Moda: Las futuras leyendas de Hollywood

Durante generaciones, las estrellas del cine han influido en nosotros. Este grupo de jóvenes está a punto de convertirse en la nueva camada de grandes actores.

Por: Yu Tsai (fotos) | Fecha: 30/10/12


¿Es Shia LaBeouf una estrella de cine? Seguro él piensa que sí, al igual que los ejecutivos que le pagan millones de dólares por actuar, promover y "lanzar" sus películas. Y no se equivocan? del todo. A sus veintitantos años ha trabajado con Steven Spielberg, Oliver Stone, y el inmortal Michael Bay; ha generado casi dos mil millones de dólares en ingresos de taquilla en todo el mundo, más o menos lo mismo que Leonardo DiCaprio, Denzel Washington y Brad Pitt. Y mantiene su nombre en las noticias. Pero, ¿cuándo has escuchado a alguien decir, "tengo que ver la nueva de Shia LaBeouf"? En los aspectos que más le importan a los cinéfilos, Shia LaBeouf no es realmente una estrella de cine (es un tipo que juega con Transformers).

 

No es mi intención atacar a Shia LaBeouf. Es un galán y un actor decente. Pero como sucede con casi todos los nuevos actores, su nombre y su presencia en una película no siempre producen el tipo de ganancias (ni mucho menos el alboroto) que Hollywood le ha exigido históricamente a sus estrellas. Por eso, los estudios continúan considerando a los grandes del fin de siglo (e incluso de la era Reagan): los Depp, Pitt, Clooney, Smith, Sandler y los Toms (Hanks y Cruise) siguen encabezando las encuestas de los distribuidores. ¿Dónde está la fuerza para bajar de su pedestal a estos encantos cuarentones y cincuentones? ¿Dónde están las nuevas estrellas masculinas de Hollywood?

 

Volverse una estrella de cine no es tan fácil como antes. Los estudios tienen relativamente poco interés en producir nuevos modelos que reemplacen a los viejos: los encantos de los hombres entrados en años siguen funcionando bastante bien, en especial en el mercado internacional, que ya equivale a dos tercios de los ingresos de Hollywood. Además, las películas más lucrativas de este siglo han sido largometrajes animados, extravagancias de ciencia ficción y adaptaciones espectaculares de cómics, y las estrellas (con sus egos y sus sueldos) no vienen al caso cuando desconocidos virtuales pueden hacerle frente a robots y extraterrestres.

 

Esto es sólo un lado de la ecuación. Digamos que una película de superhéroes con imágenes generadas por computadora (cgi por sus siglas en inglés), protagonizada por un desconocido virtual, es un éxito: el estudio se queda con absolutamente todas las ganancias, y el afortunado actor a-punto-de-ser-conocido puede buscarse proyectos como los que lo motivaron a actuar y darle, así, un giro a su carrera. El problema es que muy poca gente, fuera de Sundance, sigue haciendo ese cine. La década pasada disminuyeron las cintas de estudio pequeñas y poco convencionales que, en muchos casos, le permitieron a la generación anterior de estrellas establecer una base de seguidores filme tras filme, personaje tras personaje.

 

Los estudios simplemente ya no se arriesgan tanto con cintas de mediano presupuesto (excepto cuando están ancladas por estrellas establecidas como Clooney [The Descendants] o Pitt [Moneyball]), y las estrellas en potencia tienen poco tiempo y oportunidad de congraciarse con el público. La máquina de hacer estrellas se ha detenido, y no puedes culpar a LaBeouf o Ryan Reynolds o Jake Gyllenhaal por el hecho de que su público no se abalance a ver cada uno de sus estrenos. Apenas los conocemos. No es sorprendente que tipos ambiciosos, magnéticos y jóvenes como Ryan Gosling, James Franco, Joseph Gordon-Levitt o Michael Fassbender parezcan más interesados en forjarse una carrera discreta e inusual como la de Sean Penn, que una como la de Tom Cruise. Puede que haya más tropiezos que aciertos (y no tanto dinero o influencia), pero por lo menos establecen sus propios términos.

 

Quizá ya no sea posible para un actor joven hacerla en grande como estrella de cine, y no es por falta de talento o empuje. Ahora las películas pueden consumirse en un teléfono celular y, como lo demuestra el cine independiente, producirse en una laptop. El estrellato en sí mismo ha perdido incluso más fuerza -o, si se prefiere, ha sido "democratizado"- por Facebook y Twitter, y el hecho de que en la actualidad todos seamos actores brillando en la inmensidad del ciberespacio, sólo sirve para elevar las expectativas de los profesionales en potencia. El mundo es a la vez demasiado grande y demasiado pequeño, y hay, al mismo tiempo, demasiadas estrellas y carencia de ellas.

 

Sin embargo, como decía el jefe de mgm -el estudio con el eslogan "Más estrellas de las que hay en el cielo"-, Estados Unidos es un país de finales felices, y la generación de actores que está buscando sobresalir tiene algunas pocas cosas a su favor. Vienen de todas partes -de Inglaterra y Australia, de programas de televisión aclamados por la crítica pero que la mayoría no se molestó en ver (Friday Night Lights, Breaking Bad, The Wire), de los cursis bastiones de la cultura pop (Gossip Girl, Tron: Legacy)- y, en pantallas grandes y pequeñas, han desarrollado el arte de la presencia. (Tal vez no reconozcas a los seis de la foto, pero tienen pinta de que deberías reconocerlos. Eso es presencia.) Además: las entradas al cine alcanzaron su nivel más bajo en 17 años (al menos en Estados Unidos), y esa caída podría darle a Hollywood la alerta que necesita para bajarle a las animaciones taquilleras y reinvertir en largometrajes que permitan brillar a estos actores emergentes. Después de todo, el 3D no será lo que salve a las películas. Serán los humanos extraordinarios, las estrellas que conocemos y las que aún no reconocemos quienes nos lleven de regreso a las salas de cine. Con tantita suerte, incluso serán estos hombres de la foto.

 

J. Hoberman fue crítico de cine de The Village Voice desde 1988 hasta el inicio de este año. Es autor del libro Film After Film (Or, What Became of 21st Century Cinema?).