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El Museo: Entrevista con Gael García Bernal y Leonardo Ortizgris

Película El Museo

Película El Museo

La Ciudad de México es una de las capitales con la mayor cantidad de museos en el mundo; sin embargo, muchas veces se dan por sentado y no se visitan. Pero cuando el Museo Nacional de Antropología fue saqueado en diciembre de 1985, los mexicanos entendieron que, como dice el dicho: ‘Nadie sabe lo que tiene, hasta que lo pierde’.

Justamente ese robo es el epicentro de Museo, cinta de Alonso Ruizpalacios en la que Gael García Bernal y Leonardo Ortizgris encarnan a ‘Juan Núñez’ y ‘Benjamín Wilson’ respectivamente; dos jóvenes que lograron extraer más de 140 piezas de enorme valor histórico en lo que se calificaría como ‘el robo del siglo’.

Película El Museo : La Entrevista

Platicamos con los protagonistas durante el Festival Internacional de Cine de Toronto y recientemente en la premiere en México: en el Festival Internacional de Cine de Morelia (FICM).

Fotos: Cortesía TIFF y FICM

 

Gael García Bernal – ‘Juan Núñez’

Gael, ¿cuál es tu primer recuerdo del Museo de Antropología?

Gael: Mi primer recuerdo… creo que a la edad en la que uno entra en cierta conciencia social, cuando uno empieza a entender; debió ser poco después del robo, en el 85, porque no me acuerdo del robo en sí. Por cuestión de meses perdí la noción; estaba muy traumado por el temblor del 85, lo que había pasado en la Ciudad de México, y yo acababa de llegar de Guadalajara.

En 1986 empecé a darme cuenta, en el Mundial me di cuenta de qué trataba el fútbol; como que dije: ‘Ah, ya entendí’. Ahí me empezó a gustar, me atrapó, me encantó. Entonces como a esa edad, después del Mundial, es que habré ido al museo.

¿Con la escuela, en alguna excursión?

Gael: No, con mi madre; bueno, eso creo porque he ido tantas veces, que asumo que fue con ella. Mi madre, conoce a Eduardo Matos Moctezuma, de los arqueólogos que descubrió el Templo Mayor, y él nos llevó a una excursión al Museo con él. Nos contó toda la historia, y yo quería, me moría por entender ¡pero no entendía mucho!, entendía la mitad de lo que decía porque había muchas cosas se me perdían. Sin embargo, habló mucho sobre la figura de la hermana de Huitzilopochtli (Coyolxauhqui); la que decapitan, la que encontraron en el Templo Mayor (en 1978), y que estaba en las monedas de $50 en aquel entonces.

¿Te interesaba entonces la historia?

Gael: Todos tenemos recuerdos acerca de nuestra relación con la historia; con el Museo, con estas piezas, con esas culturas que en la escuela nos enseñan de forma muy sostenida, muy fuerte y muy impactante; porque todos lo integramos, pero también hacemos nuestra versión. Y eso es lo bonito, a diferencia de una religión, o religiones -que son así como muy dogmáticas- esto es algo que uno convierte en algo propio; y yo me apropié de eso directamente. También porque yo no soy de tener cosas.

¿No te consideras materialista?

Gael: No, no entiendo el rollo de tener cosas materiales; si acaso colecciono algo, son plantas y libros; libros sí, pero los libros también siento que son de todos.

Digo, obviamente me gusta la música, me gustan los instrumentos, me gustan mil cosas, pero no siento ese deseo, ese fervor, o frenesí de coleccionar. Soy más de la escuela institucional; de decir: ‘todo es de todos’.

Hay que reconocerse, como dice la famosa frase en la salida del museo: «Mexicano detente: Esta es la raíz de tu historia tu cuna y altar. Oirás la voz silenciosa de la cultura más antigua de México, tal vez de la civilización madre de nuestro continente». En fin, todo eso me impactó de una forma que incluso, cuando he ido a mostrarles el Museo a personas de otros países -me encanta llevarlos y contarles- les habló en primera persona: ‘y nos conquistaron y no sé qué’.

Disfrutas entonces compartir nuestra historia…

Gael: Me encanta cómo veo la diferencia de cómo nosotros, como mexicanos, vemos estas piezas; con qué cuidado, y la fe que depositamos en ellas; como una línea espiritual de alguna manera. Como si esas piezas nos guiaran hacia algún lugar y nos manifestaran algo increíble acerca de lo que acaba de pasar aquí, en este lugar. Que de ahí venimos de alguna manera, y que no hay que olvidar y que hay que entender.

