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Brinda a tu salud

Hazte un experto bebedor y descubre por qué la cantidad nunca fue tan importante. Te damos consejos que te permitirán no excederte.

Seguramente has encontrado artículos en innumerables publicaciones, y anuncios en distintos medios y programas de TV que te instan a dejar el alcohol. Y pocas veces plantean la posibilidad de hacerte un especialista en el mundo del beber. He aquí las claves para que rediseñes este hábito. Y no sólo con inteligencia, sino con estilo. Sabemos que no tienes por qué pasarte una vida social bebiendo sólo agua, pero es hora de que dejes atrás esas resacas angustiantes, los conflictos derivados de copas, las vergüenzas sociales y hasta los problemas legales que esos tragos mal administrados te han traído. Quédate sólo con lo bueno del regalo de Dioniso.

 

 

Evoluciona la experiencia del beber

 

Ya te vemos, todos lo hicimos: como adolescente, con tus amigos, tratando de comprar tus primeras cervezas. Tus compinches, tus primeros compañeros de borrachera y tú, se sentían adultos al fin, compartieron un dulce sabor culpable. Se atrevieron. Vinieron esas primeras experiencias liberadoras y deshinibidoras, las crudas poco crueles gracias a tu joven metabolismo. En general, experiencias que los llenaron de anécdotas hilarantes, de otras menos graciosas o hasta dramáticas, pero que convergían en algo clave: identidad de género y social. Sí, bebiendo se celebra la masculinidad -¿quién no se ha sentido un "hombre" con varias copas encima?-, y por encima de todo crea pertenencia de grupo. Pareciera imperceptible, pero más allá de generar el potencial de una adicción, tomarte unos tragos se ha vuelto parte de al menos tu fin de semana porque lo traduces en gran medida en cierta noción de poder. Nuestros hábitos también deben evolucionar. Así como ya no tienes que esconderte de tus padres o fingir sobriedad cuando llegas a casa, del mismo modo debes tener la capacidad de elegir qué y cómo llevas la bebida a tu organismo. Para nadie son un misterio las estadísticas sobre muertes, conflictos y terribles desenlaces que fueron incitados por quienes se alcoholizaron. Pero es obvio que la creación de conciencia no ha funcionado. ¿Qué tal un método adicional? El alcohol puede devorar tu mundo o ser un aliado para darle un buen sabor y relax a tus sentidos. Lo cierto es que eres tú quien decide.

 

La hora de beber

 

Comencemos con el disfrute. Primero, date cuenta de que una buena cerveza o una perfecta copa de vino tienen demasiadas posibilidades: mantente sobrio para percibirlas.

 

La señora Cerveza

 

Pocos son los hombres que se resisten ante un tarro espumoso y helado de cerveza que parece gritar: "soy la última, bébeme". No obstante, regalarle a tu paladar una cerveza de buena calidad no sólo te hará beber inteligentemente, sino que mejorará tu experiencia. El sommelier mexicano Volker A. Larios Munsch, recomienda elegirla con base en sus partes:

 

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Cuerpo. Este es el líquido ámbar, amarillo o marrón que observas en el vaso. La sensación en tu boca puede ser robusta, ligera, aceitosa o cremosa. Este aspecto está relacionado con su espesor a fin de que identifiques la textura.

 

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Cabeza. Es la espuma. Mejora la percepción del sabor, "asienta" sus aromas. Su formación se debe al total de dióxido de carbono disuelto en la cerveza. Una mal carbonatada difícilmente creará espuma. Su calidad está en la duración, si se esfuma rápidamente, su consistencia es débil, fugaz. La viscosidad de la cerveza genera mayor espuma porque, al ser un líquido pesado, fluye lentamente alrededor de la permanencia de las burbujas. La temperatura impacta del mismo modo: mientras más fría, menor espuma dará. La observación final está en el foam cling o sea en los rastros que deja en el tarro. La espuma posee su propia textura: cremosa, compacta o burbujeante. Una espuma de calidad deja huella en el vaso a cada sorbo. No debe flotar, si parece separarse del cuerpo es muestra de que ha sido estabilizada de manera artificial.

 

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Corona. Es la parte de la espuma que excede la boca del tarro. La existencia de poca espuma o de poca duración y -por ende- "descoronada", por lo regular denota un cuerpo de pobre consistencia. Esto significa a veces que sólo es agua "maquillada" como cerveza.

