Crisis: Tornado en España

Crisis: Tornado en España

Nuestro enviado recoge testimonios de víctimas de la crisis económica. La esperanza se ha extinguido.

Por Témoris Grecko / desde Puerto Marín, Madrid y Barc | Fecha: 11/09/14

Adonde apuntaba la popa, de golpe miró la proa. El tornado se elevaba en el cielo y le arrebataba el pesado barco al océano para hacerlo flotar y girar. Era en Finisterre, el fin de la Tierra. Manuel Piñeiro le quitó el control de la nave al marinero en guardia. No había visto un ciclón así en medio siglo de navegar. Estaban a unas millas del Cabo Finisterre, en Galicia, en el Atlántico Norte. No podía buscar refugio: en ese abrupto perfil costero, los puertos son pequeñitos y los accesos, estrechos y peligrosos. Un problema de máquina, un fallo en cualquier sistema, y el barco se hundiría. Tenía que permanecer en altamar y confiar en su experiencia de marinero recio, en la firmeza de su mano sobre el timón. Tropezó con el tornado, remolino colosal que se revolvió para elevar las 200 toneladas de hierro y darle vuelta. "Aquí nos morimos todos", dijo Piñeiro.

 

Sobrevivió a esa aventura. Como espera sobrevivir a la crisis que golpea a su país desde hace cinco años. Una crisis que parece torbellino, como aquél que casi lo mata en Finisterre. Esto es Finespaña: "Es que no tenemos escapatoria y no hay solución", asegura con firmeza.

 

En un sondeo de la cadena radial ser, difundido el 5 de noviembre, el 51 por ciento de los entrevistados declaró haber perdido posiciones en la escala de clases sociales, frente a un 42 por ciento que dijo que no lo ha hecho. Según el informe "Adiós a las clases medias", del Sindicato de Técnicos del Ministerio de Hacienda, las personas afectadas por la precariedad (núcleos familiares con ingresos conjuntos iguales o inferiores a mil euros brutos mensuales) se incrementó en un 11 por ciento en cuatro años, de 18.5 millones de españoles a 20.6 millones.

 

Todo el mundo conoce a Piñeiro en Marín, un histórico puerto de flota pesquera y astilleros, ayuntamiento bastión del derechista Partido Popular (pp, también al frente de los gobiernos de España, de la comunidad autónoma de Galicia y de la provincia de Pontevedra, a la que pertenece este pueblo), que en mayo de 2011 recibió la más amplia mayoría de la que haya gozado.

 

Piñeiro es "pepero" de toda la vida. Presume de tener el carné 17 mil 220 del pp, que cuenta con 900 mil militantes en todo el país. De cualquier forma, atribuye la borrasca que sacude a España a su correligionario, el presidente Mariano Rajoy: "¿Qué hacemos metidos en el tornado en que nos tiene este señor?".

 

"¡Nodales!", lo llama la gente en la calle. Piñeiro es un hombre sonriente, con gran sentido del humor, que saluda con afabilidad e intercambia las bromas de siempre con distintas personas, una serie de rituales cotidianos establecidos entre dos. "Nodales" era el nombre del primer barco que mandó. Hoy de 68 años, Piñeiro empezó a trabajar en el mar a los 14. En 1958, con el franquismo navegando a plena marcha.

 

Su visión de ese régimen va a contrapelo de la historia: "No fue una dictadura", sentencia. En su memoria, "el generalísimo Franco fue un auténtico amante de la paz. Quiso mucho a su país. Pero había que imponer un respeto. Dejó el país saneado de aquel desbarajuste que había antes en la República y también bajo el rey Alfonso xiii".

 

"No fue una dictadura", insiste. "Dictadura es lo que hay ahora. Y yo soy militante del Partido Popular, que manda en casi todos lados. Pero este gobierno a mí no me va. Porque está entrando [golpeando] en las personas más humildes. Y luego dice Rajoy ?le pedimos al pueblo un esfuerzo?. ¡No se lo pidió, lo dictó! Está haciendo al revés de lo que le prometió al pueblo".