Digo, ahí es donde entran millones de frases, pero entre ellas la de Foucault, que dice «La cultura es la sublevación de los saberes enterrados» o sometidos. O sea, lo maravilloso que podemos obtener de eso que ya se sabía antes. Es tan valioso, y es increíble que nos llegue…

Fotos: Cortesía TIFF y FICM

 

En ese sentido, ¿dirías que siempre te gustaron los museos? ¿Te gustaban cuando eras niño? Y ahora con la oportunidad que tienes de viajar por todo el mundo, ¿conscientemente, incluyes los museos como algo a visitar?

Gael: Sí, me encanta. Me encanta ir a verlos; pero es verdad que también me revuelve el estómago conforme he crecido. En el British Museum o en el Louvre, o hace poco por primera vez fui al museo del Hermitage, o el Pérgamo; como que hay algo…

El Hermitage es distinto porque son culturas de alguna manera de la estepa… dije: «Ah, esto es impresionante», o sea nunca había visto eso. Pero también me revuelve un poquito el estómago ver los museos imperiales; no sé, no me gusta lo que representan. Incluso el Museo Americano de Historia Natural, en Nueva York… Me causa como decir: «¿qué es esto? ¿qué estamos viendo?».

En cambio, el Museo Nacional de Antropología es de los lugares más hermosos que existen.

¿Cómo fue, justo, poder filmar en el Museo Nacional de Antropología?

Gael: Increíble, ¡y también fuimos a filmar en Palenque!, impresionante también, impresionante. Como decía soy medio desapegado a las cosas, pero es verdad que la gente adora las piezas y que realmente siente una atracción genuina hacia ellas; sin esas personas no habría quien las cuide.

Del cuidado que han tenido coleccionistas, de ahí nace el museo; o sea esto que se discute mucho la película, ¿hay que dejar las piezas originales en los lugares de origen o hay que trasladarlas a un museo? En ambos lados hay argumentos increíblemente fuertes y potentes.

¿Cuál sería tu postura?

Gael: No sé en qué lugar pararme; no sé si merecemos posicionarnos de alguna forma… Creo que pueden coexistir ambos puntos de vista; por un lado si se dejan las cosas ahí, desaparecen, y hay miles, millones de casos probados, que por haberlas dejado y no haberlas conservado en un museo desaparecieron completamente, y se han olvidado.

Y por otro lado, el otro extremo que es cuando han habido guerras, se han financiado a través del saqueo; y eso sigue sucediendo…

Fotos: Cortesía TIFF y FICM

Leonardo Ortizgris – “Benjamin Wilson”

Leo, ¿cómo te invitaron a Museo, ayudó de alguna manera que conocieras a Alonso? (tienen juntos una compañía de teatro y colaboraron en Güeros)

Leonardo: Tuve que hacer audición. También en Güeros me pasó, estábamos montando una obra, y le dije a Alonso: «oye, cabrón, invítame a hacer audición a tu película, ¿no?», y me dijo: «No, estás muy ruco».

En esa obra en la que estaba con Alonso estaba con barba, y para hacer la audición de Güeros me afeité, y cuando llegué a la función me dijo: «Cabrón, ¿por qué te rasuraste?», y le dije: «Pues tenía que hacer una chamba». Él no sabía que había hecho el casting.

Y esta vez fue lo mismo; por audición. Está bien, creo que así tiene que ser. El cine es otra cosa; se tienen que ver muchísimas cosas, desde como fotografías con tu otro compañero…

Exactamente en ese punto, ¿Te hicieron pruebas con Gael García Bernal?

Leonardo: Hasta el final, ya cuando estaba más cerca; dijeron: «bueno, ya pasaste los dos filtros, vamos con el filtro más importante: ver cómo conectas con Gael García Bernal».

Cuando llegué con él estaba súper nervioso, porque él tiene toda la experiencia; ha trabajado tanto y con grandes directores. Pero hice la audición y conectamos… Fue muy divertido y fluyó muy bien.

