Manny Pacquiao, el enemigo de México

Manny Pacquiao, el enemigo de México

Ha demostrado ser uno de los mejores boxeadores de la historia. Y su pelea más importante está por venir (ojo: es abajo del ring).

Por RRRRR | Fecha: 11/09/14

 

Cuando pelea, es capaz  de hacer que las calles de su país se vacíen y disminuya el índice criminal. cada victoria suya puede levantar el orgullo filipino, aunque sea por unos días O quizá un par de semanas. - Y, A la menor provocación, reparte fajos de billetes. eso es precisamente lo que ha estado haciendo cada sábado durante los últimos tres meses: resolver el problema de la pobreza -pero sólo la de unos cuantos afortunados- en el programa de tv Manny Many Prizes de la cadena filipina GMA 7. - Lo que queremos saber, ya en serio, es si Manny puede ser algo más que un gran boxeador. luego de su muy esperada y polémica pelea con el mexicano Juan Manuel Márquez en noviembre pasado, Esquire examina otros ángulos del famoso Pac-Man.  En Ésta y todas las esquinas posibles, damas y caballeros... ¡el único, el multifacético, el INCOMPARABLE... Manny Pacquiaooooo! Lo que pocos saben del enemigo público número uno de México es que busca aliviar el sufrimiento de cerca de 30 millones de personas. ¿logrará su propósito?

 

Ustedes ya saben quién es. Manny Pacquiao. Pero, ¿cómo explicar a los lectores de Esquire todo lo que representa el señor Emmanuel Dapidran Pacquiao en Filipinas?

 

Sabemos que es uno de los boxeadores mas dinámicos de la historia. Convierte el violento deporte del boxeo en un arte. Pero hay algo más: Pacquiao es, para bien o para mal, el símbolo de un pueblo.

 

En los últimos diez años, su popularidad y su mito han crecido exponencialmente. Se ha ganado a pulso las muestras de adoración de las multitudes. Su éxito en el ring, en donde ha obtenido ocho títulos mundiales en ocho categorías distintas, y el modo en que maneja su fama, con una humildad ajena al mundo del boxeo, han creado una ola de adoración hacia el Pac-Man. La gente en Filipinas está tan desesperada por creer en él, que lo considera capaz de todo.

 

Pero Pacquiao quiere ser algo más que uno de los mejores pugilistas de la historia o un símbolo para los necesitados del mundo: quiere ayudar a la gente a salir de la más abyecta pobreza. Sin duda, acabar con Óscar de la Hoya, Miguel Cotto o incluso Juan Manuel Márquez es un millón de veces más fácil que aliviar ese tipo de sufrimiento. ¿Será que Pacquiao tiene la seriedad, la cabeza y la capacidad de liderazgo que se requieren para ayudar a sus compatriotas en una escala significativa?

 

En mayo de 2011, en una conferencia de prensa unos días antes de su pelea contra Shane Mosley, Manny Pacquiao ofreció un excelente discurso. "El mayor combate de mi vida no es en el boxeo. No. La mayor pelea de mi vida es encontrar el modo de acabar con la pobreza en mi país", dijo. La prensa se tardó en entender estas declaraciones porque no estamos acostumbrados a escucharlas en eventos deportivos. Pacquiao anunció que usaría guantes amarillos para su combate contra Mosley porque ese color representa "un símbolo de esperanza y unidad". Pidió apoyo para la organización Gawad Kalinga, que ayuda a construir casas para los desamparados, y añadió: "Me gustaría invitarlos a que todos nos unamos y nos vistamos de amarillo este sábado. Creo que hay esperanzas de ganar juntos la pelea".

 

Los periodistas nos quedamos pasmados. Tal vez había algo de autoengaño, pero la idea de que Manny Pacquiao estaba madurando para convertirse en un hombre de Estado se hizo más presente que nunca, sobre todo entre la prensa occidental.

 

Luego llegó la noche del 7 de mayo, la noche de la pelea contra Mosley en Las Vegas, y la realidad empezó a asentarse. Antes de que Manny estrellara sus guantes Cleto Reyes amarillos en el cráneo de su rival, recorrí el MGM Grand. Sólo un puñado de personas estaban vestidas de amarillo. ¿La gente no lo había escuchado o más bien no le daba importancia? ¿Será que en Filipinas, a miles de kilómetros de distancia, sus admiradores sí estaban vestidos de amarillo?

