Antes de que comenzara el Mundial de 2026, una de las preguntas más repetidas entre los aficionados mexicanos era si, por fin, la selección lograría dejar atrás la famosa “maldición del quinto partido”. Tras vencer 2-0 a Ecuador y avanzar a la siguiente ronda, muchos dan por hecho que el objetivo está cumplido. Sin embargo, el nuevo formato del torneo cambió las reglas del juego y la historia todavía no está escrita.
¿México ya rompió la maldición del quinto partido?
No del todo, al menos no en el sentido histórico que durante décadas acompañó al futbol mexicano. Es cierto que el Tri disputará un quinto encuentro en esta Copa del Mundo, algo que no ocurría desde México 1986. Pero esa cifra, por sí sola, ya no significa lo mismo que antes.
La expansión del Mundial de 32 a 48 selecciones agregó una ronda extra de eliminación directa. Eso significa que el quinto partido ya no corresponde a los cuartos de final, sino a los octavos. En otras palabras, México todavía debe superar la barrera que durante tantos años lo dejó fuera de la pelea por los primeros lugares.
El nuevo formato cambió la historia
Durante siete Mundiales consecutivos, desde Estados Unidos 1994 hasta Rusia 2018, la selección mexicana avanzó a los octavos de final, pero siempre fue eliminada en esa instancia. Esa cadena de derrotas convirtió al llamado “quinto partido” en una auténtica obsesión para jugadores, entrenadores y aficionados.
La excepción llegó en Qatar 2022, cuando el equipo ni siquiera logró superar la fase de grupos, un fracaso que obligó a replantear el rumbo de la selección.
Ahora, el escenario es diferente. México ya ganó cuatro encuentros: tres en la fase de grupos y uno más en los dieciseisavos de final. Sin embargo, el verdadero examen llegará apenas en la siguiente ronda.
El Estadio Azteca volvió a ser protagonista
La victoria sobre Ecuador tuvo un fuerte componente simbólico. El escenario fue nuevamente el Estadio Azteca (Ciudad de México para este torneo), donde México escribió algunos de los capítulos más importantes de su historia mundialista.
Los goles de Julián Quiñones y Raúl Jiménez desataron la ilusión de una afición que volvió a llenar las tribunas con un cántico que se ha convertido en el lema de este Mundial: "¿Y si sí?”.
La frase resume el optimismo que rodea al equipo dirigido por Javier Aguirre. Después de años de frustraciones, muchos creen que jugar como anfitrión puede marcar la diferencia.
¿Por qué todos recuerdan 1986?
La última vez que México alcanzó los cuartos de final fue precisamente en el Mundial de 1986, cuando organizó el torneo en solitario.
En aquella edición, el Tri derrotó a Bulgaria en los octavos de final, también en el Estadio Azteca y también con una diferencia de dos goles. Después llegó el desafío más complicado: enfrentar a Alemania Occidental, que terminó eliminando al conjunto mexicano antes de avanzar hasta la final.
Ese sigue siendo el último antecedente de una selección mexicana instalada entre las ocho mejores del mundo.
La verdadera prueba todavía está por llegar
Aunque las estadísticas ya muestran una actuación sobresaliente, con cuatro victorias consecutivas y paso perfecto en la fase de grupos, el objetivo histórico permanece intacto.
El próximo compromiso será el que realmente determine si México consiguió dejar atrás décadas de frustración. Su rival saldrá del duelo entre Inglaterra y República Democrática del Congo, un partido que definirá quién intentará frenar el impulso del conjunto mexicano.
Será ese encuentro, correspondiente a los octavos de final, el que decidirá si el Tri finalmente rompe la barrera que ha perseguido durante más de tres décadas.
La ilusión está más viva que nunca
Más allá del debate sobre si la “maldición del quinto partido” ya terminó o simplemente cambió de nombre, lo cierto es que México atraviesa uno de sus mejores momentos en una Copa del Mundo reciente.
El equipo ha mostrado solidez, eficacia y una conexión especial con su afición. Además, el ambiente de jugar en casa ha vuelto a convertirse en un factor que alimenta la esperanza de millones de seguidores.
Por ahora, la historia sigue abierta. México ya dio un paso importante, pero el capítulo que realmente puede cambiar su legado aún está por escribirse. El próximo partido será mucho más que otro encuentro de eliminación directa: será la oportunidad de demostrar que esta generación puede conseguir lo que tantas otras estuvieron cerca de alcanzar y nunca lograron.