@@x@@

 

SE RÍEN DE NOSOTROS

 

Llueve en Marín, pero hace menos frío del que esperaba. Nodales me recoge pasadas las 8 de una mañana de noviembre, en la estación de tren de la ciudad de Pontevedra. Tiene dos rostros que se alternan en veloz contraste: bienhumorada amabilidad y severidad tajante. Eso sí, siempre se expresa con intensidad: en la cortesía y la denuncia, en la risa y la indignación.

 

Su disgusto abarca todos los niveles de gobierno, desde el presidente Rajoy, pasando por los opositores del Partido Socialista Obrero Español (psoe) y los sindicatos, hasta la alcaldesa de Marín, María Pilar Ramallo Vázquez, a quien le critica que, como es común entre los políticos españoles, sume puestos públicos.

 

A Piñeiro le provocan indignación tales acumulaciones de salarios pagados por el pueblo. En los 12 kilómetros que recorremos hasta el puerto, Piñeiro suelta munición: nadie la obliga a renunciar a alguno de sus sueldos porque "entre ellos se sostienen. Y nosotros, los que no le hacemos problemas a la nación, somos los que estamos pagando los platos rotos de todos estos dictadores que están gobernando el país".

 

Poco antes de salir de Pontevedra, me había mostrado un modesto apartamento en un edificio. "Esa casa que viste allí, yo la adquirí en vida de Franco", lamenta, "y ahora es de ellos". ¿Ellos? Nodales acusa a una entidad amorfa, con mil cabezas, los políticos y todos a quienes juzga como sus asociados, protegidos o simples beneficiados.

 

Las manos en el volante, la ría de Pontevedra a nuestra derecha. "Mi pensión (mensual) es de mil y algo de euros. Después de luchar en la mar como un cosaco, días y noches y temporales. Me han quitado esa casa. Y tendré que vender la de Marín para pagar? impuestos, contribuciones, servicios públicos? nos subió la vida en un 400 por cien".

 

Sigue Nodales: "Si no vendes, te embargan. ¿Y quién compra si debes vender tu piso, tal y como está el país? Lo compran los que tienen, que son ellos mismos".

 

Una vez en Marín, Piñeiro me lleva a ver los signos del deterioro. Las naves paradas de un importante armador, Manuel Nores. Un barco que está siendo desguazado, a pesar de que tiene menos de 15 años y es relativamente nuevo: empujado a la inactividad, resulta más caro pagar los impuestos que reducirlo a planchas de metal. También se ve el inmenso aborto oxidado de lo que iba a ser el velero más grande del mundo, embargado por un banco que ha tenido que ser rescatado.

 

"¡Estamos viviendo una crisis que montaron ellos!", dice Nodales. "¡La hicieron ellos, es una estafa!", insiste antes de llegar a una peluquería que es como su guarida preferida: pasa diariamente por ahí para conversar con los amigos. "Y lo peor es que se ríen de nosotros. En nuestras caras".

 

No sé cómo decírselo, pero lo suelto. "¿Te cuento, Manuel? Hace un par de días entrevisté a un luchador comunista de muchos años. Comunista y sindicalista activo desde hace medio siglo". Espero su reacción. ¿Se molestará? Franco y los comunistas no solían sentarse a jugar parchís. Nodales me mira en un inusual punto medio de su vaivén de intensidades.

 

"¿Y sabes, Manuel, lo que me dijo sobre lo que está pasando? Lo mismo que tú. Casi palabra por palabra".

@@x@@

 

NOS MEAN Y NOS DICEN QUE LLUEVE

 

El luchador izquierdista Gregorio Herreros me esperaba al lado de las escaleras mecánicas de la Estación Sur de Madrid, pequeño y macizo, con una mochila a la espalda, muy sonriente.