 

Pacquiao ganó por decisión unánime, y después se dirigió a la sala de prensa. Ahí estaba nada menos que Paris Hilton, sentada en el estrado junto a Jinkee, la esposa de Pacquiao. Hilton, como sabemos, es el símbolo del exceso monetario y otras virtudes muy poco piadosas. ¿Me importa la moral de Paris Hilton? No. En-lo-absoluto. Pero la decisión de Pacquiao de invitarla fue rara. Alerta informativa para quienes manejan su imagen: Manny le dedicó la pelea a los pobres. Tiene suficiente fama y carisma como para invitar a quien sea (por ejemplo a Bono,de U2) y mostrar su compromiso con la gente marginada, pero traer a Hilton le restó credibilidad a su mensaje. Y en las semanas siguientes, el boxeador filipino participaría en varias torpezas políticas más.

 

Su "maduración" no parecía un hecho, ni siquiera algo probable. Entonces, ¿por qué me había parecido que sí lo era?

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¿Por qué un periodista estadounidense se fijaría lo suficiente en Manny Pacquiao como para escribir un libro sobre él? Mi interés en Manny nació un día en el gimnasio Wild Card de Los Ángeles. Estaba entrevistando a Freddie Roach, el gran entrenador de boxeo, sobre una pelea próxima, pero él todo el tiempo quería hablar sobre Pacquiao. Esto fue antes de que el filipino se convirtiera en un ídolo mundial, o de que apareciera en todos los programas deportivos de la televisión. En ese entonces, Pacquiao era más que nada una sensación en su país.

 

Mientras exploraba su historia, me di cuenta de que representaba algo muy moderno en nuestro mundo: un deportista de un país en vías de desarrollo que había tenido la oportunidad de hacer ruido en la escena internacional. Su historia de mendigo a millonario era muy seductora, y él quería darle algo a su gente. Pacquiao también tenía carisma de sobra. Eran los inicios de su carrera, pero me pareció que con el tiempo Manny podría llegar a representar algo más grande, al estilo de Muhammad Ali.

 

¿Pero podría desarrollar la madurez necesaria para convertirse en un líder con ideas? A pesar de su falta de educación, era difícil apostar en su contra, y terminé por darle el beneficio de la duda. A muchos periodistas nos caía bien a nivel personal y queríamos que fuera exitoso.

 

Su historia se volvió popular entre la prensa especializada, y luego entre los principales periódicos. Incluso fue el tema central de un artículo de portada de la edición asiática de Time. Los periodistas le han tenido una enorme simpatía.

 

Todos estaban del lado de Manny. Los reporteros acudían al Wild Card a verlo entrenar, y observarlo era algo muy especial. Además de la belleza natural del asunto, Manny era divertido y carismático. Se hacía el tonto y se reía y sonreía y era -y es- imposible que te caiga mal. Sus logros en el ring eran apabullantes. Y la noción de que podía ser Presidente de Filipinas algún día sólo le añadía otro elemento delicioso a nuestra historia.

 

 

YO PEDÍ EL TINOLANG MANOK. Manny Pacquiao me lo pasó. Estaba sentado en el restaurante Nat?s Thai Food, en Hollywood, tratando de entrevistar a Manny Pacquiao. Él respondía algunas de las preguntas, otras las ignoraba. ¿Era yo el problema? Soy un periodista estadounidense. Soy un outsider. No hablo tagalog ni visayan.

 

Antes de entrevistarlo por primera vez, investigué sobre él. Consulté a un amigo periodista que habla filipino y había pasado tiempo con Pacquiao. ¿Algún consejo? Se rió. "No hay forma de entrevistar a Manny". ¿O sea? "Sin duda está al tanto de lo que pasa a su alrededor, pero no se concentra en ti. Te toca observarlo, más que hacerle preguntas".

 

No supe muy bien lo que me quiso decir. Pero tenía razón. "Entrevistar" a Pacquiao es una experiencia inusual. Atraer su atención es prácticamente imposible. Lo interrumpen constantemente: un mensaje de texto, un teléfono que le pasan para que le desee a un paciente hospitalizado que se mejore, o una miríada de distracciones más. Responde a las preguntas con lugares comunes y frases enlatadas. No da nada de sí mismo. En realidad eso no importa. En un mundo donde la gente desea ansiosamente que le hagan caso, la actitud de Pacquiao crea un misterio a su alrededor.

 

Su falta de interés en los medios occidentales (ha dejado plantados  a los de abc News, así como a grandes revistas y periódicos) ha tenido un impacto impresionante: los periodistas estadounidenses y británicos tienen tan poco material que repiten continuamente la historia de su vida; cuentan cómo el más pobre entre los pobres logró salir de la pobreza a través del box.

