Una obsesión llamada Vanessa

La vida de Vanessa Huppenkothen es agitada. Movimos cielo, mar y tierra para conocerla en la intimidad.

Por: Aníbal Santiago | Fecha: 27/11/13


Percibió un grito, una especie de gruñido primitivo del que podían entresacarse apenas tres o cuatro palabras. Vanessa Huppenkothen disminuyó la intensidad de su pedaleo, presionó los frenos, detuvo su bicicleta y volteó: pudo divisar a un hombre que descansaba en su auto estacionado. El agresivo piropo a su silueta -lleno de violencia y bajeza-, había salido de ese tipo robusto y desconocido con mucha más edad que ella. La conductora deportiva interrumpió su camino. "Me molestó muchísimo: había sido una terrible falta de respeto -relata-. ¿Por qué me dijo eso? por qué se metió conmigo? Regresé con la bicicleta en la mano y vi que el señor tenía abajo la ventanilla de su coche. Yo llevaba una botella de agua de clorofila. La abrí y cuando terminé de echarle encima hasta la última gota, le dije: Respeta a las mujeres. Empezó a insultarme, pero me subí a mi bici y me fui del lugar sintiéndome bien", dice Vanessa y se ríe.

 

 

 

TERMINÓ EL PROGRAMA Y  LLORÉ

 

 

Un ascensor me lleva hasta el penthouse de un edificio de la calle Laredo, en la colonia Condesa -muy cerca de donde hace unos días ocurrió aquella escena-, y subo hasta una terraza: la hermosa conductora de Televisa Deportes está ahí, sola, en unos ligeros calzones amarillos de satín. Alzo la mirada: en la azotea de un edificio contiguo, un fotógrafo en rol de paparazzo acciona el obturador para captar de mil modos a la rubia de 28 años que bebe té en una mesita, descansa junto a un jacuzzi y camina tranquila. Ella sabe que es el centro de atención de la cámara, pero también que los habitantes de los cuatro edificios vecinos podrían espiarla esta tarde en la que el sol estalla en la Ciudad de México. Quizá por eso un raro pudor sobrevive en sus ojos color azul encendido: nerviosos, se elevan, bajan, miran hacia uno y otro lado. Para Vanessa, su propio cuerpo, lo mismo ante una cámara o ante los voraces hombres de la calle, todavía es un tema sensible.

 

 

Sin embargo, ha hecho de la mirada ávida de los otros una razón para ser fuerte. Hace cinco años -en la época de su debut en televisión, días antes del Super Bowl xliii- ese mismo recato era evidente y comprensible. Aún estudiante de Relaciones Internacionales, a Vanessa la definían sus aspiraciones diplomáticas. "Yo quería ser embajadora de México en Alemania, Francia o Tombuctú", confiesa. Pero de pronto todo dio un vuelco: de ser la alumna que llegaba al itam con libros y cuadernos bajo el brazo, había pasado a ser una tentación en todo el país. Días antes de la final de la Conferencia Nacional de la nfl, aceptó una apuesta del comentarista Guillermo Schutz: si Filadelfia perdía ante Arizona, ella aparecería en traje de baño en el programa deportivo La jugada.

 

 

Las Águilas cayeron derrotadas. En la noche, en bikini junto a seis comentaristas que no dejaban de observarla, se enfrentó a los segundos más incómodos de su vida profesional: "Alberto Lati ya se encuentra en Pittsburgh... uno de los -se trabó-, digo, que es la ciudad de uno de los... -frenó su comentario e hizo una confesión en vivo-. Estoy nerviosa". Vanessa tomó aire, se rió, se tomó el pelo y continuó sin titubear.

 

 

-¿Fue traumático iniciar así tu carrera en televisión?

 

 

-Me dolió. Terminó el programa y lloré, estaba muy enojada. Al final del día, mi abuelo me dijo: "Vela por tu dignidad de mujer". Esas palabras, que venían de alguien que quiero tanto, me dolieron. La primera vez dije: "No lo vuelvo a hacer". Pero ahora volvió a suceder -se lamenta con una mueca molesta-. Mi idea es ya no hacerlo de nuevo.

 

 

-No eres la típica conductora que viste ligero sin escrúpulos...

 

 

-Cuido no caer en lo vulgar. En Twitter me ponen: ¡Sal en tal revista! Y les contesto mal: me enoja ser vista como pedazo de carne. Me hiere y no me beneficia. Mostrar poquito, dejar a la imaginación, es suficiente.

