Arden las elecciones en USA

Arden las elecciones en USA

Obama tuvo la ayuda de Hillary Clinton y Mitt Romney para superar la crisis del video de Mahoma. Pero no es tan fácil.

Por Témoris Grecko | Fecha: 11/09/14

 

 

En Medio Oriente pocas cosas se pueden dar por seguras, más allá del momento preciso en que se conocen, y esto es peor cuando se presentan en conjunción con la volatilidad de las campañas presidenciales en Estados Unidos. Asumiendo los riesgos, al cierre de esta edición podemos decir que el presidente Barack Obama y su secretaria de Estado, Hillary Clinton, manejaron razonablemente bien una crisis que tenía el potencial de descarrilar la reelección del primero; además, para esto contaron con la ayuda del contendiente republicano, Mitt Romney.

 

Cien años de arrogancia imperial le enseñaron al mundo que uno no puede andar por ahí matando embajadores estadounidenses sin pagarlo caro. Como declaró el 18 de septiembre Salman Rushdie al canal de noticias msnbc: la realización de un video de sorprendentemente mala factura, en tiempos electorales y plagado de bajas ofensas contra el profeta Mahoma, estaba -claramente pensado para provocar, y obviamente desató una reacción mucho más grande de la esperada-, esto es, protestas en varios países que culminaron con numerosas muertes, incluidas la del representante de Washington en Libia, Christopher Stevens, y tres compatriotas suyos, este 11 de septiembre.

 

Ya no son los tiempos en que Estados Unidos podía hacer cualquier cosa y salir impune. Ronald Reagan no hubiese parado sin destruir unos cuantos edificios llenos de supuestos temibles terroristas, por lo menos. Obama y Clinton sabían que una reacción excesiva conduciría a un agravamiento de las cosas. Lidiaban también, por supuesto, con el hecho de que muchos de sus electores desconocen o se niegan a aceptar esta realidad, la de una disminución del poder de su país, y querrían ver volar los misiles Tomahawk.

 

Con eso contaban los fabricantes del video: no con la muerte de Stevens, pero sí con manifestaciones de extremistas que, expuestas en las pantallas televisivas, justificarían su argumento de que todos los musulmanes son unos salvajes peligrosos y forzarían a Obama a cometer un error: o excederse con un típico desplante presidencial de machismo que le complicara el escenario, o demostrar que, como siempre han sostenido los republicanos, los demócratas son demasiado pusilánimes para conducir la política exterior de la principal potencia del mundo.

 

Barack Obama y Hillary Clinton mantuvieron la calma: les explicaron a los indignados que sí, el video en cuestión es nefasto, y también que de cualquier forma nadie les va a decir a sus ciudadanos lo que pueden o no pueden decir. Y les recordaron a los gobiernos árabes su obligación de proteger las embajadas extranjeras.

 

La más elocuente fue Clinton, el mismo 11 de septiembre: "Estados Unidos deplora cualquier esfuerzo intencional por denigrar las creencias religiosas de otros ("). Pero permítanme ser clara: no hay justificación para actos violentos de este tipo".

 

Tras el asesinato de Osama bin Laden y otros éxitos, Obama les había arrebatado el monopolio de la eficacia en política exterior a los republicanos, a quienes, por otro lado, tampoco parecía estarles funcionando la denuncia de la política económica del gobierno. La muerte de Stevens y las protestas pudieron hacerle mella al presidente y devolverle a la oposición la iniciativa en temas exteriores.

 

Si existió esta posibilidad, el propio Mitt Romney se ocupó de conjurarla al apresurarse a criticar la respuesta de Obama antes de que se hubiera producido, y pasar así por oportunista y desleal en momentos delicados. Como tuiteó el 12 de septiembre Daniel W. Drezner, blogger de la revista Foreign Policy: "Si él (Romney) se hubiera contenido, los medios hubieran hecho el trabajo por él". Pero no se contuvo.

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IMPREDECEBILIDAD

 

La influencia de Estados Unidos está decayendo. Sigue siendo, sin embargo, el jugador más importante: el hecho de que sea incapaz de llevarse el tablero no significa que no pueda inclinarlo. Y una de las lecciones que deja este incidente es que la irresponsabilidad que provoca la competencia electoral tiene importantes consecuencias en el resto del mundo. Más allá de la paranoia del puñado de activistas islamofóbicos, sus actividades suelen ser utilizadas políticamente cuando llega el momento, y esto se traduce en violencia, muertes y una agudización de los conflictos.