 

Y como Pacquiao ofrece tan poco (buscamos desesperadamente que sea Muhammad Ali pero, lástima, no lo es), nos vemos obligados a escribir sobre lo que lo rodea, los entrenadores, su séquito, etcétera. En más de una ocasión he visto a reporteros de The New York Times, Los Angeles Times, ap y otros medios internacionales rogar por una cita de Pacquiao. Ali habría capitalizado la oportunidad. Puede que parte del asunto sea el idioma, pero Pacquiao tiene la oportunidad de hablarle al mundo, y se niega.

 

Y luego están los periodistas filipinos que lo conocen muy bien pero  detestan confrontarlo. Prefieren trabajar a su alrededor en su zona de confort. No quieren que se les asocie con la proliferación de chismes sobre él, y no es propio hablar mal de un héroe nacional. ¿Qué ganarían? Se les negaría el acceso y millones de personas los despreciarían. Además, ¿no hay otros temas más serios de los que escribir en un país donde un tercio de la población vive con menos de un dólar al día?

 

La historia de Pacquiao hace llorar a todos, porque es el propio Pacquiao quien ha vivido tantas penurias y sin embargo muestra tanta clase, humildad y buen talante. Tiene 32 años, pero su sonrisa contagiosa y su comportamiento infantil hace que la gente se figure a un niño vendiendo cigarros en una esquina de la ciudad General Santos. Pacquiao refleja una culpa colectiva; su actitud alegre y su humildad nos liberan. ¿Qué más podemos hacer sino admirarlo?

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UNA NOcHE EN EL SUR de filipinas dormí en una camioneta. Pacquiao estaba de gira de campaña para el Congreso y yo lo estaba siguiendo. Sentía que para entenderlo de verdad era importante ver de dónde venía y cómo hablaba con su gente. Cuando dio un discurso, la multitud reaccionó con entusiasmo, como si fuera el Segundo Advenimiento de Jesucristo. Después fuimos a su casa, donde Pacquiao planeaba su estrategia con sus colaboradores políticos. Como se suponía que yo era un posible blanco de secuestro y no podía viajar seguro de regreso hasta General Santos sin guardias armados, dormí en la parte trasera de la camioneta.

 

Al final, una caravana de coches y guardias, y Pacquiao, condujeron hasta "Gen San". Pacquiao no había dormido en toda la noche y estaba de lo más atareado en su campaña. Su dedicación me mostró hasta qué punto le apasionaba su carrera política. ¿Qué ideas tenía? ¿Qué quería representar? En realidad no había articulado un mensaje concreto. Pero era fácil creer en él porque yo había hablado con decenas de personas que me habían contado cómo

 

les había pagado sus gastos médicos, dado dinero para comprar planes funerales, pagado becas escolares. Era inspirador. Sin embargo, más allá de sus esfuerzos humanitarios personales, ¿cómo pensaba crear políticas para ayudar a la gente en una escala mayor?

 

¿Quién le ayudaría a Manny Pacquiao a cumplir con su destino?

 

 

YA HE MENCIONADO al séquito de Pacquiao y cómo es que este grupo le ayuda al campeón a relajarse. Es como una familia de viaje, y puede parecer inofensiva. También he hablado de los aspectos menos íntegros del séquito y de cómo algunos miembros han hecho que Pacquiao pierda oportunidades importantes, como un contrato publicitario con Gatorade que le habría significado mucho dinero y habría difundido su imagen a millones de personas. Mientras que este grupo de amigos puede parecer cómico, también es símbolo de un liderazgo disfuncional.

 

Poco después de la publicación de mi biografía de Pacquiao, me contactó un programa de tv filipino de formato tabloide. Los productores me entrevistaron. Eran las 2 am en Los Ángeles. Había cierta frialdad en su actitud; me dijeron que mi libro estaba provocando controversia porque al séquito de Pacquiao "no le gustaba". La honestidad no siempre es bienvenida. Mi libro hablaba del gran número de gente que rodea a Pac-Man y sugería de manera discreta el lado disfuncional de la empresa. El productor del programa, que no había leído el libro, me dijo lo heridos que estaban con mis palabras. Todo era muy surrealista para mí, porque representaba una negación colectiva y un miedo de escuchar la verdad.

 

Los sentimientos del séquito en realidad no importan. Y, de hecho, se ha dicho que a raíz del libro las estrategias de negocios de Pacquiao han cambiado. Se contrató a un especialista para dirigir sus patrocinios y capitalizar su fama. Pero hay algo más grande en juego. La elección de aliados sí es relevante, en especial cuando se trata de su vida política. Hay una posibilidad muy real de que Manny Pacquiao sea Presidente de Filipinas algún día. Pero, ¿estará a la altura del reto?

