SUDÁFRICA: Detrás de la matanza

SUDÁFRICA: Detrás de la matanza

La masacre en la mina Marikana, es la punta del iceberg de la crisis de corrupción y elitismo que sufre Sudáfrica

Por Témoris Grecko | Fecha: 11/09/14

 

En los alrededores de la mina Marikana, 100 kilómetros al noroeste de Johannesburgo, Sudáfrica, pelotones policiacos comandados por oficiales blancos encerraron a los mineros negros en huelga en un inmenso corral de alambre de púas, que taponaron con camiones blindados. Un grupo de trabajadores intentó escapar: fue recibido con una cerrada descarga de fuego que duró tres minutos. Treinta y cuatro personas murieron ahí.

 

Esto no es algo que se ve en el Museo del Apartheid, ocurrido hace 20 años, en tiempos del régimen racista blanco. "Creíamos que estábamos teniendo una pesadilla cuando vimos las imágenes de Marikana", declaró el arzobispo anglicano Desmond Tutu, cuya heroica lucha contra el apartheid fue honrada con el Premio Nobel de la Paz en 1984. "¿Esos éramos nosotros? ¡No! Debía ser una imagen de los días horribles de las injusticias y la opresión. Pero no, sí que éramos nosotros, en 2012, en nuestra democracia."

 

La sensación de haber recaído en una olvidada pesadilla fue peor cuando la fiscalía revivió una ley de esa época, injusta y abusiva como era el estilo de aquel régimen, y acusó a los 274 mineros detenidos por las muertes de sus propios compañeros.

 

"Sí? nos sentimos arrojados brutalmente al pasado", dice el periodista sudafricano Lukanyo Bhaqwa. El contexto del drama, sin embargo, hizo que los sudafricanos se dieran cuenta de que ni el pasado ni la pesadilla se habían ido jamás. Las promesas de la Rainbow Nation, la Nación Arcoíris de y para todas las razas que fundó Nelson Mandela en 1994, todavía están lejos de cumplirse. Persisten el racismo, la pobreza, la explotación y la desesperanza.

 

Conocí a Lukanyo en Johannesburgo, en mayo de 2005, y volvimos a conversar en septiembre de 2012. Le conté mi experiencia en México hace siete años, cuando reportar, como lo hice, que en Sudáfrica se practicaba un racismo clasista contra los blancos pobres, que sólo una pequeña élite de negros se había beneficiado del nuevo orden de cosas y que para la mayoría todo iba peor, fue considerado "políticamente incorrecto" y digno de

 

"Si eso ocurría allá, imagina cómo ha sido en Sudáfrica", dijo Lukanyo, nacido en la tribu xhosa y que, como tantos de sus compatriotas, debió soportar una mordaza social e intelectual. "Estaba mal señalar las deficiencias del gobierno del Congreso Nacional Africano (cna). Era como traicionar su esfuerzo histórico, la lucha por la liberación. Te calificaban de racista contra tu propia raza, de esclavo intelectual de los blancos."

 

Los problemas existían, aunque los negaran. La masacre de Marikana solo fue la expresión sangrienta de las fracturas sociales existentes y de la crisis a la que está arribando el sistema post-apartheid. El descontento está siendo canalizado por políticos en busca de causas para promover agendas personales.

 

El más destacado es Julius Malema, un xhosa de 31 años que ha sido condenado por sostener un discurso de odio contra los blancos; que es sujeto de investigaciones por corrupción; que se manifiesta admirador de uno de los dictadores africanos más desastrosos, el presidente zimbabuense Robert Mugabe; que se está montando en el movimiento minero para llamar a una "revolución económica"; que ha empezado a movilizar a grupos de soldados; y que, ante un vacío de liderazgo en el país, está logrando ser visto por muchos como el dirigente que le falta a la nación.

 

¿Sorprendente? Era una de las consecuencias previsibles para un régimen de partido hegemónico, instalado con tal consenso nacional e internacional que logró crear un clima de censura hacia la crítica, y en el que los principios de justicia social fueron desplazados por los intereses de las cúpulas políticas y empresariales.

 

Ésta es la historia de una nación que está cerca de perder el arcoíris y quedarse de nuevo con los dos colores que han predominado a lo largo de su historia: no el negro y el blanco, sino el amarillo del oro y el rojo de la sangre.

