Hubo una época en que viajar bien vestido era el único boleto permitido hacia el buen gusto. ¿Saco y corbata para un vuelo de diez horas? Sí, antes se hacía así, era una declaración de estilo donde el guardarropa se seleccionaba con disciplina quirúrgica.
Hackett Nº14 Savile Row toma esa nostalgia y la traduce en su propuesta Autumn Winter 2026. El resultado es un guardarropa con menos rigidez, materiales de alta calidad y prendas capaces de cambiar de escenario sin perder compostura. Y el encargado de dar vida a esta narrativa es David Gandy.
El modelo británico se mueve entre el bullicio de Londres y la serenidad de Richmond Park con un aplomo absoluto, recordándonos que la ropa debe pertenecer al hombre, y no al revés. Aquí no hay teatralidad; hay una sofisticación pragmática diseñada para el presente.
La deconstrucción del código británico
La revolución silenciosa de esta colección empieza en las costuras. Los sacos van sin forro, las estructuras pierden peso y las proporciones se afinan. La clave está en la materia prima: el cashmere y las mezclas de alta calidad abrazan el cuerpo sin restarle precisión a la silueta. Es ropa pensada para sobrevivir a una junta matutina, abordar un vuelo y seguir funcionando cuando el plan cambia.
El armario se edifica por capas:
- Abrigos de sastrería: largos y con una caída impecable.
- Trench coats: de clara vocación viajera.
- Paleta cromática: blancos luminosos, azules chambray y verdes empolvados que encuentran su madurez con destellos de un profundo burgundy.
El diablo está en los detalles
Para la noche, Hackett Nº14 Savile Row recupera el saco blanco de un botón con cuello chal. La construcción limpia y la proporción actual le quitan solemnidad. Sigue siendo una pieza formal, aunque ahora resulta mucho más fácil imaginarla fuera de una ocasión estrictamente ceremonial.
La maestría de Savile Row se aprecia al mirar de cerca. Las mancuernillas juegan con la icónica forma de las tijeras de Hackett, aderezadas con madreperla, acabados sunray o baños de oro. Todo esto rematado por cinturones de gamuza y calcetines de algodón Sea Island. El resultado es un minimalismo sutil para el hombre contemporáneo.
Sin duda, Hackett lo ha vuelto a hacer: tomar los códigos británicos más puros y convertirlos en algo fácil de llevar.