 

La pobreza de los países en vías de desarrollo es un asunto extraordinariamente complejo. Más de una mente brillante ha tratado de resolver esta crisis. Que Pacquiao vaya a formular una solución sin precedentes quizá no sea factible, pero tiene suficiente carisma para atraer a grandes personajes hacia su causa. ¿Se convertirá en un líder serio, capaz de rodearse de las personas correctas para ilustrar su particular forma de pensar?

 

Luego de que Pacquiao llegó al gimnasio Wild Card en 2001, mejoró enormemente como boxeador bajo la tutela de Freddie Roach. ¿Tendrá un equivalente en materia política?

 

Hablé con Bob Arum, el promotor de Pacquiao, sobre sus actividades políticas actuales, pero no le dio mucha importancia. Le pregunté sobre el nivel de sus consejeros y si había habido una mejoría desde que se metió en la política.

 

"No", me dijo tajantemente. "Sigue rodeado del mismo tipo de gente. Tiene que traer colaboradores experimentados y confiables, que busquen lograr lo que él quiere lograr, que es tener un impacto en la pobreza. El equipo que tiene ahora no es un gran equipo. Sé que el grupo que tiene alrededor no es el correcto".

 

Citando el ejemplo de la reorganización que hizo con el asunto de los patrocinios, Arum predice, optimista, que el filipino se volverá un político efectivo. "Vino del más bajo estrato de la sociedad. Todo se está desarrollando. Igual que su derecha se desarrolló, ahora su cerebro se está desarrollando. Su capacidad de análisis es mucho mejor" ¿O no será cierto y nos estaremos engañando a nosotros mismos?

 

DESDE QUE ERA NIÑO, quería ayudar a la gente. Ése era su gran sueño. He ahí la ironía: el boxeo le ha dado la plataforma, pero también lo ha privado de la oportunidad de educarse.

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ES LA PARADOJA DE PACQUIAO

 

Manny juega un papel muy importante en las mentes de muchos filipinos. Desde el punto de vista de un extranjero, quizá superficial, es como un guerrero de la antigüedad que apareció en el siglo xxi. Tiene las visiones religiosas de las clases marginadas; cree en una estricta y literal interpretación de la doctrina católica. Por supuesto que la claridad de sus creencias es reconfortante para los devotos católicos, pero un grupo creciente de gente progresista está desarrollando un sistema de creencias más flexible. En voz baja -y en Twitter y en Facebook- hay jóvenes que ridiculizan la carrera de cantante de Pacquiao, su incursión en la política y su intelecto. Crea emociones encontradas.

 

Hay tantas esperanzas puestas en él que la situación resulta irracional y ridícula. Pero este boxeador es el mismo que dijo un día que quería ser Presidente, de modo que es importante investigar sus capacidades como líder y sus creencias, porque las consecuencias podrían ser enormes.

 

Tras la pelea con Mosley, dio una muestra de asombrosa ingenuidad política. Regresó a Manila y fue a la Basílica Menor del Nazareno Negro para su habitual misa de agradecimiento. Pero esta visita tenía matices políticos. Se puso una corbata morada para mostrar su apoyo a la iglesia católica contra el proyecto de ley sobre salud reproductiva (rh, por sus siglas en inglés), un proyecto de ley gubernamental para introducir en el país métodos anticonceptivos gratuitos e información sobre el sexo seguro.

 

Muchos expertos piensan que una de las principales causas de la pobreza en Filipinas es el hecho de que las familias de escasos recursoso tienen demasiados hijos. Y existe la preocupación de que la situación empeore. Un estudio mostró que 11.3 millones o el 27.2 por ciento de los filipinos mayores de 18 años estaban desempleados, y otro análisis del Banco Mundial reveló que el rápido crecimiento de la población reduciría aún más los salarios en la parte más baja de la escala social.

 

Para Pacquiao, la Biblia desbanca cualquier estudio, análisis económico o discusión temporal. Pacquiao, un hombre joven, resultó no ser un reformista, sino un tipo anticuado, severo; nada cool.

 

"Dios dijo vayan y multiplíquense", dijo Pacquiao después de reunirse con la Conferencia de Obispos Católicos de Filipinas. "No dijo vayan y tengan sólo uno o dos hijos".

 

Pacquiao argumentó que él no habría nacido nunca ni sería el mejor boxeador del mundo, libra por libra, si sus padres hubieran utilizado métodos anticonceptivos.

