Amber Heard: una rubia muy distinta

Logramos que la guapísima prometida de Johnny Depp nos hablara sobre su vida, la infidelidad y el amor.

Por: Felipe Soto Viterbo | Fecha: 22/04/14


Me declaro culpable de haber caído ante el estereotipo de la rubia cinematográfica. Cuando le digo a Amber Heard lo que su belleza provoca, ella contesta con un dulce "Thank you!" a mi torpe cumplido de voyeur. Pero después me reprende: "Cuando la gente me habla de temas como ese, como la belleza, es un poco difícil responder porque vivo dentro de esta piel. Es complicado alejarte de ti mismo y ser objetivo. Soy esto y cuando me hacen preguntas sobre ese tema en las entrevistas, normalmente descontextualizan lo que digo. Es molesto. Sobre todo porque es un tema que no depende de mí, ser bella es algo que no controlo".

 

De poco sirve aclararle que no descontextualizaré lo que me cuente. Me insiste: "Como persona a la que entrevistan, es frecuente que distorsionen todo lo que digo".

 

-Bueno, hablemos entonces de la belleza en general...

 

-Me gusta el arte, las historias. Pero lo que más admiro es el espíritu humano. Todo lo que involucra ser un humano.

 

-¿Y lo que más odias...?

 

-Mmm... la injusticia. No tengo ejemplos. Pero odio cuando la gente está siendo manipulada.

 

-¿Cómo reaccionas ante una injusticia?

 

-No sabría cómo responder a esa pregunta.

 

-Por ejemplo, ¿alguna vez has sido objeto de alguna injusticia?

 

-Sí, todos lo hemos sido.

 

-¿Podrías ser más específica...?

 

-Me da la impresión de que quieres provocarme para que diga cosas que no quiero decir. Entiendo que es tu trabajo y que quieres escribir algo distinto, pero no creo que sea la mejor manera de saber quién soy. Puedo hablarte de mis películas, de mi carrera, pero no creo que pueda contestar a tus preguntas tan específicas.

 

-¡Vaya, eres difícil!

 

-Tú también.

 

Hablando de injusticias, la belleza es una de ellas. Una anomalía estadística de la lotería genética. También refleja una preferencia cultural, y en muchos casos, horas de gimnasio, de spa, de maquillaje o de Photoshop. Incluso puede involucrar factores de raza: los hombres, dice el refrán, las prefieren rubias.

 

Una rubia cinematográfica siempre tendrá algo de chica de vitrina, de maniquí, de ángel intocable que nos desconcierta si de pronto se comporta como ser humano. El problema por supuesto no son ellas, sino nosotros, que tendemos por un lado a simplificar y por el otro a mitificarlas.

 

En realidad -y esta aclaración será totalmente estúpida; aunque en este caso es indispensable- las rubias de belleza legendaria sí son seres humanos, y son vulnerables como cualquiera. Mal por nosotros que no podemos ver esa verdad evidente y preferimos pensar que son como en nuestras fantasías: unos ángeles con poder sobre nosotros. En la pantalla no nos relacionamos con personas sino con estereotipos. Colocamos a esas rubias de celuloide en dos grandes apartados: aquellas que de tan terrenales se olvidan de su güera condición, y son accesibles; y las que se refugian en el hielo, en el enigma, en la distancia.

 

A estas alturas no sé si Amber Heard, la actriz cuyas fotos te distraen de estos renglones, está en un extremo o en el otro.

 

 

 

 

Su principal característica, me dice, es la curiosidad. Pero cuando le pido que me hable de un momento específico en el que ella haya sido muy curiosa, su respuesta vuelve a irse por la tangente: "Es que esa una cualidad abstracta. Si te diera un ejemplo preciso de mi curiosidad, al final no abarcaría la totalidad de mi curiosidad".

 

-Sí -le digo-, pero la vida está hecha de momentos específicos y me encantaría que me dieras alguno de esos momentos para poder construir un retrato de tu persona, que los lectores sepan quién eres.

