Hombres con Aura: Adiós a la vitamina T

Hombres con Aura: Adiós a la vitamina T

Nuestra columnista es clara: a un caballero no se le conoce asólo en la cama, sino en la mesa.

Por: María Aura | Fecha: 12/10/12

 

Queridos caballeros, recién terminé de leer un libro que me hizo pensar mucho, titulado Una forma de vida, de Amélie Nothomb. Trata sobre un soldado gringo que, al enlistarse en el ejército para participar en la guerra de Irak, se pone a comer voluntariamente y en exceso para engordar. Es su forma de manifestarse en contra del horror que tiene que ver cada día en el campo de batalla. Al entrar al ejército pesaba 55 kilos, pero cuando empieza la historia ya va por los 180. La trama da un giro inesperado que no les voy a contar (les recomiendo que la lean, ¡está buenísima!).

 

El caso es que en un momento de la historia, el protagonista dice que probablemente nunca volverá a tener relaciones sexuales (para empezar, debe ser dificilísimo mover 180 kilos de masa corporal para arriba y para abajo o en cualquier dirección), porque cree que no habrá nunca una mujer que quiera acercarse a un cuerpo tan deforme. Qué tristeza. He estado con los ojos muy abiertos desde que terminé el libro para fijarme en los hombres, ya sea en la calle, en los restaurantes o en el trabajo. Y he notado un patrón: la mayoría están pasados de peso (también muchas mujeres, pero otro día hablaremos de eso).

 

 


"No sé si sea culpa de nosotras por alimentarlos de más, pero el cuerpo es responsabilidad de cada quien".



 

La semana pasada, mi esposo y yo nos encontramos con un grupo de amigos de la infancia, todos jóvenes igual que nosotros (nadie pasaba de los 35 años). Me sorprendió la diferencia entre él y los demás, que fácilmente aparentaban tener 45 años por su desgaste físico. Pareciera que al casarse se convirtieron en ese personaje que comía sin parar para mostrar su descontento. Recuerdo ahora una frase que me dijo alguien el día de mi boda: "Nunca volverás a ver tan delgado a tu esposo como hoy". ¡¿Cómo puede ser?! ¿O sea que el cliché de que la mujer se pone gorda y el marido la deja por una más joven y bonita es eso, un cliché? Este grupo de amigos venía con sus esposas o novias, quienes, en cambio, estaban delgadas y arregladas, como si ellas valieran por su apariencia y ellos por su cartera. Qué pena.

 

También me llama la atención otro caso de un amigo que tiene una novia guapísima. Él siempre ha sido muy coqueto y ojo alegre, pero he notado que desde que está con esta novia ha engordado mucho, y alguien me dijo: "Ella lo alimenta así para que esté gordo y no le pueda poner el cuerno tan fácilmente". ¿O sea que es nuestra culpa? ¿A poco tan retorcidas podemos ser las mujeres?

 

No sé si sea culpa nuestra por alimentarlos de más, pero el cuerpo es responsabilidad de cada quien. Señores: un caballero no come sin parar como si fuera una máquina devoradora. Un caballero no sólo se conoce en la cama, sino en la mesa por la forma en la que come, así que pueden usar eso de pretexto para no pedir todo lo frito de la carta y encima cenarse una torta de tamal. Dice Amélie en el libro: "Los alimentos selectos nunca desbordan el plato, los grandes vinos se sirven con parsimonia, los seres exquisitos son esbeltos, el mano a mano es el encuentro deseado".

Ustedes saben que a mí no me gustan los fortachones del gimnasio -se los he dicho muchas veces-, pero tampoco me parece justo que sólo nosotras tengamos que estar preciosas porque la competencia está canija y ustedes, mientras tanto, se dejen cebar como alcancías de cochinito. (Tip: la competencia para ustedes también está muy brava.) Les mando besos y los veo el próximo mes? ¡delgados!