Hombres con Aura: todos tenemos algo Kinky

Hombres con Aura: todos tenemos algo Kinky

Una historia sobre el deseo de un hombre por los pies de su mujer.

Por María Aura | Fecha: 11/09/14

 

 

 

Queridos caballeros, ¿cómo han estado? ¿Salieron bien librados del odioso mes del amor y la amistad? Es momento de alegrarse porque la recompensa ha llegado. Así es, la primavera está aquí y no por nada las estadísticas dicen que la mayoría de los bebés nacen en diciembre y enero, justo porque es en esta estación cuando las parejas se ponen más querendonas. ¿Cómo negarlo? Es cuando podemos empezar a quitarnos la ropa. Así que... ¡fuera chamarras y abrigos! ¡Arriba minifaldas y escotes!

 

 

Fíjense que terminé de leer la novela El abanico de seda, de Lisa See. Es un libro bastante femenino que quizá les dé flojera a ustedes, gentiles caballeros. Pero hay algo de la historia que me parece digno de contar: la tradición china del vendado de pies en las mujeres. La protagonista narra cómo obtuvo los "lotos dorados" (o sea, sus pies, o como nos gusta llamarles en mi casa, "las patas") más perfectos de la región. Tuvo que pasar antes por una tortura inhumana de rompimiento de huesos, sangrado, heridas infectadas y varios años de infancia sin poder caminar. Pero a fin de cuentas, pudo casarse con un hombre muy rico gracias a la perfección de sus pies (¡medían no más de siete centímetros en edad adulta!).

 

 

Obviamente, una mente moderna como la mía se horrorizó ante tal aberración, pero debo aceptar que algo me inclinó por momentos hacia la aprobación de esta práctica: la mujer en cuestión narra cómo sus pies eran la parte de su cuerpo que despertaba el mayor deseo de su esposo, incluso cuando ella ya era vieja y el resto de su cuerpo no dejaba mucho qué desear. Explica que el atado de pies en la infancia tenía el propósito de hacer que los pies se parecieran lo más posible a una vagina: los dedos tan doblados hacia el talón simulaban el órgano femenino y dejaban el dedo gordo del pie fuera del amarre para que evocara a un pene (diminuto, pero un pene al fin). Y eso era lo que tanto excitaba al esposo hasta el final de sus días. (Bueno, asumiendo que los chinos hayan tenido algo similar al viagra en esas épocas).

 

 

¿No les parece súper kinky?

 

 

Claro que yo no he llegado a esa edad en que, quizá, mi cuerpo ya no despierte las mismas pasiones que antes. Ni me he atrevido a preguntarle a un anciano qué le sigue excitando de su mujer tantos años después. Pero en el fondo desearía tener unos lotos dorados tan perfectos para ser deseable hasta el final de mi vida. ¿Qué será en esta época el equivalente a esos pies perfectos? Ahora muchas mujeres deciden implantarse senos que seguramente seguirán en su lugar hasta edades avanzadas. ¿Pero es algo tan kinky como esos cuentos chinos? Me parece que no.

 

 

Esto se los cuento para que no se sientan mal si tienen un fetiche fuera de lo común con alguna parte del cuerpo femenino, o si les parecen ultra sexys unos pies montados en unos tacones altísimos, con las uñas pintadas o desnudos caminando por la arena. Todo se vale. El caso es encontrar lo que a cada uno le prende sin importar las tradiciones, las modas o las normas de la sociedad (pero sí las leyes). ¿Estamos de acuerdo? Y si puede no doler, mejor aún, aunque cada quién.

 

 

Si ustedes son narigones, patones, cabezones o panzones, habrá alguien que lo encuentre excitante, se los aseguro. Mientras tanto, les mando un masajito de pies y nos leemos el próximo mes. ¡Y que viva la primavera!

 

 

@mariaaaura