 

Lo agarré en un transbordo en su camino de Extremadura a Málaga, en el sur andaluz. De 72 años, él y su mujer, Feliciana, se han convertido en referentes de las protestas civiles en España. Como en las largas marchas de julio de 2011, que partieron de diversos puntos del país para confluir en Madrid, con el objeto de protestar contra la gestión gubernamental de la crisis. Los viejos caminantes motivaron a los jóvenes con los que recorrieron 650 kilómetros, durante 23 días, desde Granada. "Llegamos a la Puerta de Toledo y desde allí divisaba toda la calle repleta", escribió en una memoria publicada en internet. Por esa vía llegaron al centro, donde sintieron que "la Puerta del Sol está plena de ilusión, plena de esperanza".

 

Su interpretación del pasado mediato de España, claro está, tiene diferencias con la de Nodales. Profundísimas. Nativo de Ciudad Real, en La Mancha, llegó a trabajar a Barcelona a los 22 años, en 1962, como obrero metalúrgico. El joven Herreros ingresó a Comisiones Obreras (cc.oo.), la confederación de sindicatos que le daba base al Partido Comunista Español (pce). Si la energía que emana hoy es la misma que hace medio siglo, debe haber sido un agitador incansable. Décadas más tarde, con su pareja, se fue a Madrid, donde participó en la primera huelga general, en 1982, y después a Extremadura.

 

Su confianza en los dirigentes fue decayendo: "El sindicato y el partido han ido derivando a la derecha, tanto que como les dije, ?no soy yo quien se va, sino vosotros quienes os vais de mí?".

 

Como Nodales, está muy decepcionado de las organizaciones a las que perteneció anteriormente. "No hay sindicatos; son instrumentos del poder", afirma. "No se podría haber hecho el ajuste [la reforma laboral] que les han hecho a los trabajadores por abajo sin el consentimiento de las organizaciones sindicales y políticas que debían defenderlos".

 

Asegura que se han convertido en máquinas de corrupción: "Antes los sindicatos funcionaban con base en la voluntad de los trabajadores que en sus ratos libres iban a colaborar, a asesorar a otros compañeros. Ahora son grandes empresas de gestión, que cuesta mucho dinero mantener y dependen de subvenciones públicas. Hay que ver cómo algunos dirigentes aparecen implicados en casos multimillonarios de malversación de fondos públicos".

 

El pce, por su parte, "creyó que los votos se le habían ido por la derecha y empezó a arrimarse a ella para intentar captar más. No se daba cuenta de que se le habían ido por la izquierda. Ya no representa nada".

 

Si el franquista Nodales se queja de que desde el poder "se ríen de nosotros en nuestras caras", el comunista Herreros manifiesta que "estamos hartísimos de que nos quitan derechos, nos pagan menos y además, se cachondean de nosotros. Como decimos, nos están meando y nos dicen que está lloviendo. Tanto el psoe como el pp".

 

Además, vuelve a coincidir con Piñeiro, lo que está ocurriendo no es fortuito, ya que "lo que vivimos no es una crisis, es una estafa. Y no sólo a nivel nacional, sino ¡a nivel mundial!".

 

Un año atrás, en Kenia, conocí a un hombre de la misma edad, estatura y complexión de Herreros, con un sentido del humor y un dinamismo similares. Heinz Stücke, un ciclista alemán con casi 700 mil kilómetros recorridos, y Gregorio Herreros se parecen, además, porque dejaron sus poblaciones natales en 1962, y medio siglo más tarde no piensan detenerse: tras haber dado tantas vueltas -uno al mundo, pedaleando, y el otro a España, agitando-, ni Heinz ni Gregorio se plantean retirarse a descansar.

 

Herreros sigue aprendiendo. Desde hace algunos años, Feliciana y él viven en Málaga, donde se quedaron tras haber ido sólo "a montarle una página web a un amigo". El luchador se convirtió en un geek autodidacta que mantiene informados a su medio millar de contactos de Facebook acerca de las actividades del 15-M (movimiento nombrado a partir de su primera protesta, el 15 de mayo de 2011).

