Paul Smith: la diversión tiene nombre

Paul Smith: la diversión tiene nombre

Diseñador atrevido, Paul Smith produce doce colecciones anuales. Y todo el éxito no altera su capacidad para ser feliz.

Por: Skye Tan | Fecha: 24/01/13

Paul Smith nos da la bienvenida desde una de las ventanas del segundo piso de su estudio en París, mientras balancea una de sus piernas fuera de la cornisa. Al ver esa imagen, sólo puedes pensar: "Dios, por favor no dejes que se caiga". Pero no es el caso: nos saluda y sonríe con cierto descaro, al tiempo que lanza pedazos de papel al aire, que nos caen encima como una nevada atípica.

 

Es otro día más en la vida de Paul Smith. Nos cuesta trabajo seguirle el paso a este hombre que anoche durmió apenas dos horas debido a las obras de construcción frente al hotel donde se hospeda. Lo hemos seguido de un lugar a otro con las luces y la cámara listas para tomarle una foto nítida. Durante el shooting, hacemos una pausa y desaparece otra vez. Sir Paul, el hombre al que la reina Isabel ii hizo caballero y que cumplió 66 años en julio pasado, es un instrumento súper cargado de una energía que transmite a todas sus colecciones.

 

Pero en sus diseños hay un factor humano que respeta la individualidad y la personalidad propia. De lejos, un blazer azul marino quizá no parezca espectacular, pero de cerca se aprecian los botones que no hacen juego o el bordado contrastante de un ojal. Su estilo es británico por excelencia: sus boutiques exhiben aparadores irónicos e interiores extravagantes que varían de acuerdo con el sitio donde se encuentren, con aportaciones del equipo de cada tienda.

 

Tal como su personalidad, los diseños de Paul Smith se han caracterizado por ser arriesgados y eclécticos. También se le conoce por sus estampados. Si bien la colección primavera-verano 2012 tenía una amplia selección de piezas que todo hombre debería poseer -un abrigo marinero en caqui, un suéter con la elasticidad correcta, una chamarra de corte ajustado y bien definido-, parece que faltó el típico toque de Paul Smith. Los colores eran más bien sutiles, los estampados extravagantes estuvieron ausentes y, en su lugar, abundaban líneas bien definidas y un simplismo inesperado. Todo parecía alejarse de sus colecciones previas.

 

Cuando le menciono esto durante nuestra conversación, nos invita a pasar a su estudio en la planta baja para mostrarnos su colección otoño-invierno 2012. Lo que vemos nos convence de que sus diseños siguen teniendo fuerza, ahora con guiños ocultos. Los colores dominantes son el negro y el azul marino pero, al igual que el mundo submarino al que alude la colección, es en los detalles donde se revelan las sorpresas: el forro fluorescente de un bolsillo le añade un toque inesperado a unos pantalones negros en pana, una cazadora sencilla esconde un forro en seda también fluorescente y un suéter tejido revela, con el movimiento, un forro amarillo neón. Las peculiaridades y colores se agazapan hasta en el último rincón y forman parte del estilo secreto de la persona que las lleva puestas. Este cambio de dirección es una jugada arriesgada: si la firma no está en problemas, ¿por qué modificarla?

 

"Sí, el cambio nos dio miedo porque como sabes mis colecciones han sido muy similares a lo largo de estos años, pero no puedes confiarte por completo de tu pasado y de lo que ya sabes", explica. "A veces tienes que sacudirte un poco a pesar de la incertidumbre. Resulta que [las colecciones] no funcionaban en la pasarela, pero en cambio reflejaban los gustos de la gente".

 

"Durante los últimos cuatro años, he tratado de cambiar la colección central para refrescarla. La colección era dandy, bohemia y artística en un momento en el que la gente [Paul Smith se vende en 72 países] buscaba mayor simplicidad y modernidad. Si bien no responde a mi personalidad, le hice cambios y me di cuenta de que lo notaste cuando dijiste: 'No es tan extravagante como lo era antes', pero de hecho las ventas se han incrementado un 26 por ciento".