Cultura

El Hombre Moderno en el Siglo XXI

¿Cómo debería ser el hombre del siglo XXI? Está claro que la era del macho “vieja escuela” está muriendo, afortunadamente. ¿Cómo es posible que hoy día se mantengan, por ejemplo, diferencias de género en un mundo cada vez más tecnificado donde el músculo ya significa cada vez menos y por supuesto nada tiene que ver ni con el éxito y muchísimo menos con la felicidad?

LAS CIFRAS INDICAN QUE LOS HOMBRES TENEMOS UN PROBLEMA

La realidad es que en ese aspecto, el de la diferencias de género, Latinoamérica, y en especial México, tienen un problema serio. Problema que ejemplifica que los hombres del siglo XXI no hemos llegado todavía a nuestro siglo. La Comisión Económica para América Latina y el Caribe, CEPAL, en sus cifras anuales concluye que en Latinoamérica cada día mueren asesinadas 12 mujeres por el simple hecho de ser mujer. De estas, 4 son mexicanas, aunque hay organismos como el Comité para la Eliminación de la Discriminación contra la Mujer (CEDAW), adscrito a la ONU, que advierte que la cifra real rondaría los 7 feminicidios/día. Esto es así ya que en muchos estados de la república mexicana no se ha tipificado todavía el asesinato de género como delito en sí mismo y por tanto estos Estados no tienen cifras que aportar. Ningún padre que tenga hijas quiere eso para sus niñas. Así que hay que dejar de ser tibios con el problema y afrontarlo, ahora sí, como hombres.

Hay muchos otros indicadores. Las diferencias en el salario por realizar el mismo trabajo, la ausencia de mujeres en las cúpulas directivas de las grandes empresas o el desigual reparto en las tareas del hogar. No voy a entrar en análisis sobre esto, eso es cosa de sociológos, antropólogos e historiadores. Pero lo que sí está claro es que los hombres poseemos ciertos patrones de comportamiento que, parece evidente, deben desaparecer.

BUSCANDO SOLUCIONES

La cuestión aquí es ¿de qué manera podemos comenzar a desarrollar esa nueva masculinidad que la sociedad nos reclama? ¿Y cómo lo hacemos sin caer ni en la mojigatería ni en el tópico, de manera que avancemos en la dirección correcta? Esta es, que todos podamos vivir con las mismas posibilidades con independencia del género, la religión o cualquier otro elemento que nos diferencie.

¿Eso significa que los hombres no necesitemos apoyo y ahora solo hay que estar pendientes de las mujeres o de cualquier otro grupo social diferente al nuestro? Ni mucho menos. Eso será susceptible de otro artículo que se pueda titular “Las necesidades del hombre del siglo XXI”.  Pero para eso primero tenemos que dejar atrás la caverna y actualizarnos.

LA GENÉTICA CONDICIONA

En el centro de las malas maneras masculinas siempre está el mismo elemento. La violencia. En cierto sentido, ha sido un mal necesario, pues nos ha ayudado a sobrevivir. La violencia está muy condicionada por la genética, y sobre todo por una hormona; la testosterona. Se sabe que los varones con más cantidad de esta tienen mayor facilidad para desarrollar comportamientos violentos (estudio) . Aunque también es un hecho que en las relaciones románticas de largo recorrido los varones generan gran cantidad de oxitocina , la conocida como hormona del amor, lo que reduce la tendencia a dichos comportamientos violentos. Entonces ¿dónde está el punto? El punto está en la educación. Y dentro de esto en aprender a gestionar las emociones. Los hombres hemos sido educados para ser “Terminator” y todo el entorno social lo ha apoyado. En España te decían (ya no, espero) en cuanto se detectaba cualquier atisbo de emocionalidad, “no seas ma….ón”, en México “no seas p..o”, “Don´t be a pussy” en USA y así seguro hay una frase similar por cada país de la Tierra. Todo referido a una supuesta falta de masculinidad. Resultado; casi todos los hombres hemos crecido con un ocultamiento absoluto de nuestras emociones, y por supuesto, cero herramientas para gestionarlas. Y aquí está el quid de la cuestión porque la ciencia ya ha demostrado cómo esa falta de capacidad para gestionar emociones es predictiva de comportamientos violentos en los varones (estudio)

Así que, si nos echamos un paso atrás y recapitulamos, vemos una secuencia muy clara. El hombre tiene más tendencia genética a la violencia. Y además esa tendencia genética se agrava por un modelo educativo y social que promueve la baja o nula relación con las emociones y su gestión que, como ya hemos visto, aumenta aún más esa cadencia.

Por tanto, si hubiese que buscar una cura para la violencia en los varones, y dentro de esto entra por supuesto la violencia de género, esa sería, en gran medida, el aprendizaje de herramientas para gestionar las emociones¿Se eliminaría así la violencia por completo? Entiendo que no, ojalá, pero desde luego el panorama mejoraría exponencialmente.

¿POR DÓNDE EMPEZAR?

La tarea es titánica. A continuación veremos un par de puntos clave para comenzar a canalizar la emocionalidad masculina de manera saludable y convertirnos en caballeros del siglo XXI. Tranquilos, los varones que lean este artículo no sufrirán ningún proceso de reabsorción de gónadas, ni ningún otro síntoma de pérdida de masculinidad.

LA EMPATÍA.

