manera en la que mi cabeza encuentra más fácil expresarse y, de alguna manera, también terapearse.
De hecho, por eso empecé a escribir. Mi primera canción la escribí a los 13 años. Tenía una novia que se fue a vivir a Canadá y, obviamente, por la distancia tuvimos que terminar. Fue una decisión que tomamos juntos, pero yo no encontraba una canción para dedicarle que expresara lo que yo quería decirle: que no se preocupara, que yo estaba terminando la relación por los dos. Y no desde un lugar malo, sino desde entender que, en ese momento, ninguno de los dos quería terminar. Cuando eres tan joven, no te atreves a tomar una decisión así, y yo fui quien decidió hacerlo. En ese momento sentí que era como cargarme la culpa al hombro para que, eventualmente, los dos pudiéramos estar bien. A ella también le dolió muchísimo. Fue muy duro, la verdad. Pero de ahí salió mi primera canción y, de alguna manera, descubrí que escribir era una forma de entender y sacar todo lo que llevaba dentro.
ESQ: Has vivido gran parte de tu adolescencia y juventud bajo cierta exposición pública. ¿Cómo has aprendido a distinguir entre la persona que los demás creen conocer y la que realmente eres cuando se apagan las cámaras?
EO: Creo que no hay mucha diferencia. La verdad intento mantener la misma filosofía de vida y de amor, porque uno siempre está rodeado de las personas que te acompañan, y para mí la familia es muy importante.
Pero vivir bajo esta exposición pública también te enseña a cuidar muchas veces lo que dices o compartes. Al menos a mí me ha enseñado a hacerlo. Por eso cuido mucho mi parte amorosa e íntima, y también mi vida familiar.
Trato de proyectar una imagen positiva, sí, pero mucho de lo que comparto viene justamente de lo que vivo con mi equipo y con mi familia. Entonces, en esencia, no creo que haya mucha diferencia: intento que lo que soy públicamente esté alineado con quien soy en privado.
ESQ: Conforme uno crece también cambia la manera en la que entiende la fortaleza. ¿Qué significa para ti ser un hombre fuerte hoy?
EO: Eso es muy interesante porque justamente de eso trata mi próximo disco. Habla de ser un hombre sensible, de aceptar la nostalgia y de aprender a sobrellevar las emociones fuertes que vienen con ella de una manera amorosa.
Entonces sí, creo que es difícil. Y más porque, al menos en México, crecimos bajo el estigma de lo típico y lo trillado: que los hombres no lloran y que tenemos que ser fuertes todo el tiempo.
Creo que, aunque ya estamos en otra generación y muchas de esas ideas están cambiando, todavía queda mucho por trabajar. Y no solamente se trata de llorar, sino de ser conscientes de que somos sensibles, de permitirnos sentir y de entender que nuestra sensibilidad también es una parte importante de quienes somos.
ESQ: En una industria donde siempre parece necesario estar haciendo algo nuevo, ¿que has aprendido sobre detenerte, poner límites y equilibrar una vida fuera de sets y estudios de grabación?
EO: Hasta ahorita no encuentro un buen límite para no trabajar, la neta. Creo que todavía estoy aprendiendo a poner límites, y estoy en esa etapa en todos los aspectos de mi vida. Pero también creo que, en este momento, el trabajo tiene un significado muy importante para mí. Tengo una meta muy clara y quiero llegar a ella junto con mi equipo y con todo mi crew. Entonces, la verdad es que todavía no sé muy bien cómo detenerme.
Supongo que parte de este momento de mi vida también consiste en aprender a encontrar ese equilibrio: entender cuándo hay que seguir empujando y cuándo también es necesario parar, respirar y disfrutar lo que ya se ha construido.
ESQ: Mirando hacia lo que viene, ¿qué proyectos son los que más te entusiasman en este momento y por qué?
EO:Mi disco, totalmente. Este disco, este álbum, estos sencillos… “Vestido Amarillo” me vuelve loco. Estoy muy emocionado con lo que viene y con todo lo que estamos construyendo alrededor de esta música.
ESQ: ¿Hay algún tipo de personaje, género o historia que todavía no hayas explorado y que tengas especialmente pendiente?
EO: Sí, un villano, definitivamente. Y mi próximo disco.
ESQ: Si esta etapa de tu vida fuera el comienzo de un nuevo capítulo y pudieras decidir completamente hacia dónde llevarlo, ¿qué versión de Emilio Osorio te gustaría que conociéramos en los próximos años?
EO: Me gustaría que conocieran al Emilio más nostálgico. Es el que mejor me cae.
Fotografía: Alejandro Salinas
Styling: Rodrigo Alcántara
Maquillaje y peinado: Gustavo Rodríguez