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LA HAZAÑA DE MANDELA

 

De 94 años de edad, Nelson Mandela se ganó un lugar como una de las figuras más importantes del siglo xx a causa de su voluntad y capacidad de establecer acuerdos y crear armonía, ahí donde todo apuntaba al desastre. Tras pasar 27 años en la cárcel por su actividad antirracista, Mandela salió en 1990 a encontrar una Sudáfrica a punto de precipitarse en un abismo de violencia interracial.

 

¿Blancos contra negros? Era mucho más complicado que eso. Por un lado, los blancos estaban divididos en dos: una mayoría de afrikáners -antes llamados "bóers"- de lejano origen holandés (sus primeros antecesores llegaron en 1652), compuesta por personas extremadamente religiosas, poco educadas, que dependían de los empleos públicos y a quienes se culpó de haber impuesto el apartheid, y los llamados "ingleses", sudafricanos descendientes de colonos británicos, que establecieron las minas de oro, los bancos y los comercios y se dedicaron a enriquecerse mientras los afrikáners leían la Biblia y reprimían negros. Los "ingleses" fueron los beneficiarios directos del sistema racista, gracias a que les aseguraba la mano de obra barata de los negros, aunque siguen rechazando toda responsabilidad política por el apartheid.

 

Entre esas comunidades existían profundas rencillas desde las dos guerras anglo-bóers (1880-81 y 1899-1902), en las que las tropas británicas aplastaron a los afrikáners con tácticas para diezmar a la población civil que después usaron los nazis en Europa.

 

Tampoco los negros se llevaban bien entre sí. Las rivalidades entre las nueve tribus principales se convirtieron en enfrentamientos armados que involucraron a las dos más importantes: los xhosa de Mandela y sus aliados dentro del cna, y el Partido de la Libertad Inkatha de los zulúes.

 

Además, había otras minorías que sufrían diversos grados de discriminación: los indios (el mahatma Gandhi fue un trabajador en Sudáfrica en su juventud), los musulmanes y los llamados "coloured", mulatos a quienes se reconocía un estatus superior al de los negros, pero siempre inferior al de los blancos.

 

Se temía que la lucha por la libertad y la represión del gobierno degeneraran en una confrontación de todos contra todos, y que esto a su vez provocara grandes masacres y dividiera al país en pequeñas naciones monoétnicas en guerra unas con otras. El oro y la sangre, signos de la historia sudafricana desde la colonización inglesa, representaban el explosivo estado de ánimo de muchos: codicia y desigualdad, rencores y deseo de venganza.

 

Hacía falta un líder formidable para que convenciera a unos y a otros de que poner los agravios por delante era cancelar el futuro de todos. La nueva bandera sudafricana, una de las más bellas del mundo, resume la hazaña de Mandela: dos líneas diagonales se encuentran y transforman en una sola, a manera de "Y" acostada hacia la izquierda, como convergen los pueblos en una identidad nacional compartida. La enseña de la Rainbow Nation representa cromáticamente a todas las etnias y su voluntad de convivir.

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LOS CUATRO FANTÁSTICOS

 

La promesa para la mayoría negra, un 80 por ciento de los 50 millones de sudafricanos de hoy, era resolver los problemas de la injusticia: acabar con la discriminación racial, por supuesto, pero también con las desigualdades provocadas por un sistema que enriqueció a unos condenando a la miseria a otros, con base en el color de piel.

 

Mandela ganó las primeras elecciones democráticas en 1994 con las dos terceras partes de los votos, y para elevar el nivel de vida de los negros, les abrió las puertas de los empleos públicos. La economía privada, sin embargo, siguió en manos de blancos: desde la propiedad de las empresas y los puestos ejecutivos, hasta los trabajos más simples. La administración de Thabo Mbeki, el sucesor de Mandela que gobernó dos quinquenios, de 1999 a 2009, se fijó el objetivo de cambiar esta situación y estableció una política llamada bee, Black Economic Empowerment o Empoderamiento Económico Negro.

 

La estrategia consistió en hacer que las compañías incorporaran personal negro y femenino en todos los niveles, desde los puestos más bajos hasta los directivos, y que convirtieran a estos empleados en copropietarios. Si una empresa quería concursar en licitaciones estatales, debía formar parte del bee y ganar cien puntos en el programa, de acuerdo con la evaluación de una oficina pública dedicada a ello.

