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¿Estás hormonal?

Ellas te ayudan a combatir el estrés, mantenerte en peso y tener mejor sexo. Saber más sobre ellas te ayudará a vivir mejor.

Quizá recuerdes tus enloquecidas hormonas sexuales de la adolescencia. O el más reciente ataque de llanto de tu amigo. Si estás ahí sentado con aire arrogante y piensas que eres inmune al caos hormonal sólo porque ya no eres (a) un adolescente y (b) eres hombre, reconsidera. De hecho, si supieras todo el desorden que las hormonas pueden causar en tu vida, probablemente comenzarías a llorar como una niñita. Un desequilibrio hormonal puede hacer que almacenes mucha grasa, entorpecer la habilidad para combatir el estrés y comer más cuando ya estás satisfecho. Conducirte a padecer el síndrome metabólico (también llamado síndrome de insulinorresistencia) y diabetes, e incluso afectar el sueño y tu vida sexual.

Es mucho el desajuste que se puede ocasionar. Esto se debe a la enorme importancia de nuestro sistema endocrino, pues comanda la actividad del organismo mediante las hormonas. «Es como la internet interna del cuerpo», dice John McLachlan, director del Centro para la Investigación Bioambiental de la Universidad de Tulane, en Estados Unidos.

«El hipotálamo y la glándula pituitaria son los centros de control, como los servidores que envían mensajes de salida, regresan y vuelven entre los órganos. El páncreas, las glándulas suprarrenales, la tiroides y los testículos son parte de este sistema altamente sincronizado». Ese delicado funcionamiento incrementa la vulnerabilidad del sistema, como si contara con una compleja retroalimentación para autorregularse. «Si esa retroalimentación se distorsiona, el proceso se interrumpe», dice Vivian Fonseca, endocrinóloga del Centro de Ciencias de la Salud, en la Universidad de Tulane, en Estados Unidos. Utiliza esta guía para asegurar que tus hormonas cumplan con su trabajo.


Hormonas del estrés: Cortisol y Epinefrina

Ya sea que te defiendas de un rottweiler o de un cliente malhumorado, la respuesta del cuerpo al estrés es la misma. El hipotálamo inunda la sangre con hormonas para que reacciones ante una alerta. «El cortisol y la epinefrina son el sistema de alarma de tu cuerpo», dice la doctora Fonseca. Hacen palpitar rápidamente al corazón y dilatan los tubos bronquiales, así tu cerebro se llena de oxígeno y te mantiene atento. También liberan grasa y glucosa dentro del torrente sanguíneo para dar energía de emergencia.

¿Tus hormonas están en sintonía? Demasiado estrés puede mantener elevados los niveles de cortisol, lo cual desestabiliza al metabolismo. A su vez, manda señales a las células para que almacenen la mayor cantidad de grasa posible. Lo peor es que se acumula en el estómago detrás de los músculos del abdomen y tiene más receptores de cortisol que cualquier otra grasa.

Para defenderte contra la alteración que provocan las hormonas del estrés, ejercítate durante una hora al día, tres veces a la semana. Hacerlo te permitirá regular los niveles de cortisol, afirman investigadores de la Universidad Estatal de Ohio. También trata de alimentarte lo más que puedas con comida orgánica, para evitar el pesticida más común: atrazine. Se ha demostrado que este químico afecta el balance hormonal en anfibios, reptiles, pájaros y mamíferos. Un estudio del Laboratorio de Investigación Nacional de Salud y Efectos Medioambientales comprobó que el atrazine produce en las ratas un aumento extremo en los niveles de la hormona del estrés.

 

Hormonas del peso: Leptina, Ghrelina, CCK, Insulina

Tienes un ejército de hormonas que te dice cuándo comer o dejar el tenedor en la mesa. La hormona ghrelina comienza su ciclo cuando el estómago está vacío, lo hace por medio de impulsos neuronales provenientes del hipotálamo para provocarte hambre. Luego, cuando comienzas a comer, el estómago se expande y segregas colecistoquinina (CCK), un supresor del apetito.

