Homo Ludens: Báilamela suavecita

Homo Ludens: Báilamela suavecita

Para muchos, bailar es un martirio. Entonces hay que escoger: negarse o beber hasta que el ridículo no importe.

Por Paulo Carreño | Fecha: 11/09/14

 

 

 

Triste pero cierto: bailar es, para una gran cantidad de hombres, una pesadilla sólo comparable con la de caminar desnudo frente a un auditorio lleno. Es decir, se trata de la manera más fácil  de hacer un ridículo.

 

En algún punto de la infancia masculina -no me queda muy claro cuál-, desaparece esa valiosa indiferencia al ridículo que nos permite bailar a los seis años al escuchar la música de un comercial en televisión, con alguna canción frente a todo el salón o en el festival navideño para los papás.

 

 

Después vienen los años de la vergüenza, del terror que nos invade con sólo pensar en una pista. La misma época de sentir pena ajena cuando vemos bailar a nuestros papás, de escondernos de las quinceañeras y de correr con una tía atrás de nosotros. Son años de bailar a escondidas y de soñar con aptitudes que nunca tendremos.

 

 

Llega la adolescencia tardía y con ella aparece el alcohol... que todo lo puede. Es la época de las cubas que nos hacen creer que no sólo de verdad bailamos, sino que lo hacemos muy bien. De los shots que ahuyentan el temor al rechazo y la maldita duda que nos asalta cuando estamos frente a la disyuntiva de sacar o no a bailar a una guapa mujer con el propósito inequívoco de hacer con ella todo lo que no sea bailar. La época, también, de ir a un antro y creer que una coreografía que permite aventar, empujar y saltar encima de otros es una forma mística de baile.

 

 

Por fin alcanzamos la edad adulta. Ya no hay necesidad de impresionar a nadie (al menos no bailando) y existe la certeza de lo que se puede y no se puede hacer. Tarde, pero entendemos que el baile, como muchas otras cosas en la vida, puede ser muy divertido sin importar si lo hacemos técnicamente bien o mal. El alcohol, desde luego, sigue resultando importante (después de todo, así aprendimos), pero es más relevante la persona con la que bailamos. Sabemos  bailar (es un decir) "las calmaditas" sin pisar tantas veces a nuestra pareja. Escuchamos la música (¿por qué nadie nos explicó esto?) y nos movemos con más seguridad. Los que pertenecemos a la generación musical de los ochenta no podemos dejar de aplaudir y repetir movimientos de cantantes de esa época (como el puñetazo de Billy Idol, por ejemplo), tampoco podemos evitar saltar con "Jump" de Van Halen. En otras palabras: somos perfectamente capaces de hacer el ridículo a sabiendas de que a nadie le importa, empezando por nosotros mismos.

 

 

Quizá en esto radique el éxito del cantante, dj y estrella del ciber-espacio, PSY. Su canción "Gangnam Style" se ha convertido en la más vista, escuchada y repetida del planeta y, sin ser experto, puedo afirmar que la melodía, letra e interpretación carecen de calidad musical. El tonito es tan pegajoso como muchas otras que ni siquiera podrían soñar con tener el éxito de ésta; el baile es muy simpático pero tampoco está revestido de una técnica singular. ¿Qué hace, entonces, que este tema se haya convertido en un fenómeno musical?

 

 

Aventuro una respuesta: a PSY le importa un rábano lo que opinemos de él. Su baja estatura es evidente, está un poco pasado de peso y su vestimenta es ridícula -por decirlo con amabilidad. Además, durante todo el video muestra un inverosímil gesto de seriedad y nunca se quita los lentes oscuros. Aparece en los escenarios más absurdos y en más de una ocasión, las no menos folclóricas damas de las que se hace acompañar lo rechazan. Esa indiferencia frente al ridículo es lo que para mí lo hace tan atractivo. Quizá es la razón por la que tanto mis hijos como sobrinos (pertenecientes al primer segmento mencionado en este artículo), como yo (claramente en el último), disfrutemos como pocos hacer el ridículo con "Gangnam Style".

 

 

 

 

Reglas Homo Ludens para bailar con una dama que no conoces

 

No. 001: Beber un trago.

 

No. 002: Nunca llegar por atrás ni por sorpresa.

 

No. 003: Reducir el contacto físico al mínimo (salvo que sea lambada).

 

No. 004: No imitar a los intérpretes originales (como a Beyoncé en "Single Ladies").

 

No. 005: Evitar movimientos bruscos o extraños (como los de MC Hammer).

 

No. 006: No rapear (salvo que seas de alguna pandilla).

 

No. 007: Agradecer el baile y llevarla a su mesa.

 

No. 008: Repetir el paso 1.