 

Los detractores del bee denunciaron que las prioridades de asignación de puntos no obedecían a criterios de mejoramiento de una mayoría, sino a la entronización de una cúpula negra: sólo el 40 por ciento de los puntos se daba a quienes crearan nuevos empleos para negros y mujeres y capacitaran a sus trabajadores, mientras que el 60 por ciento del puntaje correspondía a integrar a negros y mujeres en la dirección y la propiedad de las compañías.

 

Para cumplir con el bee, las compañías más poderosas buscaron a negros con enorme influencia política en el cna y el gobierno, a quienes les dieron acciones e incorporaron en puestos directivos. Entre estas figuras destacó "The Fab Four", un cuarteto de dirigentes políticos reconvertidos en grandes magnates. Son los siguientes:

 

Saki Macozoma, quien fue el responsable de comunicaciones del cna cuando esta organización era clandestina y fue miembro de su Comité Ejecutivo Nacional (cen) de 1991 a 2008. En la actualidad es presidente de Business Leadership South Africa, del Big Business Working Group y del Business Trust. También es presidente o vicepresidente de una serie de grandes empresas, como el Standard Bank, uno de los más grandes de África.

 

Su compañero de lucha, Tokyo Sexwale, fue jefe del brazo guerrillero del cna, Umkhonto we Sizwe ("lanza de la nación"), miembro del cen del cna, gobernador de la provincia de Gauteng (donde está Johannesburgo y el cinturón minero) y, desde 2009, Ministro de Asentamientos Humanos. Él y Macozoma pasaron años en prisión, cerca de Mandela. Su empresa Mvelaphanda Mining es la tercera más importante en la industria de los diamantes, y ha incursionado en el oro y otras áreas. Su nombre aparece en una lista de la onu de personas que presuntamente realizaron transacciones ilegales dentro de un programa de la onu, Petróleo por Alimentos, establecido para el Irak de Sadam Husein.

 

El único de The Fab Four que no fue miembro del cna es Patrice Motsepe, otro magnate de la minería. Su hermana Bridgette se casó con el ministro de Transportes Jeffrey Radebe y, de acuerdo con un reportaje de la revista Forbes (24 de marzo de 2008), fue gracias a esta conexión que se hizo indispensable para las grandes compañías que lo invitaron a asociarse.

 

El más interesante para nuestra historia es Cyril Ramaphosa, un abogado que tuvo un papel crucial en las negociaciones que dieron fin al apartheid, y que fortaleció al cna al fundar la poderosa Unión Nacional de Mineros, con la que puso en jaque a la industria fundamental de la economía sudafricana. Fue también un pilar para la creación de Cosatu (Confederación Sudafricana de Sindicatos) y sigue siendo uno de los principales dirigentes del cna, considerado en varias ocasiones como posible candidato a la Presidencia del país.

 

Esto no lo ha distraído de los negocios: es presidente de importantes compañías como el Shanduka Group, con inversiones en energía, bienes raíces, banca, seguros y telecomunicaciones, y de la empresa de telefonía móvil mtn, activa en toda África. Es integrante de los consejos de asesores internacionales de Coca-Cola y de Unilever, y fue el primer vice-presidente del Commonwealth Business Council. En el ámbito de la minería, a través del Shanduka Group se asoció con la importante minera británica Lonmin, que en 2009 le dio un asiento en su mesa de directores.

 

En junio de 2005, Macozoma declaró a la prensa que las críticas contra el bee sólo provenían de los blancos y que, por eso, eran "racistas": "No apoyaría un sistema de libre empresa que tolerara la pobreza", dijo Macozoma, "pero cinco o seis de nosotros repartidos por la economía podemos conseguir un cambio fundamental".

 

Uno de los líderes más queridos de la lucha contra el apartheid había anticipado, sin embargo, lo que pasaría con The Fab Four. "Lo que temo es que los libertadores se revelen a sí mismos como elitistas", declaró Chris Hani en 1992, poco antes de morir asesinado, "que conduzcan un Mercedes Benz y usen los recursos del país para vivir en palacios y acumular riqueza".

 

Los números no sugieren que el bee haya obtenido los resultados que se deseaban. Aunque los no blancos forman el 90 por ciento de la población, sólo el cuatro por ciento de las empresas que cotizan en la bolsa de valores está controlado por gente como ellos, según la oficina nacional de estadísticas. El 27 por ciento se encuentra en manos extranjeras y el 69 por ciento pertenece a los blancos. Entre quienes ganan más de 60 mil dólares anuales, se cuentan unos 100 mil blancos y unos 5 mil negros. Durante la década pasada, 300 mil negros alcanzaron el rango medio de sueldos (de 13 mil a 23 mil dólares anuales), pero eso le sirve de escaso consuelo a la mayoría negra: el desempleo llega al 25 por ciento.

