Morsi, de prisionero a presidente de Egipto

Morsi, de prisionero a presidente de Egipto

El candidato de los Hermanos Musulmanes gana con limitaciones en el poder

Por: Redacción | Fecha: 25/06/12

 

En un cambio de suerte impensable hace año y medio, un islamista encarcelado por Hosni Mubarak lo sucederá en la presidencia de la principal nación árabe, en una victoria en las urnas que tiene consecuencias históricas para Egipto y Oriente Medio.

 

Mohamed Morsi, miembro de los Hermanos Musulmanes, no disfrutará seguramente de los amplios poderes de Mubarak, los que han sido reducidos por una clase dirigente militar que decidirán ahora lo lejos que puede el nuevo mandatario llegar en el Gobierno.

 

Sin embargo, la victoria del ingeniero educado en Estados Unidos en las primeras elecciones presidenciales libres en el país rompe una tradición de dominación de hombres provenientes de las fuerzas armadas, de donde han salido todos los líderes de Egipto desde el derrocamiento de la monarquía hace 60 años.

 

Morsi ha prometido una agenda moderada y una concepción moderna del Islam para llevar a Egipto a una nueva era democrática, donde la autocracia será reemplazada por un gobierno transparente que respete los derechos humanos y reviva los destinos de un Estado poderoso.

 

 

DUDAS DE LOS LAICOS

 

Sin embargo, el islamista de 60 años aparece algo así como un presidente accidental: fue lanzado sólo en la carrera en el último momento por la inhabilitación por un tecnicismo de Khairat al-Shater, por lejos la opción preferida de los Hermanos Musulmanes.

 

Con un estilo rígido y formal, Morsi, quien tiene un doctorado en la Universidad del Sur de California, ha hecho esfuerzos por desprenderse de su etiqueta de la "llanta de repuesto" de los Hermanos Musulmanes.

 

Persisten dudas sobre si Morsi podrá trabajar de forma independiente de otros líderes de los Hermanos Musulmanes una vez en el cargo, ya que su programa de campaña fue redactado por las autoridades del grupo. El papel que podría desempeñar Shater ha sido también un foco de debate en Egipto.

 

"Voy a tratar a todos por igual y seré un siervo del pueblo egipcio", dijo Morsi en su sede de campaña en El Cairo poco después de terminadas las elecciones, una semana antes de que su victoria fuera confirmada por un organismo de la era de Mubarak que supervisó la votación.

 

Pero muchos egipcios, entre ellos la minoría cristiana, tienen sospechosas de Morsi y principalmente del grupo que él representa. Un sentimiento opositor a los Hermanos Musulmames, alimentado por algunos medios de comunicación hostiles, se ha disparado en las últimas semanas.

 

En un cambio de suerte impensable hace año y medio, un islamista encarcelado por Hosni Mubarak lo sucederá en la presidencia de la principal nación árabe, en una victoria en las urnas que tiene consecuencias históricas para Egipto y Oriente Medio.

 

 

NACION DIVIDIDA

 

Ahmed Shafik, el retirado general al que Morsi derrotó en el balotaje, logró casi tantos votos como el mandatario electo, en una señal clara de que Egipto es un país que no está unido en torno a la idea de un Gobierno de los Hermanos.

 

Morsi logró un poco menos de un cuarto de los votos en la primera vuelta realizada en mayo.

 

El hecho de que un hombre que fue el último primer ministro de Mubarak estuviera tan cerca de la victoria ha sido visto como un signo de fracaso por parte de los Hermanos, que han dicho haber sido víctimas de una violenta campaña orquestada por sus enemigos.

 

En un primer momento, Morsi se mostró como un islamista conservador y en repetidas ocasiones se comprometió a implementar la ley islámica en sus discursos salpicados de referencias a Dios, al profeta Mahoma y el Corán.

 

Presionado por un entrevistador de televisión para aclarar lo que podría significar un Gobierno islámico para los bikinis en las playas del Mar Rojo -y por ende, para la fundamental industria turística de Egipto- Morsi no dio una respuesta clara.

 

El calificó estos temas como asuntos "muy marginales, muy superficiales".

 

Esta indefinición ha generado preocupaciones entre los egipcios, cuyos temores se exacerbaron también por otros elementos de la campaña de Morsi, entre ellos sus primeros esfuerzos para cortejar al ultraortodoxo movimiento salafista islamista.

 

Sin embargo, preparándose para la segunda vuelta contra Shafik, Morsi cambió su mensaje por uno más incluyente, y se autodefinió como un defensor de la "revolución del 25 de enero" que derrocó a Mubarak, un levantamiento liderado sobre todo por laicos y grupos liberales.

 

 

PODERES LIMITADOS

 

Sin embargo, los límites impuestos por la Junta Militar limitan a Morsi. La Junta, que hasta ahora gobernó al país desde la caída de Mubarak, el 11 de febrero de 2011, manipuló todo en los últimos diez días para asegurarse de que el nuevo presidente no de podrá desprender del todo de su control. La demasiado flexuble interpretación de una sentencia del Tribunal Constitucional les permitió a los militares a disolver el Parlamento, fruto de las primeras elecciones legislativas limpias, dominado por los islamistas.

 

Además, para consolidar su poder, la Junta emitió un texto constitucional en el que establece que se hace cargo de momento del Legislativo, se otorga el derecho de veto de facto sobre la redacción de la Carta Magna y se reserva todos los asuntos relacionados con la defensa del país.

 

Morsi, pragmático como la Hermandad a la que pertenece, aceptó el desafío: es mejor una presidencia incompleta a la oposición. Ahora sólo queda ver cómo logra hacer su carrera con los obstáculos que le ponga el ejército, algo que será clave para el éxito o el fracaso de la tortuosa transición.