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Libros: Martín Caparrós, Premio Herralde

Libros: Martín Caparrós, Premio Herralde

Con su novela más reciente, el escritor argentino demuestra que sus ambiciones literarias no son poca cosa

Por: Javier Perez | Fecha: 17/02/12

 


Uno de los personajes de Los living (Anagrama), la obra con que Martín Caparrós (Buenos Aires, 1957) obtuvo el Premio Herralde de novela 2011, dice: "¿Qué quieren, habitualmente, las personas de la muerte? ¿Les importa cómo llegan a la muerte o sólo les importa -y desconsuela y aterra- estar llegando? ¿Con qué excusas se entregan?".


Para llegar a tales cuestionamientos, Caparrós traza el mapa de vida de su protagonista, el pequeño Nito. Es él quien narra la historia soltando reflexiones que apuntan a las recurrencias temáticas del autor bonaerense: memoria, olvido, secretos, pasado, engaño, egoísmo, venganza, mentira, libertad. Sin embargo, desde el principio está claro que el tema de Los living es la muerte, los muertos.


Primero, lo explicita el epígrafe: "Lo atormentaba sobre todo que ellos no quisieran reconocer lo que todos sabían, lo que él mismo sabía, sino que prefiriesen mentirle sobre su situación, y hacerlo cómplice de esa mentira", tomado de La muerte de Iván Illich, de Tolstoi. Y lo corrobora la estructura de la novela: empieza con una especie de sección, intercalada entre los capítulos y titulada ml (más un número sucesivo), que no sólo se diferencia por utilizar una narración en tercera persona, sino por la singularidad de estar en cursivas y no aparecer indexada al final de las 430 páginas.


En Los living, Caparrós demuestra que sus ambiciones no son poca cosa: funde su conocida capacidad narrativa con la de dotar de sentido al sinsentido, arroba con humor la pesadez de la melancolía y, de paso, regresa a una de las épocas de las que ha hablado tanto: los años setenta. Lo hizo en su novela No velas a tus muertos, en el relato de ficción La historia y en el trabajo periodístico La voluntad.


Digamos que la historia de Los living parte del 1 de julio de 1974, fecha de la muerte de Perón y que el autor impone como la de nacimiento del protagonista, a quien de hecho nombra Juan Domingo: "Bobby me contó que mi padre me había puesto Juan Domingo como un chiste torcido, su forma de celebrar que aquel día la Argentina se había ?librado del tirano?: como quien dice ahora Juan Domingo es otro".


Caparrós insiste en que no hay referencias políticas a los desaparecidos durante la dictadura militar. Aquí lo político, si lo hay, tiene que ver con el desencanto, con el ilusionismo, con ese dejarse llevar como sucede en la escena en la Plaza de Mayo cuando se da a conocer el inicio de la Guerra de las Malvinas.


Es en este arrastre colectivo donde Caparrós fija sus intenciones y aprovecha, con ironía, el tema de las vanguardias artísticas para centrarse en el mundo contemporáneo. Y también clarifica el desconcierto inicial del Movimiento Living (las secciones ml en cursivas): "Una cosa es saber que cuando te mueras te queman y te tiran, y otra que vos mismo, tu propio cuerpo, vas a estar ahí embalsamado, pimpante poderoso, querido por los tuyos".


Desde su argentinidad, Caparrós es capaz de guardar distancia. Así dota de cierta belleza, cierto aire artístico, a esos muertos que ya deambulan por Buenos Aires.