Obama y Romney: Guerra por las minorías

Obama y Romney: Guerra por las minorías

Los republicanos buscan atacar a los demócratas en sus bases tradicionales pero, o al menos dificultarles el voto.

Por Témoris Grecko | Fecha: 11/09/14

 

Laura Freeman dedica ocho horas a la semana a promover el voto latino. Por las tardes, al terminar su trabajo de profesora de idiomas, o en sus días libres, se desplaza desde el distrito financiero hasta alguno de los tres puntos de la isla de Manhattan, donde es posible encontrarla repartiendo volantes a las personas que ella cree que pueden tener origen hispánico. Su lugar favorito es Union Square, una de las plazas más animadas de Nueva York. "Ahí puedo cumplir con mi compromiso y entretenerme escuchando a los músicos y cómicos callejeros", dice por teléfono.

 

A pesar de tener un aspecto claramente anglosajón, Freeman siente que "los latinos me reconocen como una persona que los comprende y apoya, se acercan a mí con confianza y me hacen preguntas. No me ven como una de esas fanáticas que quieren crear una "fortaleza Estados Unidos" (fortress America) y expulsar a sus niños a México".

 

Esta amable mujer no colabora con una organización de apoyo a minorías étnicas, ni con el partido Demócrata, que suele recibir la mayor parte de los sufragios hispánicos. Freeman es una apasionada voluntaria del Partido Republicano, tradicionalmente visto como antilatino. "Tenemos que corregir esa mala imagen", dice. "Nosotros somos el partido de Abraham Lincoln. Fueron los demócratas del sur quienes más se opusieron a los derechos civiles en los años sesenta. Y somos además el partido que mejor representa los intereses de los latinos: defendemos el derecho a la vida, los valores familiares, la centralidad de la religión en la vida pública".

 

Para ella, son los "loquitos del Tea Party" (una agrupación extremista dentro del Partido Republicano) quienes cargan la culpa del desprestigio y, por eso, "tenemos que hacer el mayor esfuerzo para recuperar a nuestros hermanos hispanos. El voto latino es cada vez más importante, sobre todo en los estados en disputa, donde unos pocos votos definirán quién será el próximo presidente".

 

El voto de la población negra, en cambio, no tiene esperanzas de ganarlo este año. "Menos con un presidente negro", dice. Y señala el abucheo que sufrió el virtual candidato presidencial republicano, Mitt Romney, en su discurso ante una importante organización negra, el pasado 11 de julio en Houston.

 

"[Romney] no vino a convencernos de apoyarlo, sino de que no debemos temerle", dice Ted Williams, un activista del Partido Demócrata, responsable de tareas de proselitismo en Charlotte, Carolina del Norte. "Su táctica no es ganar el voto negro, es desmovilizarlo: quieren que nos quedemos en casa el 6 de noviembre [día de la elección]. No les vamos a dar el gusto".

@@x@@

 

QUE NO VOTEN

 

Aunque los negros representan apenas diez por ciento del electorado estadounidense, su papel fue clave en la victoria de Barack Obama en 2008, y una baja participación podría también provocar su derrota este año, de acuerdo con el informe "The Hidden Swing Voters: Impact of African-Americans in 2012", elaborado por la National Urban League (nul, una organización antirracista afroamericana) y dado a conocer a mediados de julio.

 

En el sistema electoral de Estados Unidos, no gana el candidato que obtiene más sufragios individuales. A cada estado le corresponde un número de votos electorales según su población, los cuales le son asignados al aspirante que obtiene la mayoría a nivel estatal. Ganar más estados otorga más votos electorales, y la acumulación de los mismos en el plano nacional es la que da la victoria. Por ejemplo, en el año 2000, el demócrata Al Gore recibió 500 mil votos individuales más que su rival George W. Bush, pero éste venció en más estados, que le dieron 271 votos electorales contra 266 de Gore.

 

Al hacer planes de campaña, los partidos distinguen dos tipos de estados: los que consideran bastiones propios o ajenos, por lo que se asume que votarán como lo hacen tradicionalmente, y aquellos que pueden ser ganados o perdidos de acuerdo con lo que ocurra durante el proceso electoral; estos últimos son los llamados swing states o estados cambiantes, y en ellos se centra la disputa.