Salí y como a los 15 días me llamaron y me dijeron: «Ya tienes el personaje», ¡me puse súper feliz! porque es un proyecto increíble. O sea, repetir en una película con un director al que admiras; con un planteamiento de una historia tan potente como el robo del Museo de Antropología y con un elenco sólido…

Supongo que eras chico cuando el robo ocurrió, probablemente ni te acuerdes, pero ¿hiciste conciencia años después o hasta que llegaste a esta película fue que investigaste más sobre el robo de 1985?

Leonardo: Sí, hasta que llegué a esta película fue que investigué más; porque yo el recuerdo que tenía de esas fechas era el terremoto.

Cuando me invitaron a este proyecto, y empecé a investigar, mi papá tenía muy presente ese acontecimiento porque es amante de la antropología, de la cultura mexica. Me decía que estuvo muy sacado de onda de que hubiera pasado eso, justo cuando los mexicanos estaban tan distraídos sacando piedras… También estaba contento de que se fuera a contar esta historia.

Indagando más, mi tío también sabía de esta historia; y te das cuenta de que mucha gente supo de este acontecimiento. Yo no me acordaba, la verdad…

Fotos: Cortesía TIFF y FICM

 

¿Cómo construiste un personaje real: a Ramón Sardina García (aquí llamado ‘Benjamín Wilson’); pero a partir de la ficción, porque no tendrían acceso ni a los familiares ni a estas personas reales…

Leonardo: Yo lo tomé como si no existiera; desde la completa ficción. A Alonso no le interesaba contar la historia de ellos dos tal cual.

Él y yo estuvimos platicando de qué era lo que necesitaba esta historia, ¿por qué existía este personaje?, ¿qué es lo que necesitaba Juan Núñez para poder conducir esta historia? Y bueno, necesitaba un Sancho Panza; un tipo leal, un admirador de Juan Núñez, un venerador, y un carnal de la cuadra, de la infancia.

Yo lo construí bajo dos montañitas: uno, potenciar todos los valores de la amistad: la confianza, la lealtad, la admiración, y a eso subirle voltaje.

Y por otra parte, un tipo que vive en la orfandad y en la adolescencia permanente; no en la adolescencia como una edad transitoria, sino un güey que adolece de todo: en la cuestión familiar, en seguridad personal, carencia material…

Esos elementos los fui sumando y apareció ‘Wilson’, que es un tipo que no me gustaría que se viera como: «Ay, pobre Wilson, lo embaucaron». No, Wilson también tenía un lado oscuro y esa tenacidad de decir: ‘Vamos a hacerlo; lo que tú me digas, Juan. Esté bien o esté mal, vamos a hacerlo’.

¿Cómo fue estar, y filmar, en un lugar tan imponente y representativo como el Museo Nacional de Antropología?

Leonardo: ¡Maravilloso! la verdad es que fue un gran regalo y yo me doy por bien servido; poder habitar ese lugar, en ese silencio, en esa oscuridad, en esa casi-soledad, me dimensionó muchísimo como actor y como persona y como ser de este planeta. Habitar ese lugar tan potente y tan cargado… dimensioné mucho lo que significa ser latinoamericano.

Fotos: Cortesía TIFF y FICM

Y finalmente, en una cartelera que en estos meses se siente plagada de estrenos mexicanos, ¿por qué te gustaría que la gente le diera una oportunidad a Museo?

Leonardo: Porque es una película que en sí es un mosaico de historias; hay mucho que ver. No sólo es una historia de policías y ladrones, no sólo retrata un momento de la historia en México, sino que abre muchas preguntas sobre la amistad, sobre la familia, sobre la identidad del mexicano; sobre la pertenencia, sobre dónde tienen que estar estas piezas, si en un espacio público o privado.

Es una película que además tiene un humor muy perspicaz, emocionante y que está bien hecha. Entonces creo que reúne varios elementos para que la gente vaya y diga: «Valió la pena. Tal vez no me encantó o me flipó, pero valió la pena conocer este tipo de cine».

Y estoy súper contento, justo como dices, de que el cine esté plagado de películas mexicanas. Es bueno que exista la posibilidad de que haya más cine, y ojalá se pudiera ver más, y ojalá las películas pequeñitas que tiene un presupuesto tan bajo, el estado las pudiera apoyar. Y que la gente se entere de que hay ese tipo de cine, y que no estén solo en una pantalla o en dos, en horarios castigados… que la gente pueda ver más cine mexicano, y latinoamericano.

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