 

-Quizá me importa mucho lo que represento, y por eso me preocupa el resultado. Se hace demasiada publicidad de cosas que no son intencionales. Hay una gran brecha entre lo que se muestra de mí con respecto a lo que soy. De pronto, cuando me leo, quedo irreconocible. La gente que conoce mi vida real lo sabe: que lo que se muestra de mí es lo opuesto a lo que soy.

 

-Bueno, no quiero esa brecha. Quiero a la verdadera Amber Heard detrás de las cámaras. ¿Es posible?

Se hace un silencio.

 

-Me dejaste pensando... -me dice al fin-. Creo que estoy así por todas las experiencias previas, y no puedo evitarlo. Quiero hablar de las cosas que soy, pero no puedo exponer ciertas partes de mi persona. No tengo ni la necesidad ni el deseo de hacerlo, porque por otra parte trabajo en esta industria y no sé, capaz que digo algo que no debo, y al hablar de más estaría violando alguno de los contratos que firmé.

 

-Prefiero que seas tú. Sin contratos.

 

La primera vez que la vi en la pantalla no iba de rubia, sino de trigueña. Era en la cinta The Joneses (2009) rebautizada en México como Amor por contrato. En ella se llamaba Jennifer Jones y era la hija postiza de Demi Moore y David Duchovny, los protagonistas. Su primera escena decisiva incluía entrar desnuda a la cama de su "papá", quien estaba dormido, y lamerle la oreja; enseguida, su "mamá" la sacaba a golpes de la habitación, se mentaban todos la madre y desde las butacas los asistentes bebíamos con nuestras pupilas dilatadas la imagen de la bomba rubia.

 

No era la primera vez, por supuesto, que su belleza era explotada por la industria. Su primer estelar fue en una película de horror, All the Boys Love Mandy Lane (2006), que en México se estrenó tres años después bajo el imaginativo título Ecos en la oscuridad -que claramente es una traducción literal-. A pesar de que fue relativamente bien recibido en festivales, ese filme tuvo problemas con la distribución, por lo que en Estados Unidos no se estrenó sino hasta finales del año pasado. No fue ni remotamente un éxito, pero en medio de la carnicería humana que relata el filme, la belleza rubia ya se perfilaba como fantasía cinematográfica.

 

Aunque ese filme atrajo la atención de la industria, Amber no logró de inmediato mejores papeles. En Zombieland (2009), su participación se reduce a dejarnos embobados para al poco rato convertirse en zombi y morir.

 

En televisión tampoco le iba mejor. En Hidden Palms (2007) consiguió su primer papel estable, estelar, pero la serie fue cancelada a los ocho capítulos. Al fin vendría la filmación en 2009 de The Rum Diary (2011) y aunque la película tendría un regular desempeño comercial y no todos los críticos la trataron bien, poco a poco todo empezaría a cambiar para Amber.

 

-En verdad estoy muy orgullosa de mí, de mis películas -explica-, de con quién he trabajado y de ser parte de esos equipos. De lo que he llegado a ser. Fue muy difícil para mí mudarme sola a Los Ángeles cuando tenía 17 años [ella nació y se crió en Texas] y trabajar desde esa edad para obtener los trabajos que deseaba. Me era, me es muy difícil ser abierta, me pone muy vulnerable. No importa cómo lo mires, pero exponerte te vuelve vulnerable.

 

-Entiendo...

 

-Soy vulnerable. No es algo que quiera ocultar. No hay un solo aspecto de mi vida que intente ocultar. Siempre he conducido mi vida, mi comportamiento, mi persona, del modo como he querido. He tomado las decisiones que he querido tomar. He vivido lo que he querido vivir. He estado con las personas que he querido estar. Esconderme es lo último que intento. Como sea, mi vida privada quiero que sea mía. No tengo cuenta de twitter, no tengo página de Facebook, soy una persona privada.

 

 

 

 

Hablando de vida privada, Johnny Depp es su futuro esposo. Le lleva casi el doble de edad (ella tiene 27 y él 50). Sólo por ahondar en la envidia, enlistemos a tres de las ex novias de Depp: Winona Ryder, Kate Moss y Vanessa Paradis. Suficientes para un doctorado honoris causa. Pero ella logró que le diera un anillo.