 

 

 

 

LA LEY DEL MÁS FUERTE

 

A la chica que creció en Coyoacán, en el sur del DF, la vida le cambió hace dos años, al contraer matrimonio. Desde que se instaló en la céntrica Polanco saca a pasear a su perro, va al gimnasio y toma té en Teavana. Su departamento, en un segundo piso, tiene una ventana cubierta por la copa de un árbol. Frente a él, sobre un sillón, antes de ir a trabajar revisa los portales que la mantienen al día: Televisa Deportes, Mediotiempo, Cancha, la sección deportiva de The Guardian y espn. Pero desde que se casó con Juan Fernández Recamier, ejecutivo de Banamex, y se mudó a las cercanías del Parque Lincoln, su rutina gana emoción y riesgo. "A Televisa Chapultepec voy en bicicleta. Y antes de salir me transformo: me pongo gorra, lentes y ropa superfachosa. Si me cierran el paso pues yo con mi bici soy más cafre: es la ley del más fuerte", se carcajea.

 

 

En el trabajo también aprendió a ser cafre. Dentro del mundo del periodismo deportivo, monopolio de hombres, se ha ido abriendo paso.

 

 

-Parece que a las mujeres les dan un espacio por su belleza, pero nunca están en las mesas de análisis.

 

 

-Sí estamos limitadas, pero la mujer lleva muy poco en esto. El otro día narré una pelea, y Daniel Rentería, jefe de boxeo, se asombró y me dijo: "Lo haces muy bien, me encantó". Ahora fui al Abierto Monterrey y pude narrar: sé perfectamente qué es un revés o un slide. No soy una especialista técnica, pero mis comentarios son válidos.

 

 

-¿Qué comentaristas son tus modelos?

 

 

-A Ricardo Puig (ESPN) le aprendo mucho: conecta con la gente y tiene un  gran carisma para dar las noticias. Hace poco lo conocí y le dije que lo admiraba. Otro es "Toño" de Valdés, porque tiene un increíble sentido del humor y da gusto escucharlo. Y Javier Alarcón: tiene sentido crítico y capacidad de análisis. Es un jefe que me regaña de manera constructiva, aunque siempre que suena mi celular y me dicen: "Te quiere hablar Javier", me tiembla todo.

 

 

 

 

YA TE LO DIJE

 

Vanessa, Nuestra Belleza Ciudad de México 2007, había experimentado conducir bajo las órdenes de Luis de Llano en el programa Guerrero brilla. Pero su pasado como deportista la llevaba a otro lado. De chica había entrenado patinaje sobre hielo, handball, canotaje, tenis, futbol y salto de altura, disciplina en la que ganó varias medallas. Su padre, Dieter, un empresario papelero alemán que en su juventud fue futbolista del Schalke 04 y del Cosmos de Nueva York, llevaba a su pequeña hija al Azteca a ver futbol. Uno de sus hermanos, Juan "el Curro", había sido un buen tenista, y otro, Adrián, había jugado futbol americano para los Cóndores de la unam. "Mi hermano agarraba a dos y con toda su fuerza los aventaba. Mi mamá y yo nos quedábamos boquiabiertas. Nuestro Osito, el más tierno, se transformaba en el deporte".

 

 

Con ese pasado deportivo, un día de 2008 Vanessa decidió mandar un email a Javier Alarcón, cabeza de Televisa Deportes: "Hola -tecleó-, soy Vanessa, estudiante universitaria, fui parte de Nuestra Belleza, hablo cinco idiomas y me encantaría pertenecer a tu equipo". Javier decidió hacerle una prueba: le pidió hablar ante una cámara como en un noticiero, la mandó a corridas de toros para que hiciera cápsulas y a cubrir dos duelos de la Selección Nacional de futbol. Vanessa superó la prueba y su premio fue viajar a China como una de las conductoras para los Juegos Olímpicos de Beijing, en 2008.

 

 

-¿Qué virtudes tenías?

 

 

-El físico me abrió las puertas: hay gente fotogénica y otra que no lo es. Estaba chavita y la cámara me quería. Además hice las cosas muy segura: si me equivocaba, no me importaba. He hecho osazos y lo acepto. Cuando me dicen en Twitter: "¿Qué te pasa? ¡No haces bien tu trabajo!", contesto: "Sé que no lo hice bien".

 

 

-¿Cuáles son los mayores retos de la conducción deportiva?

 

 

-Tiene una parte complicada: todo es real. No hay teleprompter ni apuntador. Todo es memoria e información que guarda tu mente. No soy perfecta, acepto las críticas y trato de mejorar. "Toño" de Valdés y Enrique Burak, de quienes tanto aprendo, ¿nunca tuvieron un error?