 

Este efecto es de dos vías, sin embargo. También hay actores fuera del país que están esperando la oportunidad de influir en la campaña estadounidense. La ira provocada por el video proveyó de una cortina de humo y de un pretexto a grupos que estaban interesados en golpear a Estados Unidos: el asalto contra el consulado en Bengasi, donde murió por asfixia el embajador Stevens, fue planeado y utilizó las protestas como cobertura.

 

Estas acciones les sirven a Al Qaeda y otros grupos islamistas radicales para varios objetivos, entre los que destacan, por un lado, convencer a sus correligionarios de que todos los occidentales son iguales (al igual que los islamofóbicos tratan de presentar como idénticamente bestias a todos los musulmanes) y quieren dañar al Islam, y por el otro, eliminar el peligro de un presidente en Washington que sostiene una retórica de diálogo, y no de confrontación, con el mismo Islam. Nada hiere más a los ultras que la popularidad de Obama entre muchos musulmanes, y preferirían ver en la presidencia a un claro enemigo.

 

En otro ámbito, también el primer ministro extremista de Israel, Benjamin Netanyahu, trata de usar las elecciones en su favor. Ha hecho creer a todos que estaría dispuesto a bombardear Irán, y arrastrar así a Estados Unidos a la guerra más costosa del siglo, si Obama -que sabe que eso podría hacerle perder la reelección- no se pliega a su estrategia de presión contra los iraníes. E incluso hace sospechar que su jugada es la contraria: exhibir a Obama como débil en política exterior para ayudar a los republicanos y poner en su lugar un presidente más pro-israelí.

 

Con la invaluable ayuda de Clinton y del propio Romney, Obama salió airoso de ésta. Pero el Saturno insaciable que es Medio Oriente y el Marte violento que son las campañas presidenciales están en conjunción. Es tiempo de impredecibilidad.

 

 

 

 

 

<br>EL RIVAL CÓMODO

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En épocas de inestabilidad, siempre puede producirse un incidente en la economía, la política exterior u otro ámbito que afecte decisivamente la campaña presidencial. A falta de ello, la esperanza de Mitt Romney está en los tres debates, el primero de ellos el 3 de octubre, pues ha cometido una sucesión de errores que pueden haberlo hundido definitivamente. Son tantos que los medios compiten haciendo antologías de "Las mejores metidas de pata de Romney". Aquí las cinco de Politik, más una de pilón:

 

DISPARAR SIN APUNTAR

Romney utilizó un mensaje emitido por un funcionario menor de la embajada en Egipto, que ya había sido desautorizado por Washington, para criticar a Obama en momentos en que éste tenía que enfrentar la crisis.

"Es lamentable que la primera respuesta de la administración Obama no haya sido condenar los ataques contra nuestras misiones diplomáticas, sino simpatizar con quienes lanzaron los ataques" (11 de septiembre de 2012).

Los republicanos se distanciaron de su propio candidato. Romney "tiende a disparar primero y apuntar después", respondió Obama.

 

EL 47 POR CIENTO: ROMNEY VS MEDIO PAÍS

Romney afirmó en una reunión privada en mayo, dada a conocer con un video grabado clandestinamente y difundido el 18 de septiembre, que "Hay un 47 por ciento de votantes que respaldarán al presidente, pase lo que pase. Están con él, dependen del gobierno, piensan que son víctimas y además creen que el gobierno tiene la responsabilidad de cuidar de ellos. (") Mi trabajo no es preocuparme de esta gente. Nunca les voy a convencer de que deberían asumir sus responsabilidades y ocuparse de sus vidas".

 

SER LATINO ES FÁCIL

En la misma reunión privada: "Me ayudaría ser latino. Mi padre, como probablemente sabrán, fue gobernador de Michigan y dirigió una compañía de coches. Pero nació en México, y si hubiera nacido de padres mexicanos, yo tendría más posibilidades de ganar".

 

ESTOY CON USTEDES

"Debería contar mi historia. También estoy desempleado": Mitt Romney, cuya fortuna es de alrededor de 200 millones de dólares, dirigiéndose a un grupo de desempleados en Tampa, Florida, en junio de 2011.

 

NO ESTOY CON USTEDES

"No me importan los más pobres. Tenemos una red de seguridad ahí". El 1 de febrero de 2012, al declararse ganador de la elección primaria en Florida.

 

POR SI NO QUEDÓ CLARO

"Me gusta poder despedir a la gente que me da servicios", en un evento de campaña en Nashua, Nueva Hampshire, el 9 de enero de 2012. Ni cómo ayudarlo.