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‘La cita perfecta’ por María Aura

'La cita perfecta' por María Aura

'La cita perfecta' por María Aura

Una pequeña guía de qué hacer y qué no hacer la primera vez que invitas a salir a alguien.

Una pequeña guía de qué hacer y qué no hacer la primera vez que invitas a salir a alguien. Garantizada.

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QUERIDOS CABALLEROS, ¿cómo están? ¿Más guapos que nunca? No lo dudo ni un segundo.

En todo este tiempo que les he hablado y dado consejos sobre caballerosidad espero que hayan aprendido mucho. Esta vez, para seguir ampliando la lección, les voy a decir lo que las mujeres esperamos de ustedes en la primera cita.

Para comenzar, eso de que nos tienen que llevar a un restaurant caro o muy lujoso es un mito: no hay nada más incómodo que una primera cita en un lugar de por sí apretado. Y estar rodeados de gente que trae un palo ficticio en el culo no afloja mucho el ambiente. Mejor elijan un sitio con buena luz para que nos sintamos guapas y cómodas, donde la música no esté demasiado fuerte para que podamos escucharnos, pero que tampoco haya un silencio de funeral por si se nos acaban los temas de conversación y nos tenemos que besar.

Para ejemplificar, les voy a contar un par de citas fallidas que he vivido. La primera: llega el señor en cuestión y me dice: “Hace años que te quiero invitar a salir, pero nunca me he atrevido; hoy tengo unos vales de descuento de Vips, ¿te animas?”. Híjole, mano… voy a tener que decir que no. Para empezar: si me invitas a Vips, asumo que tu gusto gastronómico es nulo y eso seguro te hace un pésimo amante también. Y para terminar: el hecho de que me quieras llevar a comer con vales de descuento, me hace pensar que eres la persona menos indicada para poder compartir algo conmigo. O sea, no se trata de gastar dinero nada más por presumir, pero prefiero mil veces que me invites a las chalupas de Doña Chalupa, que quizás están riquísimas y serán una experiencia emocionante, a que me lleves a un Vips por un café de calcetín.

El segundo caso fue una desvergüenza total. Me invitó a salir y pasó por mí. Me llevó a un bar. Hasta ahí todo bien. Pero al llegar al bar, tuvimos la pésima suerte de que se encontrara a un amigo y se pusieran a platicar. Casi se olvidó de que era yo la que podría o no irse a la cama con él esa noche. Y ahí no acabó la grosería: se puso a mostrarle a su amigo las fotos que le había mandado otra chica con la que había tenido sus queveres. O sea el muy tonto pensó que alardeando de que otras mueren por él yo iba a caer rendida ante su potencia de semental, pero obviamente no. Ni se dio cuenta de que al mostrar las fotos íntimas de otra mujer (muy tonta, por cierto, porque ya todos sabemos que la intimidad debe quedarse en la intimidad y, una vez que mandas una foto, casi cualquiera la puede ver) dejaba ver su nula caballerosidad y su falta de educación. Pero lo peor del caso es que yo estaba ahí parada junto a ellos, intentando sonreír para no gritarles.

Para resumir: no nos lleven a un lugar pretencioso, pero tampoco a un Vips. Si nos invitan es para ponernos atención, no para alardear de sus logros con otras mujeres. Si nos ponen atención —que es lo único que importa— hasta sentarse en la banca de un parque puede ser una gran cita. Les encargo sus modales, queridos caballeros, tanto en la mesa como en la cama.

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