 

Porque ésa es la alternativa que encontró este viejo comunista, decepcionado de los partidos y otras instituciones. "Cuando aparece el 15-M, creo que éste es mi sitio porque es lo que más se parece a lo que había practicado antes. Tiene una dirección horizontal, una amplia participación, donde todo el mundo puede aportar ideas. Queremos un nuevo proceso constituyente, no esta constitución que se hizo para saltar del franquismo a una supuesta democracia".

@@x@@

 

PALIZA EN CIBELES

 

Para algunos, en especial para los jóvenes, esta refundación del sistema es la única opción. La España de finales del franquismo y principios de la democracia creó fuertes militancias partidistas: en la derecha, donde se fundó el pp, y en la izquierda, donde competían el psoe y el pce, la gente participaba con esperanza porque sabía que atravesaba un periodo de creación de un nuevo orden. Llegó a parecer que el salto a la prosperidad era definitivo. Los episodios de corrupción en los que se hundían los partidos no eran tan importantes cuando la gente vivía bien.

 

Hasta que estalló la crisis. En una visita a Barcelona, en 2008, me pareció que la gente estaba demasiado nerviosa. En México, la mía es "la generación de la crisis", pues al crecer sólo vimos una después de otra y aprendimos que a ellas se sobrevive. Se sentía distinto aquí, me explicó Alfredo Conde, un novelista gallego en sus sesenta: "Debes entender que esto es algo para lo que no estábamos preparados. Yo vivo mejor que mis padres, y ellos mejor que los suyos, y mis abuelos vivieron mejor que los suyos. Parecía natural esperar que los hijos tuvieran buenas expectativas. Esto es algo desconocido que nos llena de temor".

 

Es, además, un fenómeno más profundo y transformador que los que hemos sufrido en mi país.

 

Les toca, sin embargo, a generaciones de españoles que no experimentaron la época de las grandes definiciones, que crecieron amamantadas por una democracia estable y una economía en veloz crecimiento, y no tenían por qué temer el hambre ni la escasez que sufrieron sus mayores en la posguerra. A estos jóvenes les ha explotado en la cara el sistema que heredaron, que no construyeron, y sin haberse comprometido con alguno de los partidos, los han visto fracasar y perder autoridad moral.

 

Si los españoles nacidos en el franquismo han perdido la confianza en las organizaciones que levantaron, ¿qué está ocurriendo entre los jóvenes del posfranquismo? Busqué en el 15-M. Contacté a varias personas, entre ellos @AnitaBotwin, una veinteañera que participa en el proyecto "Toma la tele", formado por periodistas ciudadanos que utilizan internet para transmitir las imágenes que no interesan o no gustan a las televisoras.

 

Era el día de la última huelga general, 14 de noviembre, en Madrid. Y tuve mala suerte. Mientras me preparaba para ir a ver a la activista, seguía por internet su video en streaming. Ella cubría choques callejeros entre piquetes de huelguistas y la policía, en la Fuente de Cibeles, cuando -yo lo veía en tiempo real- agentes de policía atacaron y apalearon a mi hipotética entrevistada y sus compañeros. La señal de Anita se extinguió con la batería de su celular y sus gritos de dolor. Quedó incomunicada.

 

Horas después, escribió en Twitter: "Me han pegado y a mi padre y a @Emilio_A_B, no puedo mover el brazo y tengo sangre en el móvil".

 

Un rato más tarde, desde el hospital, tuiteó: "Mi padre tiene el codo roto. @Emilio_A_B está en observación por mucho dolor de los golpes. Yo, varias contusiones".

 

En los días siguientes, mientras ella preparaba una denuncia por la agresión, no conseguí que aceptara hablar conmigo. Imagino que, luego de la paliza, sospechaba de alguien a quien no conocía y tal vez me consideraba representante del "establishment mediático". Porque los medios de comunicación comparten el desprestigio con los políticos y los sindicatos. Y a los decepcionados les cuesta hacer distinciones.