Las hormonas comienzan ahora a trabajar tiempo extra para que te retires de la mesa. Los intestinos producen péptido YY, el cual informa al cerebro cuando has comido suficiente, y el páncreas envía insulina. Esta señal indica que estás metabolizando el alimento y que no debes consumir más. La leptina, una hormona producida por las células grasas, también le señala al hipotálamo que estás lleno, incita la segregación de alfa-MSH, que es otra hormona supresora del apetito. Todas ellas le ayudan a tu cuerpo a mantener un equilibrio entre el hambre y la saciedad. ¿Por qué hay tantas hormonas en juego? «La regulación de la energía es necesaria para sobrevivir, así es que tenemos muchos caminos recurrentes en caso de que haya alguna falla», dice el doctor Robert Lustig, un endocrinólogo de la Universidad de California, San Francisco, en Estados Unidos. «Pero no deberíamos tener acceso a tanta comida, y mucho menos a grandes cantidades de azúcar».

¿Tus hormonas están en sintonía? ¿Tienes hambre? ¿Te sientes lleno? Quizá no confías en tu intestino. Cuando estás pasado de peso, unos kilos de más, comienzas a segregar leptina en exceso. «Y si segregas mucha de forma crónica, el cerebro piensa, mira, estás subiendo de peso; necesitas bajarle a lo que comes?», dice Fonseca. En cambio, las alteraciones en la leptina (la mayoría de ellas proviene de la gran cantidad de azúcar) le dicen al cerebro que mande las señales de hambre, incluso aunque acabes de comer. Esto puede llevarte a padecer la enfermedad del hígado graso y resistencia a la insulina. «Cuando sube la insulina, bloquea las señales de leptina, por lo cual el cerebro deduce que estás hambriento», afirma el doctor Lustig. Más allá de la pérdida de peso, la mejor defensa contra una alteración de la leptina es reducir la ingesta de azúcar. Los humanos, en promedio, consumimos 22 cucharadas de azúcar al día; la American Heart Association no recomienda más de nueve. Y no sólo debes evitar alta fructuosa o jarabe de maíz, el azúcar granulado y el jugo de frutas tienen 1.8 gramos de fructuosa por 100 ml, mientras que los refrescos tienen 1.7 gramos en esa porción.

 

Hormonas sexuales: Testosterona, LH, FSH

¿Estás muy orgulloso por esa erección dura como piedra? Agradécelo a las hormonas, específicamente a la testosterona, el ingrediente clave para una salud sexual normal en los hombres. Su producción es emitida por algo llamado hormona luteinizante (LH), mientras la hormona folículoestimulante (FSH) ayuda a producir el esperma.

Cuando estás excitado, las glándulas adrenales o suprarrenales drenan epinefrina y norepinefrina, lo cual eleva la velocidad del corazón y hace circular sangre hacia músculos, cerebro y pene. Después la hormona dopamina aumenta el apetito sexual y se comunica con el hipotálamo para orquestar esas épicas erecciones.

¿Tus hormonas están en sintonía? Los niveles elevados de estrógenos pueden hacer que decaiga la testosterona, lo cual inhibe el deseo sexual. Sí, los hombres también tienen estrógenos. «De hecho, generalmente la mayoría de receptores hormonales dispersos en el cuerpo son receptores de estrógenos», dice McLachlan. Cuando un hombre es expuesto a estrógenos químicos -como el bisfenol A (BPA), el disruptor endócrino se encuentra en plásticos y en el forro de las latas de comida? puede experimentar disfunción eréctil y ganancia de peso. La mejor defensa contra una invasión de estrógenos es perder de peso y construir músculo.

«La grasa convierte la testosterona en estrógenos», afirma el doctor Jack Mydlo, jefe del departamento de urología de la escuela de medicina, en la Universidad de Temple, en Estados Unidos. Deshacerse de unos kilos hará que mejore el porcentaje de testosterona con relación a los estrógenos, lo cual incentivará tanto el deseo sexual como las erecciones. Y cuando te ejercitas actívamente en la formación de los músculos, te vuelves más sensible a la insulina, lo cual significa que puedes llevar más glucosa dentro de los tejidos, dice la doctora Fonseca. Esto produce más quema de grasa y aumenta la intensidad de la energía y la libido.

