Homo Sapiens: La soledad en tiempos de Facebook

Homo Sapiens: La soledad en tiempos de Facebook

En este paradójico mundo de las redes sociales, lo que importa para una extensa mayoría es el rating de popularidad.

Por Atouk | Fecha: 11/09/14

 

Nunca hemos estado tan acompañados como ahora. Ni tan solos. Facebook, Twitter, Google+, YouTube, Pinterest, LinkedIn, Instagram, Flickr, Vimeo, Tumblr, Eskup, MySpace, Blogger, Wordpress. Más los que se acumulen esta semana.

 

Existen tantas aldeas comunitarias, paradójicamente creadas casi todas por nerds-geeks antisociales. Sin embargo, ¿realmente estamos más cerca" En su ensayo "Pain won"t kill you", apertura de su muy reciente libro Farther Away, Jonathan Franzen (Las correcciones y Libertad) se mete de lleno en el tema y le otorga la cortesía a Facebook de convertir el estado mental de "me gusta" en una acción casi automática. Y el "me gusta", en general, añade, es el sustituto cultural comercial de "amar".

 

¿A qué viene esto a cuento" A lo que el mismo Franzen comenta: "Si dedicas tu existencia a convertirla en likeable y adoptas cualquier papel de persona cool para lograrlo, esto sugiere que desplazas la idea de ser amado por quien realmente eres. Si eres exitoso manipulando a otras personas para gustarles, al final, esa gente existirá en función de hacerte sentir bien contigo mismo. Pero, ¿qué tan bien te puedes sentir si este efecto es causado por personas que a veces ni conoces y ni siquiera respetas"".

 

 

Uno deja de existir si se cuelgan fotos en los muros y no hay reacción de esa gente que da lo mismo si la conocemos o no.

 

 

Pareciera, pues, que lo que importa es el rating de popularidad: la lista de amigos de Facebook, el número de seguidores en Twitter, la cantidad de likes en los posts, de retuits, de comentarios. Uno deja de existir si se cuelgan fotos en los muros y no hay reacción de esa gente que da lo mismo si la conocemos o no.

 

"Nuestras vidas se miran mucho más interesantes cuando están filtradas a través de la interfaz sexy de Facebook", dice Franzen. Por supuesto. A través de estas ventanas públicas, de pronto somos estrellas de nuestras propias películas, nos fotografiamos sin césar a nosotros mismos, compartimos nuestros pensamientos y reflexiones sin tregua ni pausa. "Nos gusta el espejo y al espejo le gustamos nosotros".

 

Es fácil así. Porque uno controla lo que expone en las redes sociales. Es un gran estímulo a exaltar esas virtudes que reflejen y amplifiquen nuestro factor cool, con el único fin de que esos espejos nos lancen constantes fanfarrias. De cualquier modo, en el circuito de esos constantes "like" es poca la gente a la que vemos en vivo y a todo color.

 

De ahí que la tesis de Jonathan Franzen sea la de salir de la cueva del social networking de vez en cuando, confrontarse con los propios demonios y correr el riesgo de cambiar el verbo "gustar" por el cada vez más olvidado "amar", ése que nos expone, que nos rescata del síndrome de Estocolmo que nos hemos creado a partir de nuestro círculo vicioso del voyeurismo y el exhibicionismo a través de la seguridad de una pantalla.

 

"Cuando sales y desarrollas relaciones con gente real, hay un enorme peligro de que puedas terminar amando a algunos. ¿Y quién sabe qué ocurra contigo entonces"", escribe Franzen.

 

Un poquito de vida offline no viene mal. Hasta la soledad tiene sabores menos amargos cuando se comparte en vivo.