@@x@@

 

DICTADURA ENCUBIERTA

 

Si en los años ochenta hubo efervescencia política, la barcelonesa Klaudia Álvarez no la percibió o no existió en su entorno. Esta profesora de secundaria, nacida en 1975, el año que murió Franco, creció en una época en la que "prácticamente no se hablaba de política. Veníamos de una dictadura no resuelta, de un pacto de transición en el que se supone que todos somos buenos, los malos no fueron juzgados, hay ejecutados que siguen en fosas clandestinas pero nadie habla de ello. He sido educada en una cultura de que ?de estas cosas no hables, por si acaso hay problemas?. Una cultura un poco de la superficialidad, de la abundancia. Yo no tenía conciencia de que la política era un tema tabú hasta que me di cuenta de que nadie hablaba de ello, porque cuando todo va bien, nadie se pregunta ciertas cosas. Con la familia, los compañeros, los vecinos? hablabas del clima".

 

Hasta que llegó la crisis: "Mi padre ha estado los últimos cuatro años sin trabajar, hay muchos amigos en el paro, han cerrado el centro médico de mi barrio, gano un 25 por ciento menos que hace diez años, pero pago más impuestos y los precios han subido, trabajo más horas y mis grupos han pasado de 25 a 35 alumnos. Así que la calidad de la educación se ha ido al garete".

 

Además, un régimen de hipotecas con leyes de 1909 está provocando una ola de suicidios (aumentaron de 6 a 9 diarios entre 2008 y 2010, según informó el Instituto Nacional de Estadística el 26 de octubre), pues la gente se queda sin empleo, la echan a vivir a la calle pero sigue endeudada hasta el cuello. En España, la entrega del bien en garantía (la casa) no salda el adeudo y, aunque uno duerma bajo un puente, hay que seguir pagando. Desde el inicio de la crisis, en 2007, ha habido más de 350 mil desahucios y hay 200 mil en espera de ejecución, según el Consejo General del Poder Judicial.

 

Y también llegaron las redes sociales: "Decimos ?de la red a la calle y de la calle a la red?", explica Álvarez, "nos organizamos en Facebook y actuamos en las plazas. Ahora, por ejemplo, (nos manifestamos) en defensa de los servicios de salud pública".

 

El temor ante el descontento social se traduce en violencia excesiva de los cuerpos de seguridad: las cargas de antimotines se dispersan por los barrios y, como aparece en numerosos videos, lo mismo apalean a un encapuchado con piedras en las manos que a un niño distraído de 13 años, a la chica de 16 que protesta por la agresión y a la anciana que estaba mirando.

 

El franquismo espiritual se hace presente también en prohibiciones para hacer que las personas tengan miedo de manifestarse: hay multas por hacer cosas como marchas, poner carteles o simplemente estar cerca de donde hay protestas. En mayo de 2011, Álvarez tuvo que pagar 500 euros por repartir octavillas convocando a la manifestación del 15-M, a pesar de que los agentes no molestaron a quienes daban publicidad comercial. El Ministerio del Interior ha anunciado que prohibirá captar o difundir imágenes de policías cometiendo abusos.

 

El 22 de noviembre por la noche, camino con Klaudia en una manifestación en la Plaça de Catalunya, en Barcelona, donde un tema se ha colado al margen del asunto principal: en la represión contra la huelga general, el 14 de noviembre, la policía disparó balas de goma que le destrozaron un ojo a Ester Quintana, una mujer de 42 años que esperaba en una parada de autobús. Es el último de varios casos de heridos por estos proyectiles y un contingente lleva mantas en las que alerta "Ojo con tu ojo", y demanda "Stop balas de goma".