 

Hormona de la energía: Tiroxina

La tiroides controla el metabolismo, que es el mecanismo corporal que transforma calorías en energía. Pero esto forma otra cadena de mando: el hipotálamo detecta cansancio y luego la glándula pituitaria manda una señal a la tiroides para que segregue tiroxina.

La hormona entra a casi todas las células del cuerpo. «Esto estimula la quema de azúcar y activa el consumo de oxígeno dentro de las células», dice McLachlan. «Dicho proceso eleva la temperatura del cuerpo e incrementa la velocidad de los latidos».

¿Tus hormonas están en sintonía? Cuando el sistema sufre una descompensación, el resultado puede ser un esguince de músculos, debilidad, fatiga y ganancia de peso. Mientras que la mayor parte de disrupciones de tiroxina son genéticas, el ambiente también influye dice McLachlan. Un estudio realizado en 2009 sugiere que el bisfenol A (BPA presente en los biberones para niños) puede sustituir a la tiroxina desde su receptor y bloquearla. Los retardantes de flama bromados o (BFR, por sus siglas en inglés) y los bifenilos policlorados o PCB, ambos interfieren también con la tiroides. «Si estás expuesto a ellos, podrías padecer una forma de hipotiroidismo, una baja producción de tiroxina que causa baja energía y ganancia de peso», afirma McLachlan. Por otro lado, el hipertiroidismo, o la sobreproducción de tiroxina, puede causar ansiedad, incrementar las pulsaciones del corazón, hacerte perder peso, agrandar la tiroides e hinchar los ojos por la parte de atrás. El médico debe ser capaz de identificar los problemas de tiroides y así enviarte a hacer un análisis en sangre llamado hormona estimulante de tiroides (TSH, por sus siglas en inglés); para curar ambos tipos de desajustes se puede recurrir a la cirugía o a cambios en la dieta o una dosis diaria de un regulador tiroideo.

 

Hormona del sueño: Melatonina

Cuando se mete el sol, la glándula pineal se enciende como reloj para segregar melatonina, una hormona que ayuda a dormir y a regular el ritmo circadiano o biológico. Baja la temperatura corporal, la cual, si está demasiado alta, provoca insomnio. La producción de melatonina alcanza su pico máximo a media noche, y el proceso puede ser interrumpido por la luz artificial, aún cuando el nivel de la misma sea muy bajo.

¿Tus hormonas están en sintonía? Evidencias crecientes sugieren que la exposición nocturna a la luz -dormido o despierto- podría fomentar el desarrollo de cáncer, diabetes y obesidad. La Organización Mundial de la Salud clasifica a la «interrupción circadiana» como un cancerígeno, y la luz en la noche es considerada por algunos como un disruptor endócrino (sustancias químicas capaces de alterar el sistema hormonal) que puede afectar melatonina, cortisol, ghrelina, leptina y testosterona. «La mayoría de la gente piensa, y las compañías farmacéuticas quieren que así lo pienses, que es malo despertar en la noche», dice el Richard Stevens, epidemiólogo del centro de salud de la Universidad de Connecticut. Pero ese no es el caso, afirma el experto, el problema es la exposición a la luz durante la noche. «Si te despiertas en la madrugada, como muchos de nosotros lo hacemos, ese es un periodo de calma y vigilia, quédate en la cama, en la oscuridad, y disfrútalo», sugiere Stevens.

No debes estar dormido para tener un buen ritmo de melatonina, lo que sí necesitas es estar en la oscuridad. Compra cortinas gruesas, cubre tu despertador digital y apaga todos tus gadgets. «Haz tu espacio suficientemente oscuro, de modo que ni siquiera puedas ver tu mano», aconseja Stevens. «Si vas al baño y enciendes la luz brillante, inmediatamente harás que te baje la melatonina», afirma Stevens. «De hecho yo tengo en mi baño una luz roja de noche, porque tiene menos efectos negativos en la melatonina que la luz blanca o azul», dice el especialista.

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