 

 

-¿Qué momentos duros has vivido?

 

 

-El otro día, en el Abierto Monterrey, entrevistaba a Maria Kirilenko. Una parte dentro de una respuesta fue: "Tuve un juego consistente". En seguida, para que replicara, le dije: "Tu juego fue consistente". Me contestó: "Ya te lo dije". Micrófono abierto en el estadio y yo en vivo en la tele, me hizo quedar en ridículo. Qué fría es: la amo y la odio. No era fácil: yo debía hacer la pregunta en inglés, traducir su respuesta al español, pensar mi otra pregunta y traducir. Y para colmo se molesta: fueron dos segundos de ¡ouch!

 

 

 

 

QUE NO SEAN EXPLÍCITAS

 

Vía YouTube, Dieter sigue desde la pequeña ciudad alemana de Sigmaringen la carrera de su hija, que a veces lo visita.

 

 

Pero si ella necesita comer, si duda usar una prenda, si evalúa un proyecto, Verónica, su madre -ex bailarina del ballet de Amalia Hernández-, aparece antes que nadie. "Mi mamá es mi fan número uno -dice-, una mujer muy fuerte que me aconseja desde el fondo: sola tras su divorcio sacó adelante a sus cuatro hijos sin apoyo de su ex esposo".

 

 

La preocupación de Vanessa por su estado físico tiene un largo pasado. Cuando iba a la primaria, su mamá era inflexible en la salud. "Siempre me preparaba omelette de verduras. Cuando mis amigas  me decían que habían desayunado Choco Krispis, se me hacía agua la boca. Y yo le decía: ¿Por qué? ¿Por qué verduras?".

 

 

Y hoy en casa también hay limitantes: su marido es conservador.

 

 

-Juan, al rato voy a hacer fotos para Esquire, bastante destapada-, le avisó Vanessa antes de trasladarse al penthouse de la colonia Condesa.

 

 

-Cuida las poses, que no sean explícitas-, le pidió él.

 

 

"Pero ahora las discusiones vienen porque mi profesión implica muchos viajes. Me dice: no fuiste a esta boda ni vas a esta comida, nunca te veo; llegas luego de dos semanas, estás dos días y te vuelves a ir", explica.

 

 

¿Qué hacer? "Es bastante difícil -admite-. Pero mi trabajo me apasiona y él me conoció así".

 

 

Ser marido de Vanessa no debe ser simple. Implica compartir la vida con una mujer rodeada de deportistas a los que les gustan las guapas.

 

 

-¿Cómo los contienes?

 

 

-Es difícil. Convivo con gente super-exitosa que admiro porque estoy en esto. Están rodeados de lujos, de excesos. Pero siempre me doy a respetar. El hombre llega hasta donde la mujer quiere. No pasan mi barrera y si la pasan no soy amigable.

 

 

-¿Cómo bateas?

 

 

-Cómo bateo... -piensa en silencio- soy muy sangrona, jetona: si no me gusta algo pongo mi raya y eso se siente.

 

 

 

 

CUANDO YA NO TENGA ESTE CUERPO

 

Para una mujer que vive de su imagen, una transformación involuntaria del cuerpo es una catástrofe. En 2010, Vanessa, aquejada quizá por un problema hormonal, subió 20 kilos. Sus superiores, molestos, la castigaron: "No sales a cuadro hasta que no bajes de peso".

 

 

La conductora perdió un año clave, el de la Copa Mundial de Sudáfrica. "Mi época de gorda fue cruel, deprimente: los jeans no me subían de la rodilla. Para una chavita que era delgada dejar de aparecer fue un golpe bajo.  Me veía al espejo y no era yo. No quería que me sacaran fotos, trataba de no salir a calle".

 

 

-¿Y qué hiciste?

 

 

-Me la vivía en el gym, pero mientras más ejercicio, más me inflaba.

 

 

Televisa Deportes evalúo cederla a Foro TV, donde eran menores las exigencias físicas. Pero en ese momento su cuerpo volvió, prodigiosamente, a su estado original.

 

 

Al final, aquellos días de angustia sirvieron mucho. "Más adelante quiero trabajar en la fifa -me cuenta-. No puede ser que ahí no haya mujeres a cargo de nada. Pero eso será cuando ya no tenga este cuerpo".

 

 

Acaba la entrevista y Vanessa se levanta del sillón: es evidente que bajo sus pants naranjas y un ceñido top blanco hay un cuerpo vigoroso, joven, cincelado, sin rastros de moléculas de grasa. "Cuando ya no tenga este cuerpo", pienso.

 

 

Para eso falta mucho tiempo.