Ponerse en los zapatos del otro. Es una frase tópica para referirse a este concepto. Si preguntas seguro que todos se consideran, mejor dicho, nos consideramos, altamente empáticos.  ¿Cómo no? No serlo sería algo raro, casi antinatural y políticamente muy incorrecto. Pero la empatía está muy condicionada por un par de elementos que debemos considerar.

Factores genéticos

Los psicópatas son un buen ejemplo. Carecen de la capacidad de empatizar pues tienen una carencia acusada de un tipo de neuronas llamadas espejo que están vinculadas precisamente con la capacidad de identificarse con otros. Por eso son tan difíciles de incluir en la sociedad, en ocasiones de hecho no es posible. Nuestro ADN define cómo se construye nuestro cerebro y esto incluye las zonas que gestionan la empatía. Por eso hay personas que, de manera natural, son más empáticas que otras.

Factores educativos

Que afectan sobre el desarrollo de esta capacidad.  El famoso “los niños no lloran”ilustra cómo, con cierto condicionamiento,  no desarrollaremos bien nuestra capacidad para ponernos en la piel de nuestros congéneres.

Hay muchas investigaciones que demuestran cómo, con el entrenamiento adecuado, podemos mejorar esa capacidad e incluso desarrollar ciertas áreas del cerebro vinculadas con la empatía. En 2016 se presentó una revisión de diferentes estudios llevados a cabo en los que el eje central era el entrenamiento para la mejora de la empatía (metaanálisis) . En el documento se ve como diferentes investigaciones indican que el entrenamiento en empatía aumenta esta capacidad en las personas, lo que mejora sus relaciones sociales, profesionales y por supuesto personales.

También sabemos que las personas más empáticas son también más propensas a desarrollar un comportamiento más colaborativo con otros (estudio). Así que, si queremos una sociedad con individuos que sean capaces de cooperar con sus semejantes, desarrollar la empatía es una de las posibles soluciones.

Cómo aumentar mi empatía

Y como siempre la pregunta es ¿Cómo demonios hago para entrenar mí empatía? Una de las técnicas más conocidas y que funciona es la meditación de compasión. Los budistas saben mucho de esto. En una investigación llevada a cabo con varios monjes de la secta del Dalai Lama se encontró que los meditadores de largo plazo transforman sus cerebros convirtiendo las partes vinculadas con la empatía y la gestión de emociones en más grandes y activas. Son como culturistas del cerebro. Lo cierto es que estas personas son mucho más empáticas porque sus cerebros se han entrenado de esa manera. Eso además tiene una ventaja añadida. Son capaces de generar muchas más de las llamadas hormonas de la felicidad. Curioso ¿no? Las partes del cerebro vinculadas con la empatía también tienen que ver en cierto modo con la felicidad.

LA RESILIENCIA

Resiliencia es la resistencia y la capacidad para superar de manera saludable, esto es muy importante, saludable, los acontecimientos emocionalmente difíciles.

¿Por qué digo de manera saludable? Porque normalmente no lo hacemos así. Simplemente echamos arena sobre un evento traumático y seguimos hacia delante. Pero, amigos míos, el cerebro no funciona de esa manera. Esos traumas, que es lo que se produce cuando no sanamos nuestras heridas emocionales, se convierten después en comportamientos disfuncionales que afectan a todos los ámbitos de nuestra vida.

¿Recordáis a Ivan Drago, el “malo” de Rocky 4?. El gigantesco Dolph Lundgren. Creo que puede ser un buen referente de masculinidad. Contaba Lundgren en una conferencia como el maltrato físico al que había sido sometido en su infancia por parte de su padre había impregnado toda su vida con comportamientos disfuncionales, ensuciando sus relaciones de pareja y alejándole de sus hijas. En definitiva, cito sus palabras; “la mayoría del tiempo me sentía un miserable”

Si quieres ser más resiliente

No fue  hasta casi los 60 años que decidió poner fin a esa incapacidad para sanar sus traumas. Se adentró en el mundo de la meditación y recibió terapia. En este caso se utiliza una técnica que se llama meditación del observador. En ella lo que hacemos es observar nuestros pensamientos como si se tratase de un vídeo mental, desapegadamente, con distancia, siendo conscientes de que lo que estamos viendo es una memoria, es pasado, ya no existe. Es algo que ya no nos puede afectar a no ser que nosotros le dejemos. La consciencia de que es simplemente un archivo de memoria, con la práctica, va quitándole fuerza a ese trauma emocional y nos permite reflexionar de manera más inteligente sobre el asunto hasta que finalmente nos curamos. Esta práctica idealmente debe acompañarse con la meditación de compasión y con terapia psicológica mediada por un profesional cualificado para que funcione eficazmente.

Meses después de esa conferencia, Lundgren contaba como muchos hombres se le acercan dándole las gracias por haber sido tan claro en su explicación. No hay costumbre de ver hombres tan rudos mostrándose tan vulnerables.

Entrenar para volvernos más empáticos y resilientes. Son dos de las claves para los hombres del siglo XXI ¿Las ventajas? Muchas. Pero una muy importante es que la empatía y sobre todo la resiliencia son factores predictivos de éxito. Es un hecho que las personas con más capacidad de gestionar sus emociones desarrollan mayores niveles de bienestar en sus vidas Estudio.

La tarea es difícil pero nada que un hombre de verdad no sea capaz de hacer.

Photo de Tom Morel

Juan Carlos Domínguez. Periodista científico y experto en alto rendimiento.

www.jdominguezr.com

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