Leer: Daniel Espartaco, nostalgia de la utopía

Leer: Daniel Espartaco, nostalgia de la utopía

Con la publicación de Cosmonauta, el escritor mexicano apuesta el cuento.

Por: Nadia Escalante | Fecha: 26/06/12

 

Los seis cuentos que integran Cosmo-nauta (Fondo Editorial Tierra Adentro, 2011) están unidos por una búsqueda fundamental: la relación entre el pasado y el presente, la conciencia de la pérdida y, paradójicamente, el peso de la nostalgia como una antepasada incómoda que sigue viva en el presente de los personajes. El pasado que los hechiza, además del histórico representado por la caída del sistema soviético, es la infancia, la vida familiar, la juventud y las aspiraciones perdidas. Con una prosa notable y un agudo sentido del humor no exento de una entrañable amargura, Daniel Espartaco Sánchez (Chihuahua, 1977) traza las voces narrativas que conforman el mosaico de historias -contrastantes, complementarias y agudamente elaboradas tanto en su singularidad como en el conjunto- de Cosmonauta.

 

Aun siendo relativamente joven, la obra de Daniel Espartaco ha recibido numerosos reconocimientos, entre los que sobresalen el Premio Nacional de Literatura Gilberto Owen (2005) y el Premio Nacional de Cuento Agustín Yáñez (2009), al que se hizo merecedor precisamente por Cosmonauta, y sobre el que nos platicó en entrevista con Esquire.

 

Esquire: La nostalgia es uno de los hilos conductores de Cosmonauta, ¿consideras que el sistema del socialismo puede ser visto en tu libro +sobre todo desde un punto de vista emocional- como un paraíso perdido?

Daniel Espartaco Sánchez: No siento nostalgia del sistema soviético. Aunque tenía aspectos positivos, no había libertades y fue algo terrible para los millones de personas que murieron en campos de trabajo. Sin embargo, creo que en el momento en que este sistema se vino abajo, cayó también una utopía, un sistema de pensamiento, de mirar la realidad y de querer modificarla. Ahora ya no existen esos dos polos, sólo está la sociedad de consumo y, de cierta manera, hemos perdido la noción de solidaridad. Considero que eso nos ha llevado -por lo menos a mi generación- a una especie de vacío. La nostalgia de Cosmonauta es la de la utopía como utopía, no como realidad.

 

Esq: Es interesante la confrontación entre padres e hijos que se da en varios cuentos, ¿por qué te interesa esto?

DES: Padres e hijos, de Turguéniev, fue un libro que me influyó mucho y ahí se explora esta confrontación generacional. Además, siempre ha sido importante para mí preguntarme quién soy yo y cómo es mi generación. En mi caso, once años fui educado con los valores socialistas, y me tocó ver la disolución de los mismos en los años noventa. Además, toda mi vida me he rodeado de viejos comunistas, en cantinas, que siempre me cuentan sus historias de fracaso; todo el tiempo estoy contrastándome con la generación de mis padres porque son mis amigos, me encanta escuchar sus historias, conozco los códigos de tanto juntarme con ellos, me sé las canciones comunistas, ese tipo de cosas; en realidad me divierto mucho con ellos.

 

Esq: ¿Cómo fue que elegiste, para desarrollar estos temas, el cuento en lugar de la novela que es un género más popular?

DES: Creo que un libro de cuentos me ofrecía muchas más posibilidades que una novela. Por ejemplo, Dubliners, de Joyce, me gusta más que el Ulysses; siento que el primero funciona como un mosaico, y que a fin de cuentas todos los relatos de Dubliners están hablando de un mismo tema: el estado moral de Irlanda durante determinado tiempo. La novela te obliga a seguir muchas veces una historia de principio a fin, mientras que en un libro de cuentos puedes plantear una historia como un mosaico y lograr muchísimos efectos que no te daría la novela. Por ejemplo, en Cosmonauta hay un personaje que aparece varias veces y me gusta que el lector pueda intuir o preguntarse algo que no está ahí escrito; una novela tendría que hacerlo de una manera lineal o algo semejante.

 

Esq: Llama la atención que la geografía de los cuentos son los lugares en los que has vivido -Chihuahua y la Ciudad de México-, ¿prefieres hablar de los lugares que conoces a fondo en lugar de elaborar historias de otros espacios?

