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La forma en la que hablas puede ser un problema

Es muy sencillo caer en el juego cuando estás hablando con tus amigos sobre mujeres, pero ¿las estás tratando como objetos?

Seguramente te ha pasado, estás en el gimnasio y te encuentras a tu compañero con el que levantas pesas y comienzan a platicar, es algo más o menos así:

De pronto te distrae la vista, una mujer hermosa haciendo estiramientos de yoga en licras de compresión ¿Puedes imaginar la escena?, entonces supongamos que se te sale un “que guapa está” y  tu compañero comienza a sugerir otras cosas como: “Lo que no le haría” o “ve que nalgas tiene” y continúa haciendo caras y movimientos en connotaciones sexuales y trata de involucrarte en ellas diciendo: “¿tú que le harías?”. Lo mas probable es que te sientas incomodo porque no es tu amigo cercano o continúes “el juego” pero, ¿realmente es un juego inofensivo entre hombres?

“Es comprensible el no le decir nada a ese hombre», dice Erica Smith, maestra en educación y  educadora en sexualidad con sede en Filadelfia. «No lo conoces y probablemente no te sientes como amigos. Pero también pierdes una oportunidad”.

Pierdes la oportunidad para no perpetuar la conversación destructiva en última instancia sobre las mujeres, esas conversaciones que tienes entre tus amigos o conocidos del trabajo que muchas veces llega a ser ofensivo.

«No hay nada de malo en encontrar a una mujer atractiva o incluso en comunicar que la encuentras atractiva», dice Smith. «Pero comienza a ser perjudicial cuando los hombres convierten a las mujeres en objetos».

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Recuerda la conversación ficticia de arriba y comienza a desarmarla. Ambos piensan que la chica en el estudio de yoga era hermosa. Pero fue la forma en que lo hablan lo que importa.

«Ella es hermosa» es una declaración de opinión subjetiva. Es admiración.

“Ve que nalgas tiene” y “Lo que no le haría», y los gestos que hace, sin embargo, son objetivación. Eso es lo que sucede cuando el cuerpo de una mujer (o partes del cuerpo o funciones sexuales) se aísla de quién es ella, es decir, toda su compleja personalidad (emociones incluidas), y se trata como objetos para ser codiciados, tocados y controlados.

Antes de que pienses que si no dices nada o sólo admiras su belleza eres mejor que el, debes recordar que no dices nada y eso es caer en el juego, ese es el punto de Smith. Esa es la oportunidad que pierdes al no decir nada y mostrarle el error.

Hay una delgada línea entre admiración y objetivación, y la mayoría de nosotros nos deslizamos de un lado a otro en conversaciones cotidianas. Puede ir desde un comentario grosero y ligeramente ofensivo hasta francamente agresivo y sexista. Con una enorme zona gris en medio -es ahí donde debes de saber como manejarte-.

Cabe mencionar que la conversación anterior no es un acoso sexual. Pero, según algunos psicólogos, puede llevar a los hombres a «prepararse» para pensar que las mujeres son objetos sexuales. Como señala Psychology Today, incluso si los hombres piensan que no sienten menos respeto por las mujeres cuando participan o escuchan este tipo de conversación, nuestro cerebro está haciendo asociaciones que crean un sesgo implícito. Esto significa que podemos tratar a las mujeres de manera diferente … sin saber que lo estamos haciendo.

«Está en todas partes», dice Molly Galbraith. quien es cofundadora de Girls Gone Strong, una organización que busca capacitar a las mujeres dentro y fuera del gimnasio.

Como la mayoría de los hombres, deberías de ayudar a eliminar ciertos comentarios en tu grupo de amigo o si tu los haces puedes controlarte. Debemos de dejar de ser el problema. Sin embargo, aparte de intervenir en situaciones obvias de agresión sexual (si ves que alguien está siendo atacado debes de hacer algo), no siempre tenemos el mejor radar para saber qué es un problema o las herramientas para saber qué hacer, pero al menos con estos consejos podemos detener este tipo de conversaciones.

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