Moda: El hombre (moderno) de la tierra media

El actor Martin Freeman, protagonista de The Hobbit, nos muestra cómo vestir los estampados de la temporada sin parecer un completo idiota. Y además lo entrevistamos.

Por: Roger Rich (fotos) | Fecha: 17/12/12


Hay un ritmo y una precisión poco comunes que emanan de Martin Freeman durante esta entrevista. En primera instancia, parece ser el comportamiento de un hombre consciente de que, al ser la estrella de una película de grandes alcances, tendrá pláticas muy similares en los próximos meses. O quizá años, dado que The Hobbit, de Peter Jackson, en la que Freeman interpreta al principal humanoide en busca de tesoros, consistirá en tres películas, la primera de las cuales será estrenada esta Navidad. Con un calendario de tal duración, no tendría sentido agotarse al inicio de la temporada, y Freeman es un jugador experimentado.

 

Dejó la escuela de teatro porque le habían ofrecido un papel, y ha estado activo de manera continua (para los estándares de un actor) desde entonces. Conocido y amado como Tim en The Office, recientemente se ha escapado de esa sombra gracias a su interpretación de Watson, en la serie Sherlock, de la bbc. "Algunas cifras de audiencia que obtuvimos con la segunda temporada de Sherlock fueron estúpidamente exorbitantes", me dice. "Una semana le ganamos a [la telenovela] East Enders y estoy tan orgulloso, no porque le ganamos a East Enders, sino porque millones, literalmente millones y millones de personas, la quisieran ver. Una noche. ¿Entiendes a lo que me refiero?".

 

A juzgar por mi experiencia de 30 minutos, esta última frase es típica de Freeman, pues contiene tres elementos que se repiten en varias ocasiones mientras hablamos. Primero, el hecho de apasionarse por algo en lo que ha trabajado; segundo, la aclaración de que su marco de referencia no es para presumir ni compararse, sino sólo como eso: una referencia. Le ganaron a East Enders, y nada más. Luego están las palabrotas. Con frecuencia usa términos tipo "fuck" como adjetivo. Y sin embargo, termina la reunión diciendo con seguridad, "al menos logré no decir palabrotas". Parece genuinamente afligido al descubrir que, de hecho, se la pasó diciéndolas todo el tiempo.

 

Decir palabrotas y reírse quizá sean los aspectos más inadvertidos de la conversación que, por momentos, se siente tan cuidadosamente orquestada como su ropa: un saco Mark Powell hecho a la medida, una polo de Smedley, jeans blancos y unos mocasines color vino de Bass (sin calcetines).

 

Si hubiera que definir al Martin Freeman de esta tarde, quizá sería un desquiciado corredor de apuestas de 1966, con algo de prisa, que te diría: "¿Quieres apostar o no? Porque me tengo que ir". Con buen sentido del humor, pero capaz de insultarte si es necesario, si te pasas de la raya.

 

Esa sensación resulta interesante, en especial en alguien que es conocido por interpretar más a héroes reservados que a superhéroes, o incluso villanos menores. La gente asume que es de trato fácil, porque se esmera en hacer que sus personajes lo parezcan. "Lo cual es totalmente comprensible", dice. "Lo entiendo muy bien, y estoy seguro de que sentiría lo mismo por un actor que interpretara algunos de esos papeles. Lo cual es positivo. También puede ser frustrante porque piensas: ?A ver, yo sé que no soy esa persona y tú no sabes que no soy esa persona?".

 

¿Eres una figura no tan benigna?

"Sí, lo que no significa que tenga un lado oculto y mate personas. No mato personas".

 

¿Las mantienes vivas el mayor tiempo posible?

"Sí, las torturo. Soy una persona muy decente, pero sin duda no soy tu mejor amigo, de ninguna manera. Y no soy puramente benigno. O sea, sé que no lo soy, ningún cabrón lo es, pero a la gente le gusta decir? tú sabes, puedo nombrar otros actores que, no lo haré, pero puedes pensar en muchos actores a los que la gente no les diría: ?Oiga, ¿podría venir a saludar a mi mamá??, porque les daría un poquito de miedo. Pero a mí me ha tocado interpretar papeles de los que la gente piensa: ?Ese Martin es un buen tipo?".

 

Además de sus personajes más conocidos, Freeman participa de manera entusiasta en proyectos de cualquier escala. Ha aparecido en cortometrajes y en Svengali, una serie que se transmite por internet donde interpretó a una especie de mod vengativo (los mod eran los seguidores de un movimiento cultural, desarrollado en el Reino Unido a finales de los años cincuenta, basado en la moda y la música). "Soy como un mod vengativo", asiente. "Es una gran parte de mi forma de ser".