 

Saborea, lento

El punto de conocer esta "radiografía de la cerveza", te permitirá no sólo elegir sino comprender el disfrute de saborear. Cuando te das permiso de sentir de manera consciente y percibir cada posibilidad en su cuerpo y espuma, cambias tu perspectiva. Haz rica la experiencia y, como resultado, la cantidad de consumo disminuirá. Te conectarás con el arte de la percepción gustativa, sin hacer aburrido el momento. De acuerdo con Larios Munsch, debes servirla en un tarro o vaso cervecero, inclinándolo ligeramente para tener una cantidad adecuada de cabeza y corona. Puedes apreciar el gusto comenzando por un sorbo corto para sensibilizar tus papilas gustativas. Te encontrarás con el primer "impacto" que suele ser amargo, dependiendo de la fermentación y composición. Continúa con un sorbo más abundante y frótalo con la lengua en el paladar para que la cerveza se expanda por toda la boca. Percibirás entonces si esta tiene gustos dulces o picos de acidez. Eso sí, si la percibes demasiado salada es posible que el agua que contiene haya sido demasiado mineralizada.

 

 

Al vino, vino

 

Por otro lado, en cuanto al vino, hay verdaderas bibliotecas dedicadas a la vitivinicultura, la enología, los majuelos, las cosechas, los añejamientos y reservas, maridajes, en fin… No obstante, no requieres de una cultura profunda al respecto para ser un buen bebedor. Su consumo en México y Latinoamérica es sensiblemente menor al de la cerveza. Larios Munsch dice que "el mejor vino es el que te enamora, y la mejor manera de encontrarlo es probando. Elegir un buen vino depende de para qué lo deseas. No es lo mismo un vino para acompañar un plato fuerte que un postre, unas tapas o bocadillos, mariscos, carnes blancas, rojas o embutidos, o simplemente brindar. En este último caso, los expertos reconocen que el vino, en especial el tinto, no nació para irse al estómago solo. Gran parte de su experiencia y capacidad está en acompañarlo (maridarlo) al menos con pan con aceite de oliva.

 

 

Cata como experto

 

Larios Munsch recomienda: "no busques lo que no conoces". Simplemente comienza por lo principal: reconocer que el vino no tenga algún gusto desagradable. Algunos tienen fecha de caducidad, lo cual está en función de su acidez. Cuando caduca queda a merced de bacterias que lo alteran por completo. Revisa la etiqueta la cual debe contener la mención de origen, el vinicultor y el lugar de crianza, producción y embotellado. Una vez que hayas elegido el vino, cata, es decir haz un análisis sensorial. La cata tiene tres fases: de ojos, nariz y boca. Dependiendo de tu sensibilidad tendrás mayor talento para catar. Esto puede hacerse con bases: comparativas (relacionando entre sí varios vinos), a ciegas (ocultando la marca o cualquier otro dato de las etiquetas), vertical (cata de un mismo vino de diferentes añadas) o varietal (compara sólo vinos de la misma variedad de uva). Pero comencemos con lo más simple: descorcha y observa el corcho. Debe estar ligeramente humedecido, lo que demuestra que la botella se almacenó siempre inclinada. Al presionarlo debe ser flexible y no romperse, así como oler sólo a corcho ligeramente envinado. Luego, sirve una copa hasta un tercio de su capacidad, agítala suavemente y colócala en la luz. No debe tener sedimentos. Observa su brillo y el reflejo de la luz, no debe ser mate. Los tintos jóvenes son de color violáceo y, a medida que envejecen, adquieren tonos cobrizos.

 

Agita la copa y revisa a trasluz cómo se forman "lágrimas de vino", los que tienen más alcohol derraman más lágrimas.

 

Aproxima la nariz a la copa. No debe haber aroma avinagrado, azufroso, a ajo o papel.

 

Remueve la copa sobre su pie y acerca de nuevo la nariz para reconocer sus aromas.

 

Dale un primer sorbo y trata de identificar los matices de sus sabores y su graduación alcohólica, haz un buche medido para mantenerlo y removerlo en la boca por unos segundos. Para saborearlo pásalo varias veces por la lengua presionando el paladar. Detecta los sabores dulces, los ácidos y amargos, tu lengua percibe distintos.

 

El sabor en tu boca

 

Finalmente, Larios Munsch puntualiza: "Para encontrar el vino que mejor vaya con tu paladar comienza por comprar de una cepa cada semana. Descubre cuáles puedes "casar", es decir comenzar con una copa de Syrah y después beber una de Cabernet. Lo que cada vino te diga es lo importante, lo que despierte en tus sentidos. Siempre habrá medallas, edades, temperaturas, expertos y grandes personalidades que recomienden pero quien interesa a tu gusto es él en sí mismo. En un restaurante siempre es interesante tomar lo opinión del sommelier pero aprende a hacerle caso a tu instinto. El principio es el mismo que mencionamos en la cerveza. El rediseño de tus hábitos como bebedor consisten en hacer una fiesta de sentidos a fin de mejorar el disfrute, las cantidades evolucionarán con la oportunidad de disfrutar cada sorbo. Mientras más borracho estés, menos podrás identificar y disfrutar del potencial de cada copa. Ahora sí, ¡salud!

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