Homo Ludens: Brindis por el séptimo arte

Homo Ludens: Brindis por el séptimo arte

En el cine están las respuestas a los acertijos que la vida te pone enfrente, dijo alguna vez Steve Martin.

Por Paulo Carreño | Fecha: 11/09/14

 

Pocas cosas disfruto más que ir al cine. Desde que era niño, la emoción se acumulaba apenas ponía un pie dentro del coche. El olor a palomitas de maíz, la butaca para mí solo y la sensación de estar en el umbral de una aventura en el momento justo en que apagaban las luces, eran lo más cercano a la felicidad absoluta. Al menos para mí. Puedo narrar detalles de mi infancia y adolescencia a partir de las películas que vi tanto en el cine Manacar como en el Dorado 70 o el Pedregal 70. En estas bodegas de dos pisos, que ya no existen, se podía aplicar la "permanencia voluntaria", es decir, tenías la oportunidad de ver la misma película una o dos veces consecutivas el mismo día y pagando un solo boleto (lo solía hacer para memorizar los diálogos). Aunque también había, muy de repente, una que otra rata en los pasillos que, para un adolescente como yo, sólo le agregaba emoción al plan.

 

Después llegaron los llamados Multicinemas (ocho o 10 mini salas en el mismo espacio donde antes cabía una), junto con el sistema Dolby Surround, un sonido muy superior al que estábamos acostumbrados y que en algo compensaba la incomodidad de los asientos diseñados para hobbits. Luego aterrizaron en el país los grandes complejos de Cinemark y el audio thx; poco tiempo después conocimos a Cinemex y Cinépolis, y como toda historia capitalista que se respete, las grandes cadenas acabaron con los pequeños -y grandotes, irónicamente- cines de antaño.

 

Algo muy bueno surgió de todo esto: las salas vip. Cines con menos butacas, de piel en buen estado y el doble de tamaño, que se reclinan casi hasta convertirse en camas; con mesitas a los lados, meseros razonablemente atentos y, muy importante, alcohol. No sólo cervezas o vino de segunda, como ya se servían desde hacía un par de décadas en algunas ciudades europeas, sino un muy correcto y bien servido Johnnie Walker Etiqueta Negra en las rocas. Sí, al placer inherente y bien conocido del llamado "séptimo arte", se le agregó comodidad y otro placer: el del whisky.

 

Este salto evolutivo, me hizo adicto (a estos cines, no vayan a creer que al w? bueno, para qué dar explicaciones). Sin importar demasiado que me digan "fresa", hoy escojo la película en función de la sala vip más cercana, y no a la inversa como antaño. Confieso que me cuesta trabajo resignarme con uno convencional, y al lugar al que viajo, siempre busco estas salas o su equivalente (en Vail, Colorado, por ejemplo, hay uno que llega al límite de tener una muy respetable carta de vinos y un atractivo menú de cena.

 

Sin embargo, hay algo no tan bueno que regresó en este proceso: las películas 3d. Y digo regresó, porque contrario a lo que algunos creen, la tecnología estereoscópica es casi tan longeva como el cine mismo (la primera película es de 1915).

 

A mí, la verdad, el 3d no me impresionó mucho de niño (Tiburón 3, mi primera película en 3d, ponía las piernas desmembradas de una bañista cerca de tu bolsa de "palomitas"), como tampoco me impactó la última que vi con mis hijos (La era del hielo 3). Y no sé si por contagio, imitación o sentido común, pero a ellos tampoco les encanta.

 

En esencia, con el 3d se interrumpió el proceso evolutivo lúdico y de comodidad en el que estábamos inmersos. Los lentes de plástico duro son incómodos, feos y por lo general están rayados u opacos. Además, cómo decirlo? de una u otra manera ya estuvieron posados sobre una o varias narices ajenas.

 

A juzgar por cómo va la industria, no obstante (no sólo la del cine, sino también la de los dvd, Blu-Ray, etcétera), la tecnología 3d llegó para quedarse y cada vez será más difícil encontrar una sala que no la tenga. De hecho, ya hay de 4d, con butacas móviles y sistemas de ambientación para hacerte sentir fuerza de gravedad en una caída, brisa marina en una escena frente a la playa u olores del lugar donde transcurre la película. Para lidiar con esto, sólo puedo sugerir resignación y whisky, mucho whisky en cada ida al cine? por supuesto, vip. ¡Mesero!

 

 

Reglas Homo Ludens para el cine VIP

No. 001: La butaca puede parecer una cama, pero no lo es.

No. 002: Dicho lo anterior, si eres mayor de 7 años, los zapatos deberán permanecer en tus pies en todo momento y sin excepción.

No. 003: Bebidas permitidas: todas las que vende el establecimiento al que asistas y que puedas beber en silencio (si no eres capaz de hacerlo, no deberías ir al cine, entre otros lugares públicos).

No. 004: Bebidas no permitidas: "Muppets", "Cucarachas" y "Ráfagas".

No. 005: Entre parejas, tomarse de la mano: siempre; abrazarse: a veces; uno sobre el otro: nunca (ni siquiera en las películas con clasificación C).