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LO QUE NO SE DEBE DECIR

 

En mi reportaje de 2005 informaba que, además, había un gran sector de blancos que sufría discriminación, el de bajos ingresos, principalmente los afrikáners. Eran ellos quienes tenían los empleos públicos que les entregaron a los negros durante el gobierno de Mandela, y bajo la administración de Thabo Mbeki, estos blancos pobres  se vieron excluidos del trabajo en la iniciativa privada, reservado a negros y blancos con mejor preparación y más conexiones.

 

Mi conclusión fue que la visión optimista de Sudáfrica -la de un país económicamente pujante, que había evitado caer en los conflictos endémicos de África, estaba superando las rivalidades raciales y sacaba gente de la pobreza para crear una flamante clase media- tenía que ser matizada con la parte que no se quería ver, una realidad que tenía el potencial para amenazar el sueño de la Rainbow Nation. El gobierno practicaba una política racista contra los blancos pobres, que no beneficiaba a la mayoría empobrecida de los negros y que ensanchaba la brecha social al consolidar y enriquecer a la cúpula empresarial blanca "inglesa" de siempre, aderezada con algunos negros de la nueva élite salida del cna.

 

Eso no fue bien aceptado en México. El director de una prestigiosa revista de periodismo narrativo terminó por desechar mi texto porque le pareció "racista". Su editor en jefe me explicó hace poco que "en aquel momento, lo que decías era considerado como algo políticamente incorrecto" (eventualmente, el reportaje fue publicado en otras revistas y esa historia apareció en mi libro Asante África, que ganó el Premio Eurostars de Narrativa de Viajes 2008).

 

Cuando le conté lo anterior, Lukanyo se rió. "¿Desde cuándo es políticamente incorrecto denunciar las mentiras, la corrupción y el racismo?", replicó. "Por supuesto, la crítica no es racista. Pero por muchos años, aquí en Sudáfrica, cuando los blancos criticaban las políticas del cna, los llamaban racistas. Y cuando lo hacíamos los negros, nos culpaban de esclavitud intelectual. No se nos quiso escuchar cuando advertimos que las promesas se estaban incumpliendo, que el descontento social crecía, que se estaban dando las condiciones para enfrentamientos violentos, y que éstos podrían adquirir un carácter racial. Si Mandela se propuso crear una Nación Arcoíris, tipos como Julius Malema la sabotean porque sólo pueden crecer políticamente promoviendo el odio entre razas."

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MATA AL BÓER

 

Malema no fue el primero en aprovechar el descontento. Jacob Zuma, un dirigente zulú muy popular, se apoyó en los sindicatos de Cosatu, en el Partido Comunista Sudafricano y en la Liga Juvenil, todas organizaciones integrantes del cna, para montar una campaña de denuncia contra el presidente Thabo Mbeki y sus asociados, acusándolos de estar interesados solo en hacerse ricos, de imponer políticas neoliberales y de traicionar a la mayoría pobre de los negros. Así logró reemplazar a Mbeki como secretario general del cna, en 2008, y fue electo presidente del país en mayo de 2009.

 

Su gobierno no cambió mucho, y pronto surgieron opositores entre sus antiguos aliados. El más destacado fue Malema, quien se había hecho elegir violentamente líder de la Liga Juvenil en 2008 y había llegado a declarar que "podría matar" por Zuma. Luego se volvió en su contra, asegurando que el mandatario había pactado con la oligarquía empresarial, y ganó popularidad al asumir posturas extremas, como instigar el odio contra los blancos.

 

Malema reclama ser el heredero de la lucha de liberación contra el apartheid, pero su modelo no es Mandela, sino el hombre que puede ser considerado el mejor ejemplo de lo que es no ser Mandela: Robert Mugabe condujo la campaña contra el gobierno racista de Rhodesia del Sur hasta la independencia, en 1980, fue el primer presidente de Zimbabue y? el único, todavía. Ha destruido la que fue una de las economías más prósperas de África, ha empobrecido a sus compatriotas, ha desarrollado políticas racistas contra los zimbabuenses blancos y ha mantenido el poder mediante la represión sangrienta, las masacres y los asesinatos.