 

"Un marinero gallego me dijo que con Franco no había dictadura, pero ahora sí", le digo a la joven profesora, que responde: "La dictadura de hoy es mucho más perversa porque la de Franco era más evidente: si no estabas de acuerdo, te fusilaban y ya está. La dictadura actual es encubierta, se supone que vivimos en libertad, en democracia, pero el gobierno mata personas. El gobierno es responsable del alto índice de suicidios del último año. Eso es violencia. Como la que utiliza la policía en la calle cuando revientan ojos y pegan a las personas".

 

Como Piñeiro y como Herreros, ella desconfía de los partidos: "No todos son iguales, pero han perdido la credibilidad, el sistema está hecho para generar corrupción. No creo que haya que desaparecerlos, pero deben adaptarse, la sociedad ya no es la del siglo xix. La alternativa son mecanismos de democracia directa, que votemos las decisiones importantes. En 2011 se modificó la Constitución [en agosto de 2011 se fijó en un 0.4 por ciento el déficit presupuestario máximo del gobierno] durante las vacaciones de verano, sin avisar a nadie, sin hacer ningún tipo de consulta y en contra de la voluntad popular".

 

¿La de España es una crisis creada, una estafa? "No es una crisis en el sentido de que es una mala época que forma parte de un ciclo", dice Álvarez. "Es un cambio de paradigma a nivel mundial, un agotamiento sistémico. Lo que está en nuestras manos es ver hacia dónde va ese cambio, intentar reconvertirlo en un sistema que tenga otros valores, que sea participativo y colaborativo, que tenga en cuenta a las personas y que sea más justo".

@@x@@

 

MALOS TIMONELES

 

El proyecto de solución no es tan claro del otro lado de la península, en Marín. Nodales me ha llevado por todo el pueblo, a la peluquería, el mercado, el café, el bar, el parque, hablando con quien encontramos: Américo, un pintor autónomo ("es igual el pp que el psoe que el otro, todos a chupar"), el pescadero Feliciano Rodiño ("España se ha ido al garete, tenemos una clase política de muy baja calidad"), el rico armador Manuel Nores ("los jefes se chuparon los ahorros de la gente"), el izquierdista Rogelio Moreira ("a los jóvenes les han quitado la oportunidad de ir a la universidad, seguiremos siendo pobres y burros"), el patrón de pesca Santiago Castro ("estamos tan mal que viene otro Franco"), el ama de casa Marisa Ferreiros ("en España nunca había visto a gente buscar comida en las basuras") y su hija Olatz ("a ése que estuvo en la cárcel y quiere ser alcalde hay que votarlo, por lo menos es un ladrón declarado").

 

A Francisco Mayobre, un ex jefe de personal de astilleros recién retirado, se le hace imposible estimar el tamaño del débito: "Tienes 300 mil millones de euros, ¡mi madre! Yo multiplico por pesetas y no me dan los números, ¡se me salen fuera del papel higiénico!" [en realidad, en septiembre de 2012, la deuda del conjunto de las administraciones públicas alcanzó 804 mil 388 millones de euros, equivalentes al 75.9 por ciento del pib anual].

 

Y anticipa tiempos más duros: "Va a haber muchas huelgas y muchos rollos, la gente manifestándose en la calle. No esto que hay ahora, sino cosas verdaderamente fuertes, porque sus derechos sociales y laborales se han ido a tomar por culo".

 

Manuel Piñeiro vivió otras situaciones de peligro en el océano. Como la ocasión en la que, tras una revisión, le dijeron que el casco de su barco estaba bien y un par de días más tarde, se abrió una grieta y la tripulación tuvo que abandonar en balsas.

 

Lo de ahora le parece similar: "(El ex presidente José María) Aznar dijo que España iba bien y lo creímos. Nos fuimos con ella mar adentro y ahora se hunde. Esta crisis es un tornado y una vía de agua. El tornado es que te están haciendo de tripas corazones y la vía de agua es una depresión que dices: ?¿Llegaré o no llegaré a tierra? ¿Qué pasa allí? Está achicando la bomba, que no pare, que nos hundimos?. Nuestros timoneles son todos malos. Es que no tenemos escapatoria. Y no hay solución. No hay solución".