 

Existen, me atrevo a decir, pocas cosas menos mod que un hobbit. Me contradice con una mirada, como si los muros de Mordor fueran algún día a temblar al sonido de una invasión de motos Lambretta. "Mis amigos y yo lo llamamos ?The Moddit?". Hace un gesto como si se estuviera vistiendo: "Una pequeña mascada con un estampado paisley, un poco de brocado, un saco de pana color vino?"

 

Estás diciendo que si uno viera con atención las tres películas y buscara ciertos detalles?

"Verías fragmentos de eso", sonríe. "Yo diría que para aquellos que sepan qué buscar hay pequeños guiños, hice lo que pude".

 

El ojo de Freeman para la ropa está aliado a su amor por la música y, tras haber hablado largo y tendido sobre ambos temas, está consciente de que se le considera "el actor con la ropa estilo mod y la onda Motown". Pero resulta divertido cuando se suelta a hablar de cualquiera de los dos temas.

 

"Tengo un gusto musical bastante católico", afirma, pero resulta más un estilo católico de la inquisición española que de la serie británica Father Ted. "En definitiva hay para mí puntos de quiebre, cosas que resultan completamente inaceptables, crímenes demasiado cabrones tanto en la música como en la moda. Tengo amigos que pueden aceptarlos, y los amo por eso, no los descalifico como seres humanos, pero no puedo con eso".

 

¿Cuál sería entonces su pesadilla, cómo se vestiría su Némesis y qué música escucharía? Trata de ser inequívoco, pero puedo advertir los horrores del pasado que cruzan por su mente. "Cuando era más joven invitaba a salir a alguien, luego la veía por la escalera y pensaba: ?No, esto no irá a ningún lado?. Ya sabes: botas vaqueras. No hay manera, no hay manera".

 

¿Mujeres en botas vaqueras? "Ajá".

 

No suena tan mal. "No... sí... ¿sabes?, tienen todo el derecho del mundo, ya no soy tan extremista porque sé que en realidad no es tan importante".

 

¿Y hace 15 años? "Dios mío, o sea, ¡botas vaqueras! Eso habría bastado. Y la música".

 

¿Qué música? "Ay, Dios. Casi toda la música. Siento lo mismo ante casi toda la música. Pero ahora ya no me afecta. Con toda honestidad, ya no espero que a la gente le guste lo mismo que a mí.

 

"Es lo irónico de cuando la gente trata de pintarte como? ?Martin es como cualquier tipo común?. No ves a gente como yo caminar en la calle. Con toda franqueza, no ves esto [señala su saco] todo el tiempo.

 

"No todo mundo se viste como yo. No todos tienen mi colección de discos, porque eso implicaría que soy un tipo común, y no soy un pinche tipo común. Así le pondrás de título a este artículo, ?No soy un pinche tipo común?, ¿no?".

 

Muy posiblemente.

 

"Mira, la cosa es que ya no me ofende el gusto de la gente porque los sigo queriendo, siguen siendo mis amigos. Pero de entrada no tengo muchos amigos".

 

¿Quizá sea por eso? "Ya sé. Sólo gente con ropa de la marca Crombie. No. La gente con la que salgo y la gente con la que me encuentro para ir a comprar ropa o la gente con la que me voy de dj, ése es un grupo. Y luego tengo otras personas que son muy chistosas e increíblemente talentosas y urbanas, y algunas de esas personas califican en ambos grupos, pero necesitas diferentes cosas de la gente, ya sabes".

 

De todas estas cuidadosas elucubraciones, concluyo que quizá se trata de un tipo lo suficientemente afortunado para tener los pies en la tierra y haber cultivado otras pasiones y entusiasmos antes de alcanzar el estrellato. No es, como otros actores, un reflejo de su propio éxito. Está lejos de eso. Hay un tipo ahí dentro, es más, uno que no duda en darle crédito a sus camaradas menos conocidos por hacerlo lo que es hoy, una estrella de cine.

 

"No me gusta la pretensión", dice Freeman sobre la actuación. "Creo que mi trabajo es ayudar a contar la historia, cualquier otra cosa es sólo lucirse".

 

Quizá ahí esté el enigma. Al ser tan bueno para ocultar que está actuando cuando está actuando, Freeman ha fomentado una imagen de sí mismo que no se parece a él en absoluto. Por fortuna, ese "mod vengativo" nunca se pierde demasiado de vista. Al preguntarle lo que había extrañado de Londres durante los meses que pasó en Nueva Zelanda para filmar The Hobbit, casi al principio de la respuesta dice: "Extrañaba a mi sastre. Extrañaba el Bar Italia". Le señalo que eso no ayuda ni tantito a disipar el estereotipo de mod, que corre peligro de suplantar el de "hombre normal".

 

"Lo sé", asiente. "Para el caso, podría ponerme un sombrero de media copa con una bandera del Reino Unido". Incluso entonces, cabe suponer, podrían pasar meses o incluso años de búsqueda antes de que encontrara el correcto. En comparación, un ojo de Gollum en joyería luciría como algo casual.