La maldición de la familia Cantinflas, ¿qué les pasó a todos ellos?

 
 

Fue uno de los clanes más populares del país que amasó una amplia fortuna, pero las drogas, suicidios o muertes inesperadas arruinaron su dicha.

Por: Christian Rodríguez @ChristianRoguez

 

Si preguntas en el extranjero acerca de un actor nacional, seguramente todos piensen en la figura icónica e irrepetible de Mario Moreno, Cantinflas. Pero el éxito y el dinero no fueron sinónimos de felicidad para este intérprete que moría en 1993 a causa de un cáncer de pulmón. Tras su fallecimiento se iniciaba el primer embrollo público familiar: su fortuna y la lucha por los derechos de sus películas.
Cantinflas fue pionero en aterrizar en la tierra prometida que era el Hollywood de los años 50, pero la herencia que dejaría a su hijo no sería ni mucho menos oro y tranquilidad. 

(Cantinflas tomando un arroz con su hijo, Mario Moreno Jr.)

De su matrimonio con la famosa rusa Valentina Ivanova adoptó al que sería su único descendiente, Mario Moreno Jr., quien fallecía el pasado 15 de mayo a causa de un ataque al corazón y que nacería bajo el ojo público además de la descalabrada influencia de una fama errónea. Según su primo, Eduardo Moreno, el hijo del actor consumía drogas desde los 16 años, edad en la que se fue a EE. UU. a estudiar y de donde volvió adicto y sin mejora posterior.

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Su vida no fue fácil: su hija, Marisa, fue noticia tras ser golpeada y abandonada por su pareja en 2015, cuando fue hallada en un charco de sangre dentro de su morada. Tenía más de 200 fracturas en el rostro. Asimismo, su otro hijo, Gabriel, fue conocido por relacionarse con vagabundos e inhalar pegamento y pintura, así lo reconocía su propio padre cuando entre lágrimas afirmaba que lo internó en un centro de desintoxicación.

(Imagen subida a redes sociales de Mario Moreno Jr. junto a su hija Marisa)

Aunque estas historias se quedan en meras anécdotas si tenemos en cuenta la de Mario Patricio Moreno Bernat, tercer hijo de Mario Moreno Jr. Éste último denunció en 2010 a su padre acusándolo de haberlo integrado en una dinámica de alcohol y drogas desde los 14 años. “En muchas ocasiones me llevó a table dances donde consumíamos de todo sin que nadie supiera que éramos de la familia Cantinflas”, reconocía públicamente. La presión del apellido y una espiral familiar nefasta lo llevó al suicidio en 2013 a la edad de 23 años. Moría en la habitación de un hotel en Tlalnepantla (Estado de México) en compañía de una chica que reportaba su cadáver colgando de una cuerda.

Ahora, tras la ida del único hijo de Cantinflas, parece que el clan llega a su fin, pero sin ningún recuerdo o mérito cultural más allá del trabajo que el abuelo realizó décadas atrás.

 

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