 

Él y Amber se conocieron durante el rodaje de The Rum Diary, basada en la novela de Hunter S. Thompson, donde Depp la hacía de un periodista gringo varado en Puerto Rico y ella de la rubia de Connecticut que lo volvería loco. Para cuando esa película se filmaba, él llevaba más de una década de relación con la francesa Paradis, y dos hijos. Heard, por su parte, tenía tres años de relación con su novia, la fotógrafa Tasya van Ree. Viendo fotos de ambas parejas tomadas a lo largo de los años ocurre algo extraño: Heard tiene ese aire de rubia perfecta que tuvo Paradis hace 15 años, y la morena Van Ree, quien en varias fotografías lleva sombrero, con su rostro anguloso, su largo cabello oscuro y su apostura un tanto masculina, recuerda extrañamente a Depp en las épocas en que parte de su imagen consistía en llevar precisamente un sombrero sobre su negra melena.

 

El día que entrevisté a Amber la prensa rosa de todo el mundo se regodeaba con la noticia de que el dedo anular de la joven ostentaba una nueva sortija con un brillante del tamaño de su uña. No pude evitar preguntarle si eso era cierto. "Disculpa que tampoco te responda esa pregunta", dijo con su amabilidad de princesa texana. "Por ahora sólo quisiera hablar de la película que estoy a punto de estrenar: 3 Days to Kill y no de mi vida privada", me advierte Amber.

 

Bien, eso haré: su nueva película la escribió Luc Besson, quien es brillante y tiene en su carrera la dirección de películas como The Fifth Element o Léon: The Professional, y está bajo la dirección de McG, quien tiene sus altibajos y lo mismo ha producido la serie Supernatural, que ha dirigido This Means War. Se estrena este mes en Estados Unidos y en abril en México. La protagoniza Kevin Costner y en ella Amber es una femme fatale con el cabello color platino, los labios muy rojos y un revólver cargado. Las páginas web que se dedican a la discusión cinematográfica coinciden en que el hechizo que Amber provoca es demoledor.

 

 

 

 

Antes de ponerme a escribir esto me senté a ver la película que ella me dijo consideraba su papel más divertido a la fecha: Infierno al volante 3D (en la traducción al español, el equipo de traductores puso al final el 3 y la D... infelices); el título original en inglés es Drive Angry. Es un filme de 2010 protagonizado por un Nicolas Cage decadentísimo y una Amber Heard radiante. Es un thriller de explosiones, armas, persecuciones en autos setenteros, sectas satánicas y, obviamente, efectos 3d. Ahí ella interpreta a Piper, algo así como la mesera de tus sueños: hermosa, sexosa, con un auto deportivo y dispuesta a jugarse la vida por ti. "Me encantan los autos deportivos viejos y ahí conducía uno", dice.

Le pregunto por el papel más difícil que ha tenido. Lo piensa un momento. "El verdadero reto de la actuación no está en el set, sino en el tiempo entre un proyecto y otro. Lo fácil es estar en el set. El verdadero desafío es todo lo demás: buscar un proyecto, conseguirlo..."

 

-¿ De verdad para ti aún es difícil conseguir un proyecto?

 

-No, ya no lo es. Lo fue. Ahora lo difícil es tomar decisiones. No es que para mí sea complicado conseguir un trabajo, sino elegirlo bien. Siempre puedes estar trabajando en algo, lo difícil es involucrarte en el proyecto adecuado.

 

Me dice que se muere de ganas de sentirse orgullosa de una película que sea suya en su totalidad y no sólo por ser una parte de ella. "Al final eres una pieza del lienzo que el director está construyendo, y no tienes control sobre eso. No tienes el poder de participar en cómo se verá eso al final. Cuando eres actor no puedes hacer nada después de que termina la película. Simplemente te vas. Por eso quiero estar en la sala de edición. Aunque al final la película es del director."

 

-¿En ese sentido, te gustaría dirigir?

 

-Algún día. Cuando estoy en el set me doy cuenta de todo lo que hay que hacer, cosas que de algún modo das por sentadas pero que implican un enorme esfuerzo, y eso me intimida un poco. Lo cual tal vez significa que es algo que debo hacer, porque a lo largo de mi vida aquello que más me ha asustado es lo que al final acabo realizando. Si me intimida, es una buena señal.