 

Manny se presentó en el Congreso para cuestionar al diputado Edcel Lagman, uno de los autores del proyecto de ley, egresado de la escuela de leyes de la Universidad de Filipinas. Comenzó diciendo que al país le vendría mejor que se concentraran en hacer leyes que disminuyan la pobreza. Lagman respondió: "El proyecto de ley es sólo una de las soluciones a la pobreza. Pero no la única. Si la combinamos con otras, entonces quizá podremos reducir la pobreza".

 

Pacquiao fue más lejos al cuestionar el gasto del gobierno en el programa de salud reproductiva. Las preguntas retóricas se utilizan para acorralar al oponente, pero Pacquiao se acorraló solo.

 

"¿Cuántos billones se gastarán al año? ¿No será un gran peso para los contribuyentes?"

 

Lagman dijo que el presupuesto sería relativamente pequeño en comparación con los principales proyectos gubernamentales, y citó la declaración del Fondo para la Infancia de las Naciones Unidas sobre el hecho de que la planificación familiar trae "mayor número de beneficios al mayor número de gente al menor costo".

 

"¿Vamos a negarle a nuestras madres y mujeres la oportunidad de evitar embarazos de alto riesgo?", preguntó Lagman, en alusión a las once mujeres filipinas que mueren diariamente dando a luz.

 

Pacquiao preguntó lo mismo una y otra vez y abogó por rezar.

 

"A diferencia de lo que sucede en sus combates de boxeo", me dijo por correo el columnista Recah Trinidad, "lo agarraron desprevenido y lo noquearon". Pacquiao parecía estar leyendo de un guión. Y también parecía estar atrapado en otro nudo: la senadora Miriam Defensor-Santiago, partidaria del proyecto de ley, lo acusó de comportarse como un "fundamentalista". Ella, con varios títulos de la Universidad de Filipinas y un doctorado en leyes por parte de la Universidad de Michigan, corrigió a Pacquiao en sus citas bíblicas y le dijo que había malinterpretado la Biblia. Y se quitó los guantes cuando dijo que había un "elemento de hipocresía", ya que Jinkee (esposa de Pacquiao) había dicho que tomaba píldoras anticonceptivas, mientras que el boxeador afirmó que recurrían sólo a la disciplina para espaciar a sus hijos. Jinkee salió en la televisión explicando que había usado anticonceptivos sin que su esposo lo supiera. A Pacquiao le pegaron un despiadado jab durante estos reportes cuando los programas retransmitieron las imágenes de una Jinkee abatida durante el "affair" de Pacquiao con la actriz Krista Ranillo. Nadie esperaba que Pacquiao se comportara como Churchill, ni siquiera como

 

Muhammad Ali, pero la torpeza con la que se conducía daba risa.

 

Independientemente de su lugar en el espectro ideológico, era clarísimo que Pacquiao había perdido un valioso capital político.

 

"La madurez de Manny Pacquiao", y todas sus esperanzadoras implicaciones, parecían poco fundadas. En el mejor de los casos.

 

 

 

¿CÓMO SE PUEDE CONTAR LA HISTORIA de Manny Pacquiao? Vino de la Ciudad del Polvo y se convirtió en uno de los más grandes boxeadores de la historia. Encarna una fábula hermosa sobre la posibilidad de revertir un destino terrible. Sigue siendo el niñote capaz de derretir al público con su risa y sonrisas contagiosas, y mostrar arte y brutalidad en el ring. Es una historia del siglo xxi. En barrios marginados de todo el mundo, es un símbolo de bondad y esperanza. Los boxeadores representan algo profundo para los pobres del mundo. Los boxeadores tienen que superar muchísimas cosas para volverse conquistadores. Esa experiencia puede erradicar muchas injusticias y es más satisfactoria que el dinero. Y más pura que la política.

 

También es una historia que no ha terminado. Puede que los rounds restantes de la vida de Manny no tengan la emoción de un combate de box, pero podrían ser los más importantes para él. ¿Podrá Pacquiao trascender su brillo como atleta y transformar su fama en algo útil para el bien público? ¿Utilizará esa fama para reducir la pobreza? Pacquiao peleó hace un mes, y probablemente siga peleando durante uno o dos años más, pero mientras su historia como boxeador llega a su fin, Manny espera emprender un asunto mucho más grande que su carrera en el cuadrilátero. Necesita usar su tiempo de manera inteligente. Dice que su preocupación principal ahora es cómo usar su influencia para ayudar a su gente. Pacquiao tiene razón: su verdadera pelea es contra la pobreza. Ojalá sea capaz de ganarla.