El Gran Premio de México está por comenzar y, del 31 de octubre al 2 de noviembre, los mejores pilotos del mundo volverán a competir en el Autódromo Hermanos Rodríguez. Habrá velocidad, adelantamientos, motores al límite y una de las imágenes más reconocibles del automovilismo: los ganadores rociándose champán en el podio.
Pero ¿alguna vez te has preguntado de dónde viene esta costumbre? Aunque hoy parece una parte inseparable de la Fórmula 1, la tradición tiene más de siete décadas de historia y comenzó como una estrategia comercial que terminó convertida en una auténtica celebración.
Todo comenzó en Francia
La historia se remonta al 2 de julio de 1950, cuando la Fórmula 1 llegó al circuito de Reims-Gueux para disputar el sexto Gran Premio de su primera temporada. El argentino Juan Manuel Fangio consiguió la victoria, seguido por el italiano Luigi Fagioli y el británico Peter Whitehead.
En aquella ocasión, el ganador recibió una botella de champán para celebrar su triunfo. La iniciativa había surgido de Paul Chandon Moët y Frédéric Chandon de Brailles, dos productores de la región de Champaña y aficionados al automovilismo que encontraron en las carreras una oportunidad para promocionar su bebida.
La estrategia funcionó. Lo que comenzó como un obsequio para el vencedor terminó convirtiéndose en una tradición que se extendió por los principales campeonatos del deporte motor.
Dan Gurney cambió todo
Durante los primeros años, los pilotos se comportaban con bastante formalidad. Recibían sus botellas, brindaban y disfrutaban de la bebida como parte de la ceremonia. Sin embargo, en 1967 ocurrió algo que modificó para siempre la historia de esta celebración.
El 11 de junio de ese año, el estadounidense Dan Gurney ganó las 24 Horas de Le Mans junto a A.J. Foyt. Al subir al podio, decidió agitar su botella de champán y liberar el contenido sobre los presentes. El resultado fue una lluvia de burbujas que sorprendió a todos y dejó una imagen memorable.
Gurney no inventó el champán en el podio, pero sí popularizó la costumbre de rociarlo como parte de la celebración. Desde entonces, las botellas dejaron de ser simples accesorios para brindar y se convirtieron en protagonistas del festejo.
No siempre fue champán
La tradición también ha tenido algunas excepciones. Durante ciertos podios, el champán fue sustituido por otras bebidas debido a acuerdos comerciales o restricciones locales.
El canadiense Gilles Villeneuve, por ejemplo, llegó a utilizar cerveza en lugar de champán como parte de sus compromisos publicitarios con una marca de su país. Una alternativa que seguramente no molestó demasiado a los aficionados.
En otros lugares, como Bahréin y Abu Dabi, las restricciones religiosas impiden servir bebidas alcohólicas durante las celebraciones oficiales. Por esa razón, los pilotos utilizan bebidas espumosas sin alcohol elaboradas con frutas.
Una tradición millonaria
Las marcas también han aprovechado el podio para convertir esta costumbre en un escaparate publicitario. Moët & Chandon estuvo vinculada durante décadas con la Fórmula 1, mientras que Champagne Carbon asumió el papel de proveedor oficial en 2017, con botellas Jeroboam cuyo precio rondaba los 3,000 dólares.
Así, una iniciativa comercial nacida en Francia terminó convertida en uno de los rituales más reconocibles del deporte mundial.