Las ruinas del imperio de Joe Paterno

Las ruinas del imperio de Joe Paterno

Ésta es la historia de dos hijos. La confesión de uno acabó con el padre del otro, El coach leyenda de Penn State.

Por: Luke Dittrich | Fecha: 14/12/12

 

Lo único que revelaremos es que lleva puesto su uniforme de corredor.

Shorts, playera de tirantes.

Un par de tenis Asics de pista.

Antes de colocarse en la línea de salida, da un brinquito extraño y sacude las piernas una última vez, antes de ponerlas en acción.

Cuando ya está en posición de "listos", se agacha mucho más que sus tres jóvenes rivales.

No podemos decir de qué color es su cabello, pero podemos decir que no es del color original. Se lo tiñe con frecuencia, espontáneamente, casi por capricho.

No voltea a ver al juez de partida cuando éste levanta la pistola de salida, ni siquiera porque lleva puesta una camisa naranja fluorescente.

Fija la mirada en la pista y espera el disparo.

Supongo que podemos decir que sus ojos son verdes.

Su piel es blanca y su cara, como la de muchos adolescentes de 18 años, está salpicada de acné.

Mientras llega el disparo de salida, conviene aclarar que hace cinco años, cuando apenas entraba en la adolescencia, su piel era tersa, inmaculada.

 

Jay Paterno está en el bar del sótano de un restaurante italiano, propiedad de un amigo suyo. De pie, demasiado cerca de su interlocutor para incomodarlo a propósito, finge bañarse, levanta un brazo y pretende enjabonarse la axila. Dice que las regaderas en los vestidores del edificio de futbol americano no son tan estrechas, no se está tan apretado. Es posible bañarse junto a alguien sin invadir su espacio personal.

No lo malinterpreten: no está negando los hechos horribles que sucedieron, que algunos muchachos hayan resultado heridos, ni que haya sido una tragedia.

Está diciendo que en ocasiones bañarse es sólo eso.

Que no siempre es un acto criminal.

Los jugadores de futbol americano se bañan juntos. A veces los mayores se bañan con los menores. Y a veces? Es mejor no seguir.

Son sólo palabras.

Incluso si tuviera un argumento que convenciera a su interlocutor, Jay Paterno no podrá recuperar lo que ha perdido.