 

El estudio mencionado indica que la candidatura de Obama hace cuatro años generó una ola de entusiasmo que hizo crecer la participación de los votantes jóvenes, latinos y, sobre todo, negros, y que fue gracias a los afroamericanos que importantes estados cambiantes favorecieron al hoy presidente, tales como Florida (27 votos electorales), Carolina del Norte (15), Virginia (13) e Indiana (11), que en conjunto cuentan con 66 de los 270 votos electorales necesarios para ganar.

 

"Los afroamericanos adi-cionales que votaron en Carolina del Norte en 2008, en comparación con 2004, fueron equivalentes a casi nueve veces el margen de victoria en el estado: votaron 127 mil afroamericanos adicionales y el margen de victoria fue de 14 mil 177", afirma el reporte, a manera de ejemplo.

 

El apoyo a Obama entre los negros ha sido tal, que en 2008 obtuvo nada menos que el 95 por ciento de sus votos, y encuestas recientes le otorgan hasta un 87 por ciento de sus simpatías, frente a un 5 por ciento de Romney.

 

Algunos líderes negros, sin embargo, se quejan de que Obama actúa como si tuviera el apoyo afroamericano en el bolsillo y le presta poca atención al sector: lo ha ignorado en sus principales decisiones de este año, en tanto que ha tenido gestos de cortejo para otros grupos de interés como los homosexuales (se manifestó a favor del matrimonio entre personas del mismo sexo), las mujeres (respaldó medidas para garantizarles pagos equitativos) y los inmigrantes, pues está apoyando la dream Act, una ley que pretende permitir que jóvenes indocumentados, que sean estudiantes o reclutas del ejército, obtengan la ciudadanía.

 

Y esto fue lo que Mitt Romney fue a decirle el 11 de julio a los miembros de la naacp (Asociación Nacional para el Avance de las Personas de Color, el grupo afroamericano más importante del país): que Obama no les ha puesto atención, que si es electo presidente él sí les hará caso y que se ocupará de crear los puestos de trabajo que les hacen falta.

 

El republicano se llevó abucheos cuando declaró que anularía la reforma de salud que se considera el mayor éxito de la gestión de Obama, y que es popular entre los negros porque les da acceso a los servicios sanitarios: "Eliminaré todo costoso programa no esencial que pueda encontrar; eso incluye Obamacare", afirmó.

 

Parecía, sin embargo, que esperaba esa reacción y mantuvo la calma. Su objetivo no era convencer a ese núcleo de activistas demócratas de cambiar de filiación, sino demostrar que no le teme a ese público, que está dispuesto a comunicarse con él y que no es su enemigo.

 

Tara Wall, una asesora afroamericana de Romney, dijo a la cadena de televisión cnn, tras el discurso, que su candidato sería un "líder para todos", que para él era fundamental "hablarle a los integrantes de la organización de derechos civiles más antigua de la nación y establecer un diálogo con los votantes negros", ya que, "a diferencia del presidente Obama, él [Romney] no cree tener ningún voto en el bolsillo".

 

Una caída en la votación negra podría llevar a la derrota a Obama, advierte el estudio "The Hidden Swing Voters": "Si la tasa de participación nacional de los afroamericanos en cada estado retornara al 60 por ciento de 2004 [desde un 64 por ciento en 2008], Obama perdería estados como Carolina del Norte y tendría dificultades en otros que son clave, como Ohio y Virginia".

 

"Estamos en crisis económica y muchos afroamericanos sufren por el alto nivel de desempleo [14.4 por ciento frente a 7.4 por ciento de los blancos, en mayo]", explica Ted Williams. "Si no creen que Obama va a crear trabajo, el rechazo y el temor a las políticas extremistas de Romney todavía llevará a muchos a votar. La apuesta de los republicanos es presentar a un Romney afable, amistoso hacia la gente negra, contra el que no sea urgente oponerse. Y que no vayamos a las urnas".

 

Un último y tibio intento de simpatizar con esta comunidad causó más bien hilaridad, cuando el candidato republicano a vicepresidente, Paul Ryan, aseguró que durante sus días en la universidad había tenido una "novia" (sweetheart) negra. "¿Y eso a quién le importa?", fulmina Ted Williams.

@@x@@

 

ESTADOUNIDENSES EN EL CORAZÓN

 

En contraste, aunque los latinos son un sector al que su baja participación electoral (su voto es conocido como el "gigante dormido", porque de 21.5 millones de votantes potenciales -12 por ciento del electorado-, sólo unos 10 millones suelen sufragar) le ha acarreado derrotas y costos políticos, recientemente han ocurrido sucesos que podrían motivarlos a acudir a las urnas.

