Durante años nos acostumbramos a la idea de encontrar una fragancia personal. Ese perfume que compras una y otra vez y que eventualmente hace que tus amigos puedan reconocer tu llegada antes de verte.
Tener una firma olfativa tiene algo atractivo. El problema es que tampoco utilizamos la misma ropa para absolutamente todo.
Un perfume intenso que funciona perfectamente durante una cena en diciembre puede resultar demasiado pesado a las once de la mañana en una oficina durante mayo. De la misma manera, una fragancia ligera y cítrica que funciona increíble en vacaciones puede quedarse corta durante una cena formal.
Por eso tiene sentido empezar a pensar en los perfumes como una parte más del guardarropa.
Empieza con uno versátil
Antes de construir una colección necesitas una fragancia capaz de resolver gran parte de tu vida diaria.
Algo que puedas llevar al trabajo, una comida, un viaje o una cita casual sin sentir que elegiste el perfume equivocado.
Los aromas frescos, amaderados y aromáticos suelen funcionar bien porque pueden adaptarse a distintas situaciones sin dominar una habitación.
Eso sí, nunca compres una fragancia basándote únicamente en cómo huele sobre una tira de papel. Pruébala sobre la piel y deja que pasen varias horas.
La primera impresión solamente te cuenta una parte de la historia.
La oficina necesita discreción
En el trabajo, probablemente la mejor regla sea bastante sencilla: nadie debería detectar tu perfume desde el otro lado de la sala.
Los aromas demasiado dulces, densos o intensos pueden resultar perfectos durante la noche y completamente agotadores durante una junta larga.
Para oficina suelen funcionar mejor fragancias limpias, cítricas, ligeramente amaderadas o con notas verdes.
El objetivo es oler bien cuando alguien está cerca. No anunciar tu llegada desde el elevador.
La noche permite algo más interesante
Una cena, una cita o salir de noche permiten subir un poco la intensidad.
Cuero, tabaco, vainilla, ámbar, especias y maderas más oscuras pueden funcionar especialmente bien cuando baja la temperatura y el ambiente es más formal.
Eso no significa que necesites utilizar media botella.
Una fragancia interesante debería invitar a alguien a acercarse, no obligar a todos alrededor a conocerla.
El clima cambia muchísimo un perfume
La temperatura afecta cómo una fragancia se comporta sobre la piel. En calor, los perfumes densos pueden proyectarse mucho más y terminar resultando pesados.
Por eso durante primavera y verano funcionan especialmente bien los perfiles frescos, verdes, cítricos o acuáticos.
En meses fríos existe más espacio para aromas intensos y cálidos.
No es una regla absoluta. Si te encanta un perfume con vainilla puedes utilizarlo cuando quieras. Simplemente conviene entender que quizá necesites ajustar cuánto aplicas.
Entonces, ¿cuántos perfumes necesitas?
Para empezar, probablemente dos sean suficientes.
Uno versátil para el día y otro con más personalidad para salir de noche.
Después puedes agregar una opción especialmente fresca para calor o vacaciones y otra más cálida para los meses fríos.
Con tres o cuatro fragancias bien elegidas puedes cubrir prácticamente cualquier situación sin convertir tu baño en una perfumería. La clave es que cada botella tenga una razón para estar ahí.
Comprar cinco perfumes que hacen prácticamente lo mismo solamente porque te gustaron durante cinco minutos termina siendo una forma bastante cara de acumular vidrio.
Por eso las muestras son probablemente la mejor herramienta antes de comprar una botella completa. Utiliza una fragancia durante varios días, prueba cómo cambia después de unas horas y descubre si realmente quieres seguir oliéndola después de una semana.
Puedes seguir teniendo un perfume favorito. Tener varias opciones no elimina la posibilidad de una firma personal.
Simplemente significa entender que oler bien también depende del momento. Después de todo, tampoco utilizarías el mismo par de zapatos para ir al gimnasio, trabajar y asistir a una boda. Con las fragancias no tendría por qué ser diferente.