 

En 2010, durante una visita a Zimbabue, Malema presentó el apoyo irrestricto de la Liga Juvenil a Mugabe, a quien consideró un héroe, y condenó a sus rivales. El cna, cuyo gobierno tenía la responsabilidad de ser árbitro entre el mandatario zimbabueano y la oposición, reprobó el gesto de Malema.

 

En paralelo, el joven dirigente sostenía una campaña de condena contra la población blanca sudafricana y usaba un antiguo himno de lucha llamado "Shoot the Boer" (dispárale al bóer, en referencia a los afrikáners), que llama a asesinar blancos y que está legalmente prohibido por su contenido racista. Durante 2011, organizó manifestaciones con el lema "Sudáfrica sólo para los negros". En septiembre de ese año, un juzgado halló a Malema culpable de promover el odio interracial y le impuso una multa. En abril de 2012, por ésta y otras faltas de disciplina, como agresiones y amenazas contra periodistas, fraude, lavado de dinero y corrupción al hacerse de contratos públicos, fue expulsado del cna y de la Liga Juvenil.

 

Hoy de 31 años, Malema buscó cómo regresar a la política nacional. La historia le marcó el camino: el movimiento de mineros que creó Cyril Ramaphosa fue una de las fuerzas más poderosas del cna. Históricamente, la economía del país ha descansado en la minería (es el primer productor mundial de platino, con un 78 por ciento del mercado global, y aunque ahora "sólo" es el segundo de oro, con 12 por ciento, hasta 1993 fue el mayor, con 30 por ciento) y el impacto que tuvieron las huelgas que impulsaron la Unión Nacional de Mineros (unm) de Ramaphosa resultó determinante para vencer la resistencia del gobierno blanco del apartheid.

 

Malema detectó que el que los mineros hayan jugado un papel clave en la lucha de liberación no significó que sus condiciones de vida mejoraran. Convenció a muchos de que la unm no representaba sus intereses y les pidió apoyar a la rival Asociación de Mineros y Sindicato de Construcción (amsc). Propuso la nacionalización de los recursos minerales y exigió que se triplicaran los sueldos.

 

Los trabajadores de la mina de platino Marikana, explotada por la compañía británica Lonmin, entraron en huelga en demanda de que se elevara su salario mensual de 4 mil rands ($480 dólares) a 12 mil 500 rands ($1,500 dólares).

 

"Todo lo que ven" los mineros, dice Jay Naydoo, ex secretario general de Cosatu y ex ministro del gobierno, "es la obscenidad de la riqueza enorme y el crecimiento del abismo de desigualdad. Las minas de platino donde trabajan producen un metal precioso del que se hace joyería exorbitante que adorna los cuellos de los ricos, y convertidores catalíticos para los coches caros que maneja la clase media. En cambio, ellos viven en casuchas, en asentamientos irregulares de pobreza, sin servicios. Se sienten indignados".

 

El parón económico en Europa ha provocado un descenso en la producción de autos y, por ello, una caída en los precios del platino, de 2 mil 250 dólares por onza troy en marzo de 2008 hasta 1,396 dólares el 1 de agosto de 2012. Aunque la matanza de Marikana, paradójicamente, los hizo subir hasta un tope de 1,526 dólares el 22 de agosto, las perspectivas económicas de las empresas del ramo siguen siendo consideradas malas y Lonmin asegura que no puede asumir alzas salariales.

 

Este argumento suena hueco en los oídos de los mineros, que saben que Ian Farmer, presidente de Lonmin, ganó 15 millones de rands (1 millón 800 mil dólares, según Businessweek) en 2011, por concepto de sueldos y bonos. Según la empresa, la amsc de Malema ya agrupa al 21 por ciento de los 28 mil trabajadores de Lonmin en todo el país.

 

Y cuando el carisma de Malema no es suficiente, el mecanismo de afiliación no sólo es por convencimiento. La Cosatu, a la que está afiliada la unm y que sigue siendo aliada del presidente Zuma, denunció que la minoría de afiliados a la amsc promueve "la violencia como una estrategia política para intimidar a los trabajadores y forzarlos" a unírsele.

 

La huelga en Marikana empezó el 14 de agosto y pronto dejó 10 muertos: dos policías, dos guardias de seguridad y seis mineros asesinados en enfrentamientos entre los dos sindicatos. Hasta ese momento, acusado de generar divisiones, Malema tenía a la opinión pública en contra. Entonces vino la masacre.

