Ganó Obama, pero el mundo tiene otros planes

Ganó Obama, pero el mundo tiene otros planes

Más allá de las figuras vencedoras, las elecciones en Estados Unidos revelan cambios demográficos y culturales.

Por: Témoris Grecko | Fecha: 28/12/12

 

Aunque Mitt Romney tenga dificultades para digerir la derrota y asegure (a quien lo quiera escuchar) que su rival Barack Obama "compró" a los sectores que le dieron la victoria, los estrategas republicanos analizan con mayor seriedad qué fue lo que pasó. Se dan cuenta de que su partido tiene que reaccionar si no quiere condenarse a ser la oposición en el largo plazo.

 

El extremismo fracasó. En la inevitable caza de brujas interna que se ha desatado en el Partido Republicano, destaca la crítica hacia las declaraciones de dos de sus candidatos al Senado, Richard Mourdock (Indiana) y Todd Akin (Misuri). Ellos dejaron escapar lo que parecían victorias seguras y perjudicaron a Romney cuando, para explicar su rechazo al aborto, hablaron de violaciones "legítimas" y atribuyeron a "la voluntad de Dios" que las víctimas quedaran embarazadas. "Sólo quiero dar las gracias a @ToddAkin por ayudarnos a perder el Senado", escribió en su cuenta de Twitter, el 7 de noviembre, el presidente del Comité de Política Nacional del Partido Republicano, Jason B. Whitman [@JasonBWhitman].

 

Por su parte, John McCain, aspirante presidencial de los republicanos en 2008, quedó reivindicado por su insistencia durante la campaña en poner más atención al electorado latino. Y aunque entre los conservadores existe una marcada tendencia contra el matrimonio gay, el aborto y la legalización de la marihuana, se está imponiendo la postura de que esos eran temas que hubiera sido preferible evitar para centrarse en el flanco débil de Obama: el estado de la economía. La insistencia republicana en esos asuntos movilizó en su contra a importantes grupos que, de otra manera, hubieran participado en menor cantidad el día de la elección.

 

Más allá de la victoria de los demócratas, en el fondo se observa una importante evolución en varios ámbitos de la sociedad y la demografía de Estados Unidos.

 

Uno es lo que se conoce como guerras culturales: desde los años sesenta, diversos bandos se han enfrentado con agresiva pasión en torno a temas como género, aborto, homosexualidad, drogas e integración cultural de las minorías. Estas elecciones mostraron que la derecha se encuentra en abierta retirada.

 

Fue electa la primera senadora que se ha declarado homosexual (Tammy Baldwin, en Wisconsin), varios estados celebraron referendos en los que los electores aprobaron el matrimonio entre personas del mismo sexo (Maine y Maryland, primera vez por voto popular, y esto eleva a nueve las entidades que lo reconocen) o rechazaron prohibirlo (Minnesota), en tanto que los ciudadanos de Colorado y Washington decidieron que la marihuana, cuya venta con fines exclusivamente médicos estaba permitida en 17 estados, se puede producir, vender y consumir libremente. Esto está acompañado del crecimiento de grupos demográficos que apoyan posturas progresistas (mujeres, jóvenes, latinos, negros) y la disminución del que prefiere posiciones conservadoras (hombres blancos).

 

Bill O?Reilly, un presentador de televisión en la cadena Fox News famoso por su rabioso derechismo, lo lamentó con claridad brutal tras conocerse la derrota de Romney: "Obama ganó porque ya no estamos en la América (Estados Unidos) tradicional. El establishment blanco es la minoría".

 

Un 55 por ciento de las mujeres votó por Obama. Igual que un 71 por ciento de lo que el mandatario describió como "el sector demográfico de más rápido crecimiento", el latino. Un 93 por ciento de los negros y un 76 por ciento del grupo de gays, lesbianas, transexuales y transgénero también sufragó por el presidente. Y entre los jóvenes de 18 a 29 años, Obama barrió a Romney por 23 puntos (60-37). El republicano ganó, en cambio, a un 62 por ciento de los hombres blancos. Dos de cada tres. Pero eso, en el Estados Unidos del siglo xxi, ya no es suficiente.

 

Los demócratas alardean de que estos cambios en las guerras culturales y la demografía nacional les auguran grandes ventajas para el futuro. Esta profecía se cumplirá sólo si el Partido Republicano permite que los extremistas ultramontanos del movimiento Tea Party sigan controlando su agenda. Ellos han sido los primeros derrotados, sin embargo, la dirigencia ya se moviliza para empujarlos a los márgenes.

 

Porque la naturaleza de los partidos en Estados Unidos es buscar el centro, y si éste se va moviendo lentamente a la izquierda, la derecha flexibilizará posiciones. Evitará algunos temas espinosos y aprenderá a cortejar a sectores clave, como ya hizo George W. Bush con los latinos (obtuvo la tercera parte de sus votos en 2000 y 2004). La competencia no desaparecerá, y sin duda los republicanos retornarán a la Casa Blanca.

 

Con otras posturas, por necesidad. Los réditos de las campañas antiinmigrantes son cada vez menores y los costos políticos, mayores: Obama ha relanzado la reforma migratoria porque sabe que los republicanos no querrán volver a pagar la factura de oponerse a ella a muerte. Veremos también que se aflojará el activismo contra los gays, entre otros temas de las guerras culturales. A final de cuentas, mientras unos esperan el fin del mundo, otros no ceden en su esfuerzo de empujarlo hacia delante. Como dejó en claro Galileo Galilei: "Eppur, si muove".

 

 


¿MARI... WHAT?

 

La legalización de la marihuana en dos estados ha tenido varias consecuencias. Por un lado, la agencia antidrogas tratará de anularla judicialmente, con base en la Ley de Sustancias Prohibidas.

Lo más importante es, sin embargo, que ha reabierto el debate sobre la eficacia y el sentido de las políticas de combate contra las drogas. ¿Qué justificación tiene que se exija a otras naciones que las eliminen cuando es posible producirla y consumirla legalmente en Estados Unidos, aunque sea con fines medicinales?

Más aún, ¿qué caso tiene proseguir una lucha antinarcóticos que ha sido incapaz de detener el crecimiento del narcotráfico, que causa decenas de miles de muertes anuales y que pone en peligro la estabilidad de los países?

Ex presidentes latinoamericanos, e incluso el actual mandatario de Guatemala, Otto Pérez Molina, han pedido revisar y cambiar el enfoque frente a las drogas. El de Uruguay, José Mujica, no quiere esperar a ver si Washington cambia: ya avanza en un proyecto para legalizar la marihuana.