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Los líderes, ¿nacen o se hacen?

Los líderes

Los líderes

En estos tiempos turbulentos, donde los yacimientos de las sociedades y organizaciones parecen estar resquebrajándose a raíz de la crisis económica y la convulsión social, la búsqueda de líderes se hace más necesaria que nunca.

Los ciudadanos de un país y empleados de organizaciones necesitan encontrar a alguien que los guíe y les haga ver que sí hay una luz al final de este túnel, hoy aparentemente sin salida.

El liderazgo es una cualidad que no todos los individuos llevan consigo y que muchos  pueden llegar a considerar un don preciado. Los líderes se caracterizan por persuadir a grandes audiencias a través de un discurso altamente influyente y potente, que suelen combinarlo con sus experiencias de vida para dotarlo de una mayor credibilidad.

Para ser un buen líder, se requiere poseer una serie de cualidades: facilidad de palabra, capacidad de entendimiento a los que le rodean y habilidad para enfrentarse a asuntos, preguntas y problemas importantes de la sociedad y de la época.

LA EVOLUCIÓN DEL LIDERAZGO

«En nuestra era, el personaje que mejor ejemplifica estos rasgos es Nelson Mandela; sin embargo, en otras sociedades y otros tiempos, estas percepciones podrían haber cambiado. Por ejemplo, Stalin fue un estratega brillante en hacerse y mantenerse en el poder a costa de secretismo, paranoia e incluso asesinatos, lo que no funcionaría, hoy en día, en una sociedad democrática», detalla Howard Gardner, catedrático de la Escuela Superior de Educación de la Universidad de Harvard, en EE. UU.

Esto deja en evidencia que el perfil de un líder cambia con el paso del tiempo. Es más, los seguidores, en la actualidad, cuentan con recursos tecnológicos, como la televisión y sitios en internet, como YouTube, que permiten criticar a los líderes de forma mucho más directa, cosa que no ocurría muchas décadas atrás.

Pero, ahora bien, todos nos preguntamos de dónde provienen esos rasgos del liderazgo. Por un lado, algunos expertos coinciden en que los líderes surgen de las circunstancias o son el producto de un largo entrenamiento. Otros sostienen que la genética influye, en parte, en este asunto también.

El hecho es que nadie nace siendo un líder, sino que se trata de una habilidad que se puede aprender. Sin embargo, la única característica del liderazgo que pueda estar probablemente relacionada con la genética radica en la cantidad de energía que una persona irradie.

«Cuando uno piensa en líderes poderosos, como Churchill, Theodore Roosevelt, Mao Zedong o Margaret Thatcher, es obvio que tenían una tremenda energía, pero todo lo demás tiene que ver con un entrenamiento, práctica, metas y circunstancias», señala Gardner.

SE NECESITA UN FUERTE DESEO POR SOBRESALIR

«La investigación nos dice que la personalidad está, en parte, genéticamente determinada. Sin embargo, cualquier persona puede aprender a ser líder. Simplemente, unos poseen unos rasgos de personalidad que hacen que les resulte más fácil que a otros», precisa Susana Domingo, directora regional del Centro para el Liderazgo Creativo (CCL, por sus siglas en inglés).

También cabe resaltar que no todas las personas que participan en programas para el desarrollo del liderazgo logran convertirse en verdaderos líderes, ya que primero necesitan estar dispuestos a aprender y a involucrarse en actividades que les permitan fortalecer las cualidades de liderazgo.

Además, se requiere ítener un fuerte deseo por sobresalir, la convicción de que se pueden aprender nuevas habilidades y destrezas, el compromiso personal de un aprendizaje continúo y una práctica deliberada», apunta James Kouzes, escritor, conferencista y catedrático de la Escuela de Negocios Leavey, de la Universidad de Santa Clara, California (EE. UU).

Para ser buenos líderes, también es necesario fomentar la credibilidad, autenticidad, autoconocimiento y la determinación para inspirar a otros, afrontar retos, buscar nueva oportunidades y guiar a las personas a través de un proceso de incertidumbre, dificultad, transición, recuperación, en fin, de cambios.

Sin embargo, el surgimiento de un líder depende de otros muchos factores, entre ellos algunos circunstanciales y otros relacionados con situaciones específicas. Por regla general, los líderes nacen cuando son aceptados como tales por otras personas, que adoptan el papel de seguidores.

«Los auténticos líderes son las personas más representativas dentro del grupo que lideran, y que traducen en sus comportamientos aquellas características que los demás consideran ideales», precisa Susana Domingo.

INTELIGENCIA EMOCIONAL

Entre este cúmulo de factores, no se debe dejar a un lado la función que desempeña la inteligencia emocional dentro del liderazgo social y corporativo. Los buenos líderes saben liderar a través de las personas, más que a través de las actividades o los hechos.

«Por lo tanto, los líderes que cuentan con una buena capacidad de relación personal, que pueden motivar e inspirar a los demás y que pueden reconocer, entender y gestionar sus propias emociones y las de los demás, tienen una ventaja considerable sobre los otros», resalta la especialista.

Otros expertos sostienen que la clave para un buen equipo de liderazgo radica en combinar las capacidades cognitivas con la inteligencia emocional y social. De hecho, han existido equipos de trabajo muy eficientes, en donde unas personas tienen un poder analítico mayor, y otras son mejores comunicándose o entendiendo las necesidades de la gente.

Como ejemplo, Howard Gardner cita el caso de «Ronald Reagan, que destacaba por su inteligencia emocional, pero confiaba en su gabinete y asesores para analizar ciertos temas. Lo mismo ocurre con Mark Zuckerberg, el fundador de Facebook: es notablemente deficiente en inteligencia social y emocional, pero ha sabido aliarse con un buen equipo liderado por Sheryl Sandberg y, hasta el momento, la combinación ha funcionado muy bien».

Una vez digeridas las cualidades necesarias para ser un buen líder, a muchos les surgirá la duda de por qué, en medio de tiempos de crisis, no ha surgido la figura de un líder que proponga ideas prometedoras, no sólo para recuperar la golpeada economía mundial, sino también para mejorar las relaciones internacionales.

Al preguntarles esto a los expertos, ellos sugieren que los líderes de hoy deben trabajar en recuperar la confianza y la credibilidad perdidas en medio de un clima de incertidumbre y en desarrollar una perspectiva a largo plazo, con miras a un mañana mucho mejor y hacer sentir a los seguidores como parte de esa fórmula.

«En tiempos de crisis e inseguridad, las fronteras dentro y afuera de las organizaciones son más evidentes. Los líderes tienen que cruzar más allá de estas fronteras y alinear toda la organización (o incluso un país) detrás de un objetivo y una dirección que les permitirá mejorar», concluye Domingo.

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