San Pedro Sula, Honduras: La ciudad más violenta

San Pedro Sula, Honduras: La ciudad más violenta

Todos los días cinco personas mueren asesinadas, la corrupción política crece y se acumulan los casos sin resolver.

Por: José Luis Pardo y Pablo Ferri | Fecha: 21/01/13

 

La madre está frente al cadáver de su hijo. Lo mira, sin mover un solo músculo, mientras un adolescente sentado junto a ella chatea con un celular. Los curiosos se amontonan tras una valla de madera para ver al muerto. Tenía sólo 17 años; su nombre era Kevin. Apenas esta mañana, dos jóvenes se bajaron de una camioneta y lo encañonaron con una pistola calibre 45. Tres balas, una de ellas directa en la cabeza, lo dejaron inmóvil en este corral, donde ahora las gallinas picotean alrededor del cuerpo.

 

Kevin lleva siete horas bajo el sol, metido en una bolsa amarilla de plástico, cuando el inspector de la Dirección Nacional de Investigación Criminal, Víctor Guzmán, llega a la escena del crimen. Es un hombre de 29 años, de semblante duro, que mueve su corpulenta humanidad en cámara lenta por la destartalada vivienda y formula con aire indiferente las preguntas de rigor: "¿Alguien conocía a los homicidas? ¿Alguien alcanzó a ver sus rostros?". Aunque el asesinato se ha producido en el barrio donde Kevin vivía, a plena luz del día, apenas puede escribir algo en su bloc de notas. Nadie parece dispuesto a colaborar en la colonia Roma, un lugar lleno de pobreza en donde el pavimento da paso a la terracería. Aquí las casas son construcciones precarias con techos de lámina y la autoridad de las maras es más respetada que la propia policía.

 

"Andaba en malos pasos, en drogas, no estudiaba y casi no sabía nada de él", explica la madre a las autoridades. El adolescente está libre de tatuajes y sin unos tenis último modelo -ambos sellos distintivos de los pandilleros-; de hecho, parece más un estudiante de secundaria que un delincuente.

 

Mientras la fiscal y los forenses analizan la escena del crimen, Guzmán se queda unos momentos absorto.

 

"¿Ven a la madre?", nos pregunta cuando vuelve en sí. "A nadie le importa el asesinato. Nadie dice nada, esto es un show".

 

En su rostro se dibuja una sonrisa de apatía. Para él, Kevin es uno más de los treinta y tantos  casos que guarda en el cajón de su despacho desde que llegó a la ciudad hace un año.  No se sabe con certeza si su actitud es un escudo para hacer su trabajo con efectividad o si realmente está hastiado de tanta muerte. Guzmán ha vivido el resquebrajamiento de Honduras en primera línea, antes como integrante de la División Antipandillas en Tegucigalpa, la capital del país, y ahora como inspector de homicidios.

 

Después del golpe de Estado que depuso al entonces presidente Manuel Zelaya, en junio de 2009, la violencia se ha disparado en el país y ha abierto las puertas al crimen organizado. Tan sólo en 2011, la guerra entre mafias cobró unas seis mil víctimas, casi tantos como la guerra civil en Siria durante el mismo periodo. La Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito en Centroamérica calcula que un 79 por ciento de la droga que llega a Estados Unidos circula por estas fronteras.

 

A ello se suma la corrupción, la pobreza y la violencia entre pandillas. Según los parámetros de la organización Transparencia Internacional (que califica con un 10 a una nación cuando tiene nula corrupción y debajo del 3 cuando está fuera de control), Honduras tiene un 2.5 de calificación. El Foro Social de Deuda Externa de Honduras (fosdeh) informa que un 70 por ciento de los hondureños -cinco de sus ocho millones de habitantes- viven en condiciones de pobreza. Además, la guerra entre las dos principales pandillas -la Mara Salvatrucha y el Barrio 18-, que en la actualidad están más armadas y operan similar al crimen organizado, ha puesto a Honduras en punto crítico. El último informe del Departamento de Estado de Estados Unidos concluye que el país se encuentra sometido a "organizaciones criminales impecables, bien armadas y logísticamente hábiles".

 

San Pedro Sula, una ciudad con poco más de 700 mil habitantes, es el espejo de Honduras. El inspector Guzmán no se sorprende, pues un 90 por ciento de los casos que lleva tienen que ver con las pandillas. La misma corrupción, pobreza y violencia entre los maras ha convertido a esta ciudad en la más violenta del mundo. En 2011 tuvo una tasa de 166 homicidios por cada 100 mil habitantes, según el Observatorio Nacional contra la Violencia, una de las ong con mayor presencia en el país. Desde el año pasado, Ciudad Juárez, la capital mundial del crimen en los últimos tres años (según el Informe Mundial sobre las Drogas), se quedó en los 127, de acuerdo con la Fiscalía General del Estado de Chihuahua.

 

A Guzmán le esperan más cuerpos hoy. En 20 minutos, el equipo encargado de levantar los cadáveres ya ha despachado a Kevin. El chico está en la parte trasera de la camioneta de Medicina Forense, rumbo a la morgue. Lo más probable es que nadie presione al inspector para resolver el caso. Sus superiores, asegura, le obligan a solucionar sólo dos al mes. En la ciudad, según datos de Medicina Forense, se cometen en promedio cinco homicidios al día.