 

-¿Y escribir, para tener control de la historia?

 

-Sí, lo hago, irónicamente no escribo ficción. Escribo ensayos políticos.

 

-¿En serio?

 

-Sí, pero no los comparto. Mantengo la parte política un poco separada de mí.

 

-¿Al menos hay gente en tu círculo cercano que los ha leído?

 

-Ah sí. Suelen ser muy elogiosos, pero no sé si lo hacen por compromiso. Un buen parámetro de si les gustaron o no es ver qué tan visceralmente responde la gente. He escrito sobre ciertos temas y ciertos políticos, y quienes los leen a veces se enfurecen. Creo que eso está bien. No es que quiera provocar una respuesta, pero al menos su reacción es honesta.

 

 

 

 

Se define como alguien "felizmente neurótica". También le encanta cocinar, algo que dice hacer casi todos los días. "A la gente le encanta mi risotto." Además disfruta cabalgar, escuchar blues, rock y country clásico, y pintar es la única cosa que le gustaría hacer en lugar de actuar, si pudiera vivir de ello. Tras hablar de ese tipo de cosas, me dice de improviso:

 

-¿Ya nos vamos llevando mejor, no?

 

-Sí -lo admito-, vamos mejor.

 

-¡Bien! -se ríe.

 

-¿Crees que ahora ya pueda preguntarte sobre el amor? -aventuro.

 

-Ah, está bien... ¡puedes intentarlo!

 

-¿Puedes hablarme de tu pareja actual?

 

-De ninguna manera.

 

-Vale -refunfuño-, sigamos abstractos, entonces: ¿crees que el amor pueda ser para siempre?

 

-No sé si pueda creer en ello, pero me gustaría. Por ejemplo, aun cuando dudo de muchas cosas, tengo la esperanza de que de algún modo funcione, aunque mi razón me diga que no se puede, en el fondo quisiera que sí.

 

-¿Es importante la fidelidad para ti?

 

-¿La fidelidad?

 

-Sí, como no engañar a tu pareja...

 

-Sí, sé qué es la fidelidad...

 

-Pues eso...

 

-La fidelidad es algo que la sociedad pide a las parejas, pero no necesariamente es algo que funcione. Si me pongo pragmática, creo que es muy difícil ser fieles... sino es que de plano es imposible. Los humanos no estamos hechos para eso, sin embargo lo buscamos. Aprecio el valor de la fidelidad, pero considero que en un plano físico es muy difícil que los humanos sean monógamos, lo que no necesariamente significa que no sea válido. Tampoco creo en la fidelidad como un compromiso. Creo en la confianza y en trabajar en pareja las reglas. ¿Eso tiene sentido? Siento que me haces estas preguntas para hacerme caer otra vez en tu juego.

 

-Ya que hablamos de eso... ¿eres celosa?

 

-Soy extremadamente celosa.

 

-¿De verdad?

 

-Ah sí.

 

-Me sorprende. Más después de tu opinión racional sobre la fidelidad.

 

-Ya sé... a la hora de la verdad, todos somos muy primitivos.

 

-En un mundo hipotético, ¿qué tendría que mostrar otra persona para enamorarte?

 

-Tener un carácter decidido. Siempre me he sentido atraída a individuos que son fieles a sí mismos, que muestran su forma de ser incluso en condiciones adversas. Esencialmente, gente rara.

 

 

 

Me pidió que apagara la grabadora. Lo hice. El protocolo indica que lo que se diga al periodista en esas circunstancias no puede ser publicado, por lo que solamente daré detalles genéricos: que un tiempo vivió en el DF, por la zona del Desierto de los Leones, y así aprendió a hablar un poco de español. Antes de colgar, me dijo que cualquier otra pregunta que tuviera (que no violara ningún contrato ni su privacidad), podría hacerla por correo. Y me dio su mail, el personal, que no compartiré con nadie y que descansa en mi libreta de direcciones como una anomalía estadística.