¿Por qué le temen a Ai Weiwei?

¿Por qué le temen a Ai Weiwei?

Las autoridades en China golpearon, encarcelaron y monitorean al reconocido artista. ¿Qué les preocupa tanto?

Por: Malcolm Moore | Fecha: 03/12/12

 

Cuando sale el sol en Beijing, Ai Weiwei hace lo mismo que muchos de los padres que viven en esta masiva metrópoli: todos los días lleva a su hijo de tres años al parque de su colonia para hacer un poco de ejercicio, siente la luz del sol y prueba el aire fresco. Un día antes de encontrarme con él, interrumpieron su rutina. "Me di cuenta de que había dos personas en el parque que me estaban siguiendo", me dice. Se trataba de la policía secreta.

 

Hace casi año y medio, el 22 de junio de 2011, el artista y activista chino de 54 años de edad fue liberado después de pasar 81 días encerrado en una cárcel secreta por presuntos "crímenes económicos" (evasión fiscal, en español). Desde entonces, Ai había procurado no llamar la atención (cosa que se terminó con su parodia en YouTube del famoso baile Gangnam Style). Aunque muchos creen que su arresto fue parte de una campaña emprendida por el gobierno en contra de sus críticos, ha impugnado el caso de evasión mientras cuenta los días que le quedan para cumplir un largo año de libertad condicional y prohibición para viajar. Cuando me reuní con él le quedaban 40 días para cumplirla, aunque reconoce que cuando identificó a los policías encubiertos, "me emocioné. Ninguno de ellos quería admitir que eran policías. Decían que ?eran personas caminando en el parque?. Pero era obvio. Les arrebaté una de sus cámaras. Eran policías y por supuesto que pueden ponerse muy agresivos, pero yo también puedo".

 

Después de forcejear con los policías, logró sacar una tarjeta de memoria de la cámara. "Cuando llegué a mi casa, puse la tarjeta en mi computadora y lo que vi fue impresionante. Eran imágenes de mis asistentes en el parque tomadas desde lejos, del restaurante en donde como, de una serie de hombres jóvenes y estudiantes en distintos lugares. Uno sabe que hacen estas cosas, pero verlo es distinto", dice. Para Ai, los enfrentamientos con el gobierno son rutinarios. Sus problemas empezaron hace seis años, primero a raíz de su actividad en su blog y después en microblogs como Sina Weibo, la versión china de Twitter, y van aumentando a la velocidad de la luz. Este año ha tenido que lidiar con los cargos por evasión fiscal y con una situación surrealista que le ha impedido interponer una demanda en contra de las autoridades fiscales. Luego, en junio, se presentaron los cargos de pornografía en su contra, que ahora se prepara para impugnar. Gracias a estos problemas legales, su creatividad y el tiempo que emplea para crear se están perdiendo en un laberinto de enredos burocráticos. Cada vez recurre con más frecuencia a las redes sociales para exponer sus circunstancias.

 

Ai ha criticado la postura de China sobre derechos humanos y democracia. En internet, se ha conectado con cientos de miles de simpatizantes. "Todos tenemos la responsabilidad de dar nuestra opinión", escribió en 2006, "de exponer aquellos principios que rigen nuestras vidas".

 

Declaraciones de este tipo lo llevaron a entrar en conflicto con el gobierno con mayor frecuencia. Culminaron con una crítica en contra de la corrupción que ocasionó que miles de niños murieran cuando sus endebles escuelas se derrumbaron en el temblor de Sichuan en 2008. Ai hizo una obra con mochilas, seis de las cuales cuelgan en las paredes de su estudio, y sus investigadores reunieron una lista con todos los nombres de los muertos. Cuando en 2009 viajó para asistir al juicio de Tan Zuoren, un activista en Sichuan que protestó en contra de lo acontecido, policías encubiertos lo golpearon hasta causarle una hemorragia cerebral y tuvo que someterse a una cirugía. El mismo año lo vetaron de todos los medios chinos y cerraron su blog. Sin embargo, continuó twitteando y sus críticas en contra del gobierno se agudizaron.

 

Ai Weiwei nació en Beijing en 1957, el mismo año en el que su padre Ai Qing, uno de los poetas revolucionarios más famosos de China, cayó en desgracia y el Partido Comunista lo exilió. Su madre, Gao Ying, trabajó en la Asociación de escritores de China y fue la tercera esposa de su padre. En 2007, en sus memorias, su madre escribió que su esposo abrió un diccionario para elegir el nombre de su hijo, dejó caer su dedo en un carácter que se pronunciaba "wei" y significaba "poder". Dado que las circunstancias de la familia habían empeorado de forma tan abrupta, su padre eligió otro carácter con el mismo sonido pero con otro significado: "todavía no".

 

Ai recuerda su infancia en Xinjiang, donde su familia vivió durante cinco años en una cueva subterránea. Recuerda que una vez reprendieron a su madre por robarse el alimento de las vacas a las que cuidaba. "Estaba consciente de todo: mi memoria empieza en esa época. No distinguía si algo estaba bien o mal. Cuando eres un niño y llueve, no te parece que sea malo. Cuando llovía había muchas goteras, así que poníamos tazas. Las distintas profundidades del agua emitían música y lo disfrutaba", dice.