 

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LAS ACCIONES DE RAMAPHOSA

 

El 16 de agosto, la policía tenía órdenes de evitar que los tres mil trabajadores, que estaban armados con palos, machetes y lanzas tribales, impidieran el acceso al centro laboral a otros empleados. Para lograrlo, los forzaron a entrar en un área cercada con alambre de púas y los encerraron, bloqueando la entrada con camiones blindados. Cuando un grupo de mineros trató de escapar, el fuego de un centenar de armas mató a 34. Es posible que algunos podrían haber sobrevivido, pero las ambulancias tardaron una hora en llegar. Durante la jornada, otros 78 mineros resultaron heridos y 257 cayeron presos.

 

La masacre de Marikana trastocó el escenario político. La sociedad recordó matanzas del apartheid. El gobierno de Zuma formó una comisión para investigar la actuación policiaca, le exigió a Lonmin retirar la amenaza de despedir a los mineros y guardó silencio.

 

Ante la negativa de las autoridades a explicar su plan para evitar más tragedias, ya que "el presidente ha decretado que se mantenga el duelo toda la semana", el diario Mail 3Guardian tituló el 22 de agosto: "El gobierno no quiere hablar; está de luto". Esto, a pesar de que Zuma había aparecido en la televisión dominical, tres días después de la matanza, a comentar en tono relajado la boda de una de sus hijas y decir que el que las mujeres no se casen "es un problema en la sociedad", pues "es una distorsión; tienes que tener niños".

 

La actitud de Malema no pudo contrastar más: "Ustedes nunca deben retirarse, incluso frente a la muerte", dijo en un mitin a los dolientes en Marikana, a 48 horas de la tragedia.

 

Y se lanzó contra Ramaphosa, recordando que el antiguo héroe de los mineros se había convertido en patrón, sentado junto a los directivos blancos de la empresa dueña de la mina: "Lonmin tiene altas conexiones políticas, por eso mataron a nuestra gente. Los mataron para proteger las acciones de Cyril Ramaphosa".

 

El 30 de agosto, la fiscalía decidió presentar cargos por homicidio contra los mineros detenidos. Lo hizo con base en una ley de tiempos del apartheid, según la cual todas las personas que intervienen en una protesta en la que se producen enfrentamientos con la policía, son responsables penalmente si se produce la muerte de alguno de los agentes o manifestantes. El escándalo forzó la retirada de la acusación apenas tres días después, tiempo suficiente para profundizar esa sensación de dejà vu, de retorno a la pesadilla.

 

La matanza reforzó, antes que debilitar,  la determinación de los mineros de seguir adelante. "Ya ha muerto gente, así que no nos queda nada más que perder", declaró el trabajador Kaizer Madiba al diario South African Times (17 de agosto). "Seguiremos peleando por lo que creemos que es una lucha legítima por salarios para vivir. Preferiríamos morir como nuestros camaradas antes que echarnos para atrás."

 

La resistencia de los mineros de Marikana fue tomada como una gesta heroica digna de ser imitada. Se iniciaron huelgas en otras extractoras de platino y en la industria del oro, y amenazaban con inspirar también a sectores muy diferentes, como el militar. El 12 de septiembre, Malema se reunió con un centenar de miembros del ejército, descontentos por temas laborales, a quienes dijo que no organizaría un motín: "Sí, admitimos que no nos gusta el actual liderazgo, pero usaremos métodos democráticos para deponerlo".

 

"Quiere poner a los soldados contra el Estado", respondió la ministra de Defensa, Nosiviwe Mapisa-Nqakula. "Malema está haciendo lo que Zuma debería haber hecho", terció el sindicato de trabajadores de las fuerzas armadas: "El presidente no ha movido un dedo para resolver la terrible situación de los soldados".

 

En medio de un vacío de liderazgo en el gobierno y en el cna, figuras como Malema encuentran el espacio que necesitan para proyectarse. El 23 de agosto, durante el funeral de los caídos en la masacre, Malema pidió la renuncia de Zuma, pues "el gobierno democráticamente electo se ha vuelto contra su pueblo", y exigió la nacionalización de las minas: "No nos detendremos hasta que los blancos accedan".

 

"Mucha gente morirá mientras peleamos por libertad económica", sentenció Malema, alentando los cánticos de guerra de tres mil mineros en huelga. Otro signo de que el arcoíris se está volviendo a entintar de sangre y oro.