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Y así descubrí el prolactinoma

Esta es la breve historia de cómo descubrí que tenía prolactinoma a la edad de 30 años y cómo llevo casi tres años en tratamiento médico y emocional para superarlo.

Las enfermedades raras al parecer corren por mis venas y no es de extrañarse que además de tener varicocele -lee el artículo dando click aquí- un buen día descubriera que tenía prolactinoma que es básicamente un tumor en el cerebro que si llega a crecer puede convertirse en un problema.

Todo comenzó cuando al cumplir treinta años empece a notar unos pequeños barros en mi pecho y espalda, lo que me dio una señal de alerta, de adolescente jamás tuve un solo brote en mi rostro y mucho menos en mi cuerpo, así que al tener muchos barros comencé a sospechar que algo raro estaba pasando.

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En una platica con amigos comencé a discutir el tema y lo extraño que era tener barros -la importancia de comunicar nuestros problemas a los demás- y fue ahí cuando alguien sacó el comentario de que podría ser un desorden hormonal, que también el había padecido y que se resolvió con un simple análisis de sangre. De forma casi inmediata fui con mi médico general y me pidió unos análisis clínicos, en lo que esperaba los resultados me dio un tratamiento tópico que no resolvió mucho el problema de los barros en la espalda.

ASÍ LLEGÓ EL PROLACTINOMA

Una vez que tenía los estudios médicos en las manos y llegué de nuevo a la consulta general, la doctora descubrió que los niveles de prolactina -una hormona que no se produce tanto en los hombres y si en las mujeres que están lactando- estaban muy elevados, fue ahí cuando comenzó la sospecha de que tendría prolactinoma y que debía de consultar a un endocrinólogo para que pudiera revisar mi caso y ver cuál era la mejor opción para resolver el problema y ver el tamaño (literalmente) del mismo.

Después de agendar una cita con el endocrinólogo y darle un vistazo a mis análisis de sangre decidió que necesitaba comprobar que estaba pasando hormonalmente conmigo y así fui por más estudios, el primero fue de tiroides para saber si estaban bien y el segundo fue una tomografía de silla turca para revisar si existía un tumor en el cerebro que estaba afectando la producción hormonal. Siempre pidiendo que fuera la primera opción llego la sorpresa de que era la segunda y tenía un tumor de 3 milímetros alojado en la parte posterior de mi ojo justo en la hipófisis.

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Tengo un historial de parientes con cáncer (madre, abuela, bisabuelo, etc…) entonces en mi mente estaba cien por ciento preparado para la noticia del tumor, pero en realidad no lo estaba, a pesar de que mi médico es una persona muy directa y explica todo lo relacionado a la enfermedad no sopesa menos la sorpresa. Así que cuando dijo tumor y cerebro sentí como si mi cuerpo bajara en un elevador súper rápido, quiero creer que la sensación duró 2 segundos pero en realidad parecieron 10 minutos, casi instantáneamente recuperé la compostura -aunque sentía como la sangre bajaba de mi cabeza- y comencé a procesar todo lo que me explicaba y saber que aunque el tratamiento duraría mucho tiempo, no estaba todo perdido y que definitivamente no me operarían por tener un prolactinoma tan pequeño.

¿QUÉ PASÓ CON EL PROLACTINOMA?

Después de una serie de exámenes médicos incluyendo análisis de visión periférica, ya que el prolactinoma puede afectar tu visión y eso es uno de los síntomas del tumor en casos avanzados, comencé un camino de autodescubrimiento sobretodo emocional, físico y hormonal en donde me di cuenta que nuestro cuerpo tiene un balance súper delicado y que dedo de cuidarlo aún más después de esto.

El tratamiento no es nada fácil y llevadero, ya que es largo y complicado físicamente, es una pastilla dos veces a la semana (al menos esa es mi dosis, puede ser más o menos dependerá de cada caso). Los efectos secundarios son dolores de cabeza, mareos, vómito, sueño, dolores musculares y óseos, además de hinchazón ocular, subidas y bajadas de peso y congestión nasal, esto todos los días especialmente después de tomar el medicamento. Así ha sido mi vida durante los últimos dos años, no me quejo, al contrario trato de platicarlo con casi todos las personas que conozco para que sepan que aunque tengas un tumor no significa que mi vida deba de detenerse, especialmente si tengo un tratamiento controlado y que con sus consecuencias funciono lo mejor posible. 

¿QUIÉN PUEDE TENER PROLACTINOMA?

El prolactinoma ataca a los hombres y mujeres, aunque el mayor grupo de riesgo es el primero, los hombres tendemos a tener macroprolactinomas, es decir tumores mayores a 10mm y que pueden afectar la visión, la fertilidad y la salud hormonal. Los casos principales de acuerdo a las investigaciones científicas se presentan en hombres de entre 30 y 35 años, pero de acuerdo con Julio César Yáñez Médico Internista y Endocrinólogo con una especialidad den Endocrinología y metabolismo con práctica privada y gubernamental, “Existen casos que no son detectados por los pacientes o los médicos y llegan a consulta hombres de más de 60 años que han tenido prolactinoma durante los últimos 30 años y no se han percatado de ello”. 

Encuentra todo lo que debes saber sobre prolactinoma y adenomas en el siguiente artículo: ¿Quién puede padecer adenomas?»

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