Homo Ludens: Di

Homo Ludens: Di "no" a los disfraces

Nuestro columnista es un enemigo de las fiestas temáticas. Si no pudiste rechazar la invitación, lee los consejos que tiene para ti.

Por: Paulo Carreño | Fecha: 19/10/12

 

Cuando hojeo una revista de sociales (por un descuido imperdonable, aclaro), confirmo una cosa: de todos los eventos, el que más pena ajena me da es el de las fiestas de disfraces de los adultos. No entiendo el voyeurismo que permite la entrada e invita, no sólo al espacio íntimo, sino a hacer el ridículo. La imagen de personas mayores de edad disfrazadas de Batman, Spider-Man, enfermeras o monjas, literalmente, me enchina la piel.

 

Ruego a mis amables lectores que no me malentiendan: no estoy (tan) amargado. Desde luego que disfruto de una buena fiesta de disfraces (dos memorables vienen a mi memoria: una "ochentera" muy reciente en la que juro que estuve bebiendo con Amanda Miguel y Diego Verdaguer, y otra, en Miami, donde me tomé unos 18 whiskys con popote a través de una máscara de Freddy Krueger y naturalmente protagonicé mi propia pesadilla en la calle del infierno). A la edad que tengo, no obstante, confieso que prefiero las fiestas que no respetan dinámica alguna, las que simplemente fluyen entre buena música, mejor alcohol e insuperable conversación. Los disfraces y la parafernalia de Halloween, por ende, se las dejo a los niños.

 

Pero es octubre y los lectores de Esquire, hombres y mujeres de mucho mundo, recibirán varias invitaciones a fiestas de este tipo. Para ellos son estas líneas y las siguientes recomendaciones.

 

¿Te hicieron una invitación para una fiesta de disfraces? Si la respuesta es "sí", piénsalo bien. ¿Insistes en ir? Vuélvelo a pensar. ¿La respuesta todavía es "sí"? Analiza las posibilidades para tu disfraz y descártalas todas. Nunca máscara ni maquillaje y, una vez resuelto lo obvio, es decir, que a ti no te importa llevar el mejor disfraz de la fiesta, consigue una camisa negra con cuello "Mao" y un collarín blanco. Perfecto. Eres un sacerdote y tienes un disfraz cómodo y discreto. Repite la secuencia cuantas veces sea necesaria.

 

En resumen: además de pensar muy bien a qué fiestas asistir (y sobre todo a cuáles no), mi sugerencia apunta al confort, elegancia y discreción. El subutilizado smoking de las bodas y eventos de gala, por ejemplo, con un chaleco vintage de seda y un sombrero de copa, te pueden convertir rápidamente en mago, director de circo o hasta en un sobrio Conde Drácula (mi favorito, con moño rojo, sin el chaleco y el sombrero: Hugh Hefner).

 

El secreto, en todo caso, es tener algo que te permita superar la aduana del disfraz y pasar un buen rato sin llamar demasiado la atención. Hablando de pasar un buen rato, comparto estas sugerencias para beber en este mes de las brujas. Después de todo, si en algún momento está justificado dejar a un lado el whisky en las rocas en vaso old fashioned, es precisamente cuando por arte de un disfraz dejamos de ser nosotros mismos.

 

En primer lugar, fácil de preparar, está el "Hombre Lobo" (cerveza oscura y ginebra). Algo más elaborado, tenemos al pantanoso "Gin Fizz" (Ginebra, licor de menta, jugo de limón, soda, hielo y dos claras de huevo). Finalmente, la madre de todas las bebidas para este próximo Halloween: el "Zombie" (cuatro tipos de ron -añejo, oscuro, dorado y blanco-, jugo de piña, papaya, hielo y azúcar). Dos de estos garantizan la posibilidad de salir de tu propia tumba una vez diagnosticada la correspondiente cirrosis.

 

Y recuerda: huye de los paparazzi y fotógrafos de ocasión como de la luna llena, pues aunque no hay que creer en ellos? ¡existen! Y más pronto de lo que pienses, verás tus fotos publicadas en Facebook.

 

 

 

 


Reglas Homo Ludens de los disfraces

No. 001: En orden descendente, los disfraces menos originales son: de políticos, de superhéroes y de Michael Jackson.

No. 002: Hay pocas cosas más atractivas que una mujer guapa disfrazada de hombre formal (ejemplo: Kim Basinger en 91/2 Weeks).

No. 003: Por el contrario, no hay nada menos atractivo que un hombre feo disfrazado de mujer (ejemplo: Robin Williams en Mrs. Doubtfire).

No. 004: La excepción para ambas reglas: Glenn Close como Albert Nobbs.