 

No parecía que iba a ser así. La promesa que significó para ellos la victoria de Obama en 2008 no se tradujo en la gran reforma de inmigración que, esperaban, permitiría que millones de indocumentados hallaran una vía para legalizar su situación y, eventualmente, obtener la ciudadanía. Por el contrario, los republicanos lograron congelar en el Congreso cualquier iniciativa de cambio, mientras que los operativos policíacos -a cargo del gobierno federal- se intensificaron, lo que incrementó el número de deportaciones (1.1 millones de personas en los tres últimos años) hasta alcanzar niveles nunca antes vistos, y se multiplicaron las historias de familias rotas y pueblos vaciados de trabajadores hispánicos.

 

Al aproximarse la temporada electoral, no obstante, el presidente comenzó a cortejar el voto latino: empezó por anunciar que cambiaría su política de deportaciones para concentrarse sólo en aquellas personas que cometieran delitos o tuvieran antecedentes criminales, y el 22 de junio se presentó ante miembros de naleo (Asociación Nacional de Funcionarios Latinos Electos y Designados) para reiterar su apoyo a la llamada dream Act, una iniciativa de ley que, de ser aprobada, permitiría que estudiantes y soldados sin documentos, que llegaron a Estados Unidos cuando eran niños y por lo tanto no pueden ser culpados de haber ingresado ilegalmente, puedan conseguir la nacionalidad.

 

Los congresistas republicanos están bloqueando la iniciativa, denunció, pero mientras hay algún avance (que sólo sería posible si Obama es reelecto y los demócratas ganan la mayoría en ambas cámaras legislativas), el presidente firmó una orden ejecutiva para suspender las deportaciones de hijos de indocumentados que tengan menos de 30 años, hayan llegado antes de los 16, no tengan antecedentes criminales, sean estudiantes, se hayan graduado recientemente de la universidad o pertenezcan al ejército (se calcula que los beneficiados serán 1.7 millones de jóvenes). "Me he encontrado con esta gente joven por todo el país", afirmó. "Son estadounidenses en el corazón, en la mente, de cabo a rabo, en cada aspecto, menos en el papel. Lo correcto era quitar de encima de ellos la sombra de la deportación y darles esperanza".

 

Esto dista de ser la materialización de la dream Act, pues sólo el Congreso puede abrir la vía de la naturalización, pero sí es un alivio provisorio que le ganó grandes ovaciones a Obama. Un elemento que puede ayudarlo todavía más, no obstante, es el miedo a las políticas de los republicanos.

@@x@@

 

VOTO LATINO

 

Los "loquitos" del Tea Party a los que Laura Freeman acusa de desprestigiar al Partido Republicano han impulsado normas persecutorias contra los inmigrantes en varios estados, bajo el modelo de la ley SB 1070 de Arizona (Joe Arpaio, alguacil de Phoenix, la capital del estado, ha ganado fama por una política racista contra los latinos, persiguiéndolos y sometiéndolos a humillaciones públicas). Esta ley incluye cuatro disposiciones contra los indocumentados: exige estrictos requisitos de identificación, permite que se realicen arrestos discrecionales, confiere carácter criminal al empleo de estas personas (lo que afecta tanto a los trabajadores como a sus empleadores) y prevé que los cuerpos de policía exijan los papeles a cualquiera de quien sospechen (aunque sea sólo por su apariencia física) que pueda estar ilegalmente en su territorio, y lo sometan de inmediato a un proceso de deportación en caso de que no los tenga.

 

El gobierno de Obama anunció su oposición a la ley SB 1070 y la impugnó ante la Suprema Corte de Justicia, cuyo fallo fue dado a conocer el 25 de junio: las primeras tres disposiciones fueron anuladas por ser anticonstitucionales; la cuarta (que la policía exija documentos por meras sospechas) se mantuvo.

 

"Esta decisión es precisamente la que temían los latinos", afirma Gart Segura, uno de los directivos de la compañía encuestadora Latino Decisions. "La decisión es una especie de victoria para la administración Obama pero, desde la perspectiva de los votantes latinos, es un asunto muy preocupante".

 

La consecuencia inmediata más importante de esta resolución de la Suprema Corte puede ser la movilización de la comunidad latina.

 

"Apenas a principios de junio, la raza se veía desilusionada, inactiva", recuerda Margot Dias, una activista por el voto latino en Phoenix. "Lo de Obama en naleo y lo de la SB 1070 ha despertado a la gente y va energizándose".

