Daniel Day Lewis: el actor de las mil caras

Un actor comprometido al máximo, incluso ha sufrido problemas de salud por ésto. Lo entrevistamos previo al estreno de su nueva cinta, Lincoln.

Por: Josué Corro | Fecha: 22/02/13

para muchos es considerado el mejor actor de su generación. el británico incluso ha sufrido problemas de salud por involucrarse y comprometerse al máximo con cada personaje. viajamos a nueva york para hablar con él previo al estreno de su nueva cinta, lincoln, sobre el ex presidente estadounidense.

 

 

Tan pronto comenzaron a caer las primeras gotas de lluvia del cielo de Nueva York, las bocinas de los infinitos taxis dejaron de sonar y las sombrillas, al unísono, se abrieron para mostrar un espectáculo multicolor. Un oficial de policía se preparó para evitar que el tránsito se volviera aún más caótico con el inicio del aguacero, mientras la gente que esperaba cruzar la calle 56 a la altura de la Quinta Avenida se aglomeraba en la esquina. Yo me encontraba en medio de ese grupo de personas apresuradas por llegar a su destino para refugiarse del agua.

 

Por unos momentos, el toldo de una lujosa tienda funcionó como mi guarida. A mi lado se instaló un par de mujeres maduras, de unos cincuenta y tantos años, ataviadas con gabardinas y bolsas de diseñador. Hombro con hombro, mientras una de ellas removía el pañuelo de su cuello para limpiar sus lentes, la escuché decir: "Caray, olvidé que hoy era el desfile de Columbus Day". Su acompañante, más atenta al policía que buscaba controlar el tránsito, ignoró por completo el comentario de su amiga y se limitó a señalar el póster que se alcanzaba a ver parcialmente en una pared detrás de la patrulla:

 

-Es la nueva película de Spielberg, ¿verdad? -le preguntó.

-Sí, eso creo, me enteré que habrá una función sorpresa la próxima semana en el Festival de Cine [de Nueva York]. Si quieres intento conseguir boletos.

-¡Dios mío! No sabía que la estrella de Lincoln era Daniel Day-Lewis -insistió la amiga, muy sorprendida.

-Pero claro, te dije el otro día? ¡lo amo!

La pasión en la charla de estas dos mujeres sobre la más reciente cinta de Steven Spielberg y Daniel Day-Lewis me resultó casi contagiosa. Seguí escuchando con atención.

-Es muy bueno, pero no sé si? -le replicó la amiga.

-¿Bueno? Es el mejor actor que he visto en mi vida.

 

Descaradamente, con mi oreja derecha sobre el hombro de una de ellas, tuve que retroceder dos pasos cuando notaron mi entusiasmo por su plática? y guardaron un silencio incómodo. Aproveché que la luz del semáforo peatonal cambió a verde para huir de la escena y cruzar la avenida con rumbo hacia mi hotel. Una sonrisa invadía mi rostro: ya tenía la anécdota perfecta para iniciar mi conversación con Daniel Day-Lewis prevista para el día siguiente, con motivo del estreno de Lincoln. Y, por supuesto, también tenía lista la primera pregunta que le lanzaría a mi entrevistado: "¿Sientes alguna presión cuando te catalogan como el mejor actor de tu generación?".

 

Estoy en mi habitación del Ritz-Carlton, en Central Park, ansioso porque pronto hablaré con uno de los actores que más admiro. Es una emoción casi pueril por entrevistar al que, durante años, incluso antes de querer dedicarme a esta profesión, era una de mis referencias para amar al cine. Suena el teléfono y volteo aceleradamente hacia el reloj del buró: faltan 45 minutos para mi cita con Daniel Day-Lewis. Más allá de la dificultad que tienen para pronunciar mi nombre, del otro lado de la bocina una mujer se disculpa anticipadamente y me pide que "tome el elevador asap", es decir, "as soon as possible". El actor británico está a punto de desocuparse y estará listo para recibirme. "No hay problema", le contesto. "Voy en este momento para allá".

 

Apenas el día anterior había asistido a una función privada de Lincoln. Se trata de una de las mejores biografías cinematográficas de personajes históricos que se han realizado en los últimos años. Es una muestra de la capacidad de Spielberg para retratar la cultura norteamericana en 35 mm, pero también de la capacidad de Day-Lewis para reinventarse y forjar una estela camaleónica al transformarse física y psicológicamente en Abraham Lincoln. Y ni qué decir de la voz: no existe un actor que domine mejor el arte vocal que él, quien desde niño comenzó a fingir voces para evitar ser agredido en su escuela debido a su ascendencia judía.

 

La suite donde se lleva a cabo la entrevista es enorme y tiene media docena de ventanales que presumen una vista envidiable hacia los miles de árboles del emblemático parque neoyorquino. "En un momento Daniel estará contigo", me dice uno de los asistentes. Recorro la habitación en pequeños pasos; estoy muy nervioso. Me siento en el sillón asignado para mí; me levanto una y otra vez. Los minutos transcurren y reviso incesantemente la pila de la grabadora y las preguntas que tengo apuntadas en una pequeña libreta. Las palmas de las manos me sudan y las seco constantemente en mi pantalón (pienso en lo vergonzoso que sería saludar a este monstruo del cine con una mano húmeda).

 

La puerta se abre y todas esas dudas se disipan cuando lo veo entrar. Me pongo de pie para recibirlo y extiendo mi mano (afortunadamente seca). Me saluda con efusividad y me pide que le diga Daniel, mientras me da un cordial abrazo. "Espero que no te haya hecho esperar demasiado", me dice. No logro responder con palabras, así que me limito a negar con la cabeza y enciendo la grabadora. "Qué bueno, entonces espérame otros segundos más porque esta silla está incómoda, déjame cambiarla".

 

A primera vista, noto un par de cosas: la ausencia de los grandes aretes que suele utilizar (una imagen que, junto con el abrigo grueso que viste, me remite de inmediato a su papel de Newland Archer en The Age of Innocence, de 1993) y su acento totalmente inglés. Es un acento que muy pocos hemos tenido el privilegio de escucharle al actor, que lleva cerca de dos décadas interpretando a personajes irlandeses o estadounidenses.