Hombres con Aura: aromas que matan

Hombres con Aura: aromas que matan

Nuestra columnista hace una reflexión sobre aquellos aromas que conquistan... y esos que terminan con el encanto.

Por: Por María Aura | Fecha: 17/02/13

 

 

 

Queridos señores apuestos: ¿ya se pusieron loción hoy? Les recomiendo que lo hagan con urgencia: no hay nada más rico para una mujer que el cuello perfumado de su hombre. Sí, ese pequeño rincón calma nuestras angustias y ansiedades.

 

 

Hablando de olores, el otro día, recién bañada, me subí a un taxi. El conductor, antes de conocer el lugar a dónde me llevaría, me preguntó sobre mi perfume. Le comenté que no traía ninguno especial, sino una crema de cuerpo muy aromática y difícil de conseguir en México. El señor se encontraba tan obsesionado por mi fragancia que no ponía atención a la ruta y comencé a sentirme incómoda y hasta un poco asustada. Me surgió la duda: ¿Hasta dónde puede llegar la obsesión de un hombre por el aroma de una mujer? El taxista puso de pretexto que quería saber el dato de la crema para regalársela a su novia, pero no le creí. ¡Los olores desatan pasiones! Por más que intenté hacer que se concentrara en el destino, él sólo pensaba en la fragancia. Pero no sólo el perfume de una mujer puede tener este efecto: también el de un hombre, por eso les insisto que se perfumen bien.

 

 

En otra ocasión, estando de viaje en Francia con mi madre, nos subimos a un taxi muy lujoso (allá todos lo son y así te los cobran). El interior olía realmente delicioso y era yo la que no me podía concentrar en nada más que en averiguar qué perfume traía el conductor, o la señora que se había subido antes, o lo que hubiera impregnado el lujoso vehículo. Una vez que le dejamos en claro nuestro destino, decidí preguntarle en mi pésimo francés sobre ese olor tan fascinante. Él simplemente se limitó a responder: "Antes se subieron unas señoras árabes cubiertas de pies a cabeza, pero muy perfumadas; traían esa fragancia y yo quise preguntarles cuál era, pero no me atreví por no ser inoportuno". ¡Maldita sea! Ahora era yo la que entendía aquella obsesión del taxista mexicano.

 

 

Cuando encuentras un olor que se lleva tan bien con tu química corporal, necesitas saber su origen para poder tenerlo siempre contigo. Esta vez el acertijo era verdaderamente complejo: no sólo me encontraba en Francia, bastante lejos de mi país, sino que las marcas de perfumes varían de lugar a lugar (aunque sean bastante universales). Como si eso no fuera suficiente, las pasajeras que portaban este aroma eran árabes, ¡cubiertas de pies a cabeza por túnicas! Nunca podré encontrar ese perfume, mezcla de limón con vainilla, menta, misterio y más misterio, pensé.

 

 

Calma. Hubo una tercera ocasión en que también me encontraba en un taxi, otra vez en la Ciudad de México, donde el olor del perfume del taxista me resultó absolutamente insoportable. Cabe aclarar que estaba embarazada y los olores, tanto buenos como malos, se vuelven más intensos para el olfato. Pero aun así, este individuo había elegido un perfume intenso y barato (perdonen si suena pedante, pero no hay otra forma de llamarle más que barato y repugnante). Además, decidió que debía echarse media botella encima, esperando conquistar a sus bellas pasajeras... pero logrando justamente lo opuesto. Así que como dice mi amiga Kalinda: la regla es ¡no más de tres apretones al dosificador de la botella o se bajan del coche! Y yo agregaría: mejor compren uno fino que requiere poca cantidad, en vez de uno barato que necesita la botella entera.

 

 

¡Nos olemos el mes próximo!