 

Lo cual, en principio, debería beneficiar a los demócratas, ayudándoles a ganar estados cambiantes del sudoeste donde la población latina ha crecido, como Nevada, Colorado y Nuevo México. Para sorpresa de muchos, incluso Arizona, tradicionalmente un bastión republicano, podría quedar en disputa, pues también ahí los hispanos han aumentado, hasta alcanzar el 29 por ciento de la población y el 18 por ciento del electorado, de acuerdo con el censo, y es donde más se sentirán los efectos de la SB 1070. Margot Dias es parte de una amplia campaña de registro de votantes que han lanzado los demócratas.

 

El encuestador Segura admite su sorpresa a raíz de que en las últimas semanas ha visto sondeos en Arizona "que muestran que la diferencia entre ambos partidos queda dentro del margen de error [es decir, en empate técnico], esto es impactante y debe ser un verdadero motivo de preocupación para los republicanos. Si los demócratas pueden competir por Arizona, esto será una causa directa de esta ley: si a ti o a tus vecinos los pueden detener en la calle en cualquier momento para checar documentos, esto genera un potencial de movilización. Falta que los demócratas salgan a trabajar para que esto se haga realidad".

 

Esos cuatro estados -Nevada, Colorado, Nuevo México y Arizona- representan 31 votos electorales, más del 11 por ciento de los 270 que se necesitan para ganar la presidencia del país.

 

El voto latino desaprovechado es, además, una gran apuesta para decidir futuras elecciones. Un informe del Center for American Progress (cap, un centro de investigación de políticas públicas), difundido el 12 de junio, muestra que hay 11 millones de ciudadanos latinos que no se han registrado como votantes, y que otros 8.5 millones de poseedores de tarjetas de residencia podrían obtener la ciudadanía y el derecho al voto. Estos electores potenciales tienen números mayores que el margen de victoria que hubo en cada una de estas entidades en 2008: California, Texas, Florida, Arizona, Colorado, Georgia, Nuevo México y Nevada.

 

Esto significa que, si todos los ciudadanos latinos se registraran, y lo hicieran también todos los que pueden obtener la nacionalidad, en los procesos electorales del futuro cercano los votantes hispánicos potenciales podrían decidir la suerte de estos ocho estados, que representan 169 de los 270 votos electorales necesarios para ganar.

 

Además, serían también importantes en Nueva York y Virgina, que tienen otros 42 votos electorales.

 

"Cada mes, alrededor de 50 mil latinos cumplen 18 años y podrían votar, y cada año un promedio de 700 mil inmigrantes se naturalizan", dice el documento del cap.

 

"Mi trabajo es fundamental, pero muy fundamental", dice Margot Dias, la activista. "Cuando todos los latinos votemos y podamos ejercer a nivel local y nacional la influencia que corresponde a nuestra demografía, no volverán a pisotearnos arañas como Joe Arpaio y los republicanos nos tratarán con respeto".

@@x@@

 

MENTIRAS DE OCASIÓN

 

El republicano Mitt Romney está consciente de la importancia actual y futura del voto latino. También sabe del éxito que tuvo en las elecciones de 2000 y de 2004 su correligionario, el ex presidente George W. Bush, quien fue gobernador de Texas, un estado con gran presencia mexicana, cuando hizo un esfuerzo por conectar con el electorado hispánico a través de los valores del conservadurismo cristiano. Esta estrategia le llevó a ganar uno de cada tres votos latinos.

 

Activistas como Laura Freeman se encargan de llevar el mensaje de Romney mano a mano. Sin embargo, el peso de la SB 1070 y de numerosas campañas de odio montadas por los candidatos republicanos contra los latinos hace casi imposible remontar frente al 67 por ciento de respaldo promedio que, a estas alturas de la campaña, las encuestas le conceden a Obama entre los hispánicos.

 

El 21 de junio, también ante naleo, Romney trató de jugar ante los políticos latinos la carta de que Barack Obama siente que los tiene en el bolsillo, y trató de desdecirse del rechazo frontal a la dream Act que había manifestado durante su campaña para obtener la candidatura presidencial republicana, en la que tuvo que radicalizar sus posiciones, a fin de convencer a la base extremista de su partido. Romney prometió que impulsaría una "reforma a la inmigración de largo plazo y bipartidista", sin dar ningún detalle de en qué consistiría.