DES: Siento que todo lo que escribo tiene que involucrar algo personal, y los escritores que a mí me gustan, que me han influido, siempre están narrando la misma historia y siempre están contando del pueblito en el que crecieron. En el caso de Philip Roth, por ejemplo, que es un escritor que me gusta muchísimo, todas sus historias transcurren en Newark, Nueva Jersey, y siempre se trata de personajes judíos. En mi caso, aunque podría imaginar el estar en los zapatos de alguien más, siempre tiene que ser a través de una experiencia que me sea muy cercana.

 

Esq: ¿En qué medida la nostalgia, que recorre Cosmonauta, también se siente atraída por la época de la infancia?

DES: Casi todos tenemos nostalgia de la infancia, es el paraíso perdido, algo que no puedes recuperar. Hace poco estuve viendo en YouTube videos de comerciales de los años de mi infancia, los ochenta. Había algunos que no recordaba, otros que sí, y es difícil describir esa sensación que se tiene y que está vinculada a la muerte, porque cuando piensas en tu infancia, cuando piensas en algo que no vas a recuperar, de alguna manera la muerte está ahí. Yo creo que es como una obsesión, tendrá que ver con mi carácter.

 

Esq: Tomando en cuenta que varias de tus historias transcurren en Chihuahua, ¿sientes afinidad con la obra de otros autores que escriben sobre el norte del país?

DES: En realidad no, yo creo que el Norte de muchos de los escritores ahora y mi Norte son totalmente diferentes. Siento en la literatura norteña, en general, una obsesión por resaltar lo folclórico, las botas vaqueras, las tecates, los cuernos de chivo, la música del norte, y el exagerar estos rasgos considero que responde a la necesidad de crearse una identidad propia o una reafirmación de ella, que a mí me parece innecesaria. Es decir, es como la discusión sobre qué es ser mexicano y ese tipo de cosas; me parece que eso ya está desde hace muchísimo tiempo saldado. Otras literaturas nacionales como la francesa, la inglesa, la estadounidense y la rusa hace muchísimo tiempo que dejaron atrás eso, algunas ni siquiera se lo plantearon. Entonces, que nosotros sigamos pensando en la identidad nacional y en la identidad regional, es como una muestra de que no hemos todavía alcanzado la edad madura en términos de la literatura.

 

Esq: Sin embargo, cada literatura busca una identidad propia, a veces no mediante un espacio físico, pero sí mediante el de las ideas y los temas, ¿tú en qué territorio sientes que caminas?

DES: En los próximos libros que publicaré mi preocupación es ir hacia atrás y averiguar en qué momento se formaron las circunstancias que han provocado el estallido de la violencia en Chihuahua y el norte, es decir como dice la famosa entrada del libro de Mario Vargas Llosa, "¿en qué momento se jodió el Perú, Zavalita?". Mi preocupación es en qué momento se jodió todo; Chihuahua era una ciudad donde había paz, donde podías jugar hasta las doce de la noche en la calle, ¿por qué el estallido de un día para otro? No quiero hacer sociología ni soy antropólogo ni nada, para mí es una necesidad artística, personal. Me rompe el corazón ir a Chihuahua y ver el mundo en el que yo crecí, destruido.

 

 

 

 

 

También en la mira...

Le pedimos a Daniel Espartaco Sánchez que nos hablara de su otro libro reciente, Gasolina, y de su nuevo libro, Autos usados, que verá la luz en septiembre.

 

Gasolina

(Nitro-Press, 2012)

"Es una historia ambientada en el Puerto (Veracruz o Acapulco). Trata sobre los vicios imperantes en el mundo de la literatura: becas, premios, la indulgencia, los talleres y la narcoxplotation a la que recurren los autores jóvenes. La sátira permite una persecución en lanchas y una pelea de cantina con una banda de traficantes, homenaje a las películas de Bud Spencer y Terence Hill; de fondo el atisbo del mal: el puerto paradisiaco y la vida fácil se convierten en un infierno lleno de asesinatos y decapitaciones."

 

Autos usados

(Mondadori, septiembre de 2012)

"Es la historia de una generación que vivió la adolescencia en el norte del país durante los noventa, los años felices de la economía, cuando la efervescencia del modelo maquilador y el ascenso de la cultura del narcotráfico. El protagonista viene de las páginas de Cosmonauta: un hijo de padres comunistas cuyo sueño es comprar un automóvil y huir a Amarillo, Texas, promesa carente de significado. Antes debe conseguir 500 dólares para llevar a su novia a abortar a El Paso. La historia está contada por un hombre divorciado dos veces que ha pasado de la treintena y debe miles de pesos en tarjetas de crédito. La violencia que subyace a lo largo de la novela se desata, como ha ocurrido en el norte del país."