Hombres con Aura: La lengua de los caballeros

Hombres con Aura: La lengua de los caballeros

Nuestra columnista declara la guerra en contra de las groserías, con argumentos muy convincentes.

Por: María Aura | Fecha: 16/07/12

 

Estimados lectores, sin sonar mojigata o conservadora, este mes me gustaría hablarles del lenguaje de los caballeros. Como les he contado, yo crecí en un ambiente tan liberal que todo el mundo decía groserías a placer y en cualquier lugar: los papás, los niños, en la mesa, con invitados o familiares presentes, en cualquier circunstancia. Nunca me pareció raro, porque no se decían con intención realmente ofensiva ni violenta. La primera vez que mi mamá me regañó por decir una grosería fue cuando yo ya estaba grande y dije: "Eso sí está del nabo". ¡Sopas!, me soltó un manazo que no vi venir. ¿Pues qué no el nabo es una "planta anual de la familia de las crucíferas", según la Real Academia? Así que lo atribuí a alguna imprecisión en el uso del lenguaje, y no a que hubiera dicho una grosería.

 

Hace un par de años participé en una película (Las paredes hablan) donde la peinadora era una mujer cristiana y, aunque yo soy atea y no creo en ninguna iglesia, sí estoy abierta a aprender las cosas buenas de cada doctrina. En este caso, Isabel, la peinadora, decidió que en el camper de maquillaje y peinados no se valía decir groserías, porque su religión no se lo permitía, y el que lo hiciera pagaría diez pesos por cada una, para juntar para los tacos de carnitas del sábado.

 

Sólo entonces empecé a darme cuenta de cómo hablaba yo y de cómo se escuchaban las palabras que pronunciaban los demás. Como en los ejercicios de actuación en que suprimes uno de los cinco sentidos y sólo así notas o aprecias los otros cuatro. Me volví consciente de mi forma de hablar.

 

Y desde entonces, obviamente, he suprimido palabras que antes eran parte de mi vida diaria y adjetivos que solían parecer necesarios para cualquier conversación o anécdota. No lo van a creer, pero esto ha conseguido que amplíe mi vocabulario y, sobre todo -vaya frivolidad- me sienta más distinguida. Me comunico mejor e incluso es como si hubiera purificado de alguna forma mi presencia ante los demás. (Ustedes dispensen la cursilería).

 

Si quieren que una mujer los desee, los admire, los distinga de los demás, les sugiero que la traten de manera asertiva y seductora, sí, pero con el respeto que las damas se merecen.

 

No digo que nunca hay que usar las groserías, pero sí creo que hay que saber usarlas para que tengan su verdadero peso y valor, y de verdad logren insultar y describir situaciones inaceptables.

 

Recuerdo una ocasión, hace años, en que estaba cenando con un par de hombres (nada caballerosos, ahora me doy cuenta) y su tema de conversación, con mil groserías intercaladas, era cómo tal hombre le había metido el dedo en el culo a tal mujer. Al escucharlos, algo sucedió en mi alma y me levanté de la mesa furiosa profiriendo algún lugar común, como: "¿Por qué tienen que ser así todos los hombres?". Claro que no era la manera más eficaz de hacerles ver su peladez y falta de modales, pero en ese momento yo aún no tenía este espacio increíble en Esquire, para poder decirles amablemente y sin enojarme que las formas son importantes, no sólo el fondo.

 

Miren, si llegan con una chiquita que les gusta y le dicen: "¿Qué pedo, mi reina? Estás buenísima, te quiero agarrar las nalgas", nunca lograrán su objetivo. Es bastante obvio el ejemplo, pero creo que es importante que les quede claro. La forma de decir las cosas revela el fondo: seguramente ese primer intento de acariciar las posaderas de la muchacha habría sido tan brusco y torpe como la forma de enunciarlo. Si quieren que esa mujer en particular los desee, los admire, los distinga de los demás, les sugiero que la traten de manera asertiva y seductora, sí, pero con el respeto que todas las damas se merecen. No como otro cuate (no puedo decir que fuera un caballero), que me dijo una vez: "A la reina trátala como a una puta, a la puta como a una reina". No, no, y no. No estoy de acuerdo. A todas nos tienen que tratar como a unas reinas, porque todos tenemos derecho a la convivencia respetuosa y pacífica, para empezar; pero también porque así pueden obtener de las mujeres no sólo atención, sino toda clase de favores. Y, last but not least, porque les conviene, por cuidar su propia imagen, porque portarse así todo el tiempo y con todos, en especial si lo hacen de corazón, habla bien de ustedes. Y así pueden pedir el mismo respeto de parte de nosotras.

 

Olvidémonos de reinas y putas (qué manera tan reduccionista de ver a las mujeres, la verdad), y simplemente digamos que si alguna fémina no aprecia su cortesía y buen trato, es problema de ella, ¿no creen? Besitos y nos leemos en la próxima edición.