 

No convenció. Michael Tomasky, columnista del influyente sitio web The Daily Beast, ironizó con que el republicano prometió "algo permanente en lugar de temporal... ¡wujuuu! Mentiras de ocasión, como la de que Barack Obama ha ignorado a los hispanos, no van a llegar muy lejos después de la forma en que Romney utilizó a la gente morena para agitar a los votantes blancos en las elecciones primarias".

 

Lo único que puede hacer Romney, escribió Tomasky, es mostrar a latinos sonrientes en la Convención de su partido, "es lo que los republicanos mejor hacen".

 

Hay otro truco que el columnista no mencionó, sin embargo, y que es al que se está recurriendo en muchos estados de la Unión Americana: dejar sin voto a los potenciales simpatizantes demócratas, en especial pobres, negros y latinos.

@@x@@

 

LÍMITES Y OBSTÁCULOS

 

Desde 2011, legisladores republicanos han introducido iniciativas para restringir el derecho al voto en 30 estados, y han tenido éxito en 14 de ellos, creando nuevas barreras para quienes pretenden registrarse para votar y nuevos requerimientos para los votantes registrados. Estos proyectos de ley suelen ser muy parecidos en su contenido y redacción, según otro reporte del Center for American Progress ("Conservative Corporate Advocacy Group alec Behind Voter Disenfranchisement Efforts"], publicado en marzo de 2011 en Campus Progress, su brazo universitario.

 

El reporte de cap indica que la organización alec (Consejo Estadounidense de Intercambio Legislativo) contacta a grandes empresas como Wal-Mart Stores Inc., The Coca Cola Co. y Koch Industries Inc. con miembros republicanos de los congresos estatales, a cambio de sumas monetarias, y de esta forma promueve el trabajo conjunto de los representantes populares y los de las compañías para elaborar legislación modelo que después se reproduce en los estados. En otras palabras, esas empresas son las que financian el esfuerzo por limitar el derecho a voto.

 

En el editorial titulado "The Republican Threat to Vote" (26 de abril de 2011), The New York Times afirmó que "los republicanos han estado impulsando estos cambios durante años, pero ahora más de dos tercios de los estados han adoptado o están considerando adoptar este tipo de leyes". Según el diario, Advancement Project, un grupo de abogados en pro de los derechos civiles, "acierta cuando describe lo que está ocurriendo como ?el esfuerzo legislativo más grande para reducir los derechos electorales en un siglo?".

 

Los sistemas electorales estatales en Estados Unidos son más laxos que, por ejemplo, el de México, y permiten que los electores voten tras presentar cualquier credencial (escolar, laboral, etcétera) como forma de identificación. Los republicanos pretenden que sólo se puedan usar documentos oficiales como la licencia de conducir o el pasaporte. Además, están imponiendo obstáculos a programas de registro de electores, como el de promoción del voto latino.

 

Una investigación del Brennan Center for Justice (un instituto de investigación de la New York University), publicada el 3 de octubre de 2011 bajo el título "Cambios a las leyes de votación para 2012", reveló que hasta cinco millones de personas podrían perder su derecho al voto a causa de estos requisitos en los 14 estados que los han impuesto, y que aportan 171 votos electorales (63 por ciento de los 270 necesarios para ganar). De los 12 estados considerados como cambiantes o en disputa, cinco han aprobado reformas que limitan el derecho y dos más las están considerando, a pesar de que han sido impugnadas por el fiscal Federal, Eric Holder, quien las describió como "un pretexto político" para desempadronar a las minorías.

 

"Los legisladores presentaron y aprobaron en 2011 un número récord de iniciativas que restrigen el acceso al voto", señala el reporte. "(...) La medida en que los estados han hecho que votar sea más difícil no tiene precedente en las últimas décadas".

 

El documento indica, además, que los afectados serán principalmente un millón 200 mil negros y 500 mil latinos que no tienen identificaciones oficiales, que viven lejos de las oficinas donde las pueden obtener y que "están por debajo de la línea de pobreza por sus ingresos y serían afectados por los costos asociados con la adquisición de los documentos necesarios para obtener las credenciales de votante". Por ejemplo, entre la población en edad de votar de Texas, donde los nuevos límites ya están en vigor, un 8 por ciento de los blancos y un 25 por ciento de los negros carecen de identificación oficial.

 

"Estas restricciones recaen sobre todo en votantes jóvenes, de minorías y de bajos ingresos. Esto puede inclinar claramente el terreno político", dice el informe. "Está en camino una maniobra que podría cambiar el panorama electoral. Rumbo a las elecciones de 2012, habrá millones de estadounidenses que encontrarán nuevas barreras que podrían evitar que voten".