Manny Pacquiao, el enemigo de México

Manny Pacquiao, el enemigo de México

Ha demostrado ser uno de los mejores boxeadores de la historia. Y su pelea más importante está por venir (ojo: es abajo del ring).

Por: RRRRR | Fecha: 05/12/12

 

Cuando pelea, es capaz  de hacer que las calles de su país se vacíen y disminuya el índice criminal. cada victoria suya puede levantar el orgullo filipino, aunque sea por unos días O quizá un par de semanas. - Y, A la menor provocación, reparte fajos de billetes. eso es precisamente lo que ha estado haciendo cada sábado durante los últimos tres meses: resolver el problema de la pobreza -pero sólo la de unos cuantos afortunados- en el programa de tv Manny Many Prizes de la cadena filipina GMA 7. - Lo que queremos saber, ya en serio, es si Manny puede ser algo más que un gran boxeador. luego de su muy esperada y polémica pelea con el mexicano Juan Manuel Márquez en noviembre pasado, Esquire examina otros ángulos del famoso Pac-Man.  En Ésta y todas las esquinas posibles, damas y caballeros... ¡el único, el multifacético, el INCOMPARABLE... Manny Pacquiaooooo! Lo que pocos saben del enemigo público número uno de México es que busca aliviar el sufrimiento de cerca de 30 millones de personas. ¿logrará su propósito?

 

Ustedes ya saben quién es. Manny Pacquiao. Pero, ¿cómo explicar a los lectores de Esquire todo lo que representa el señor Emmanuel Dapidran Pacquiao en Filipinas?

 

Sabemos que es uno de los boxeadores mas dinámicos de la historia. Convierte el violento deporte del boxeo en un arte. Pero hay algo más: Pacquiao es, para bien o para mal, el símbolo de un pueblo.

 

En los últimos diez años, su popularidad y su mito han crecido exponencialmente. Se ha ganado a pulso las muestras de adoración de las multitudes. Su éxito en el ring, en donde ha obtenido ocho títulos mundiales en ocho categorías distintas, y el modo en que maneja su fama, con una humildad ajena al mundo del boxeo, han creado una ola de adoración hacia el Pac-Man. La gente en Filipinas está tan desesperada por creer en él, que lo considera capaz de todo.

 

Pero Pacquiao quiere ser algo más que uno de los mejores pugilistas de la historia o un símbolo para los necesitados del mundo: quiere ayudar a la gente a salir de la más abyecta pobreza. Sin duda, acabar con Óscar de la Hoya, Miguel Cotto o incluso Juan Manuel Márquez es un millón de veces más fácil que aliviar ese tipo de sufrimiento. ¿Será que Pacquiao tiene la seriedad, la cabeza y la capacidad de liderazgo que se requieren para ayudar a sus compatriotas en una escala significativa?

 

En mayo de 2011, en una conferencia de prensa unos días antes de su pelea contra Shane Mosley, Manny Pacquiao ofreció un excelente discurso. "El mayor combate de mi vida no es en el boxeo. No. La mayor pelea de mi vida es encontrar el modo de acabar con la pobreza en mi país", dijo. La prensa se tardó en entender estas declaraciones porque no estamos acostumbrados a escucharlas en eventos deportivos. Pacquiao anunció que usaría guantes amarillos para su combate contra Mosley porque ese color representa "un símbolo de esperanza y unidad". Pidió apoyo para la organización Gawad Kalinga, que ayuda a construir casas para los desamparados, y añadió: "Me gustaría invitarlos a que todos nos unamos y nos vistamos de amarillo este sábado. Creo que hay esperanzas de ganar juntos la pelea".

 

Los periodistas nos quedamos pasmados. Tal vez había algo de autoengaño, pero la idea de que Manny Pacquiao estaba madurando para convertirse en un hombre de Estado se hizo más presente que nunca, sobre todo entre la prensa occidental.

 

Luego llegó la noche del 7 de mayo, la noche de la pelea contra Mosley en Las Vegas, y la realidad empezó a asentarse. Antes de que Manny estrellara sus guantes Cleto Reyes amarillos en el cráneo de su rival, recorrí el MGM Grand. Sólo un puñado de personas estaban vestidas de amarillo. ¿La gente no lo había escuchado o más bien no le daba importancia? ¿Será que en Filipinas, a miles de kilómetros de distancia, sus admiradores sí estaban vestidos de amarillo?

 

Pacquiao ganó por decisión unánime, y después se dirigió a la sala de prensa. Ahí estaba nada menos que Paris Hilton, sentada en el estrado junto a Jinkee, la esposa de Pacquiao. Hilton, como sabemos, es el símbolo del exceso monetario y otras virtudes muy poco piadosas. ¿Me importa la moral de Paris Hilton? No. En-lo-absoluto. Pero la decisión de Pacquiao de invitarla fue rara. Alerta informativa para quienes manejan su imagen: Manny le dedicó la pelea a los pobres. Tiene suficiente fama y carisma como para invitar a quien sea (por ejemplo a Bono,de U2) y mostrar su compromiso con la gente marginada, pero traer a Hilton le restó credibilidad a su mensaje. Y en las semanas siguientes, el boxeador filipino participaría en varias torpezas políticas más.

 

Su "maduración" no parecía un hecho, ni siquiera algo probable. Entonces, ¿por qué me había parecido que sí lo era?