El Extintor: Más que una pantalla

El Extintor: Más que una pantalla

Una noche bastó para que nuestra columnista se enganchara con un hombre nuevo. Pero la historia no terminó ahí...

Por: Patricia Monge | Fecha: 26/03/12

 

El jueves conocí a Massimiliano en casa de Joaquín y Claudia, una pareja que, aunque simpática, ha perdido sus antiguos -y bien valorados- dotes celestinos desde que son esposos. Presentarme a este bomboncito a menos de veinticuatro horas de su regreso a Italia no había sido lo más atinado; aun así, tuve un par de botellas por delante para conquistarlo. Hablamos un rato, entre miradas seductoras y risas, hasta que Cronos hizo de las suyas. Massimiliano miró el reloj y cayó en cuenta de que aún debía empacar y resolver uno que otro pendiente previo a su viaje. Lamenté despedirme de un hombre tan encantador. Antes de irme, mi seductor caballero me agregó a Facebook. Al despedirnos me dio un beso furtivo en los labios, dejándome prendida el resto de la noche. "Estoy como una adolescente que se besa en secreto", pensé, mientras conducía a mi casa.

 

Pasaron tres o cuatro días en los que hablamos a través de los muros y las etiquetas de Facebook. Aproveché para comentar sus fotos, ver a sus amigos, si estaba casado o tenía chica, lo normal en estos casos. Todo era muy "legal" y cada vez sentía más atracción. Al poco tiempo, Massimiliano me envió un mensaje preguntando si tenía Skype y si quería hablar con él. Contesté que sí, al tiempo que le daba mi nombre de usuario. Quedamos para el viernes a las 23:30.

 

Vestí una blusa de hombros caídos, que al menor movimiento termina escotada; me puse mis tacones altos y me tumbé en la cama a esperar que me llamara.

 

Deseaba hacerle algo especial, quería seducirlo. Me di un baño, me puse mi lencería blanca, delineé mis ojos y resalté mis pestañas. Vestí una blusa de hombros caídos que, como quien no quiere la cosa, al menor movimiento termina escotada; me quité los leggins, me puse tacones altos y me tumbé en la cama a esperar que me llamara. Massimiliano apareció en mi computadora con su amplia sonrisa y mirada intensa. Tuve ganas de besarlo.

 

"¡Estás bellissima!", fue lo primero que dijo, con marcado acento italiano. Mis hombros se descubrieron, dejando entrever mis pechos voluptuosos. Sonreí. Un escalofrío de deseo lamió mi bajo vientre, disparando mis ganas contenidas. Como si él realmente pudiera sentirme, dijo: "Deseo conocer el sabor de tu piel, bajar por tu cuello suave y acariciarte". "Me encantaría", atiné a responder con la voz quebrada de deseo. "Cierra tus ojos, y déjame recorrerte con mi voz, conocerte, descubrir qué te da placer". Me entregué al conjuro de su voz. "Deseo recorrer tus pechos con mis manos, tocarlos suavemente, contornearlos, sujetarlos en mi palma hasta que tus pezones erguidos supliquen ser lamidos, chupados. Lo haría delicadamente, luego un poco más fuerte, después los succionaría y les daría pequeños mordiscos; sí, así, como ahora te estás mordiendo tus labios... y te observaría extasiado. Tu cuerpo se ondula entre mis manos, tu espalda se arquea, tu cabeza hacia atrás? Ahora bajo mi mano por tu cintura, te rodeo, te abrazo ciñéndote a mí. Tu cuerpo vibra, tu deseo se vuelve inmenso, como el mío. Me acerco a tus labios para besarte, muy próximo, casi rozándote, pero no lo hago. Miro tus ojos y mi mano dibuja tus piernas".

 

Mi voluptuosidad parecía un dragón devorándome, acaricié mis hombros y vi como él me miraba. Mis dedos llegaron hasta mis pezones, los toqué ligeramente. Miré sus ojos viéndome, mi sexo se humedeció. "Comienzo a tocarte con más ánimo, quieres encajarte mis dedos; lo haces. ¡Nos deseamos tanto!". Estiré mi mano, saqué mi fiel vibrador del cajón; lo encendí discretamente. Lo acomodé debajo de mi sexo, me puse encima de él, como a mí me gusta. Lo que más deseaba era que Massimiliano continuara haciéndome el amor con sus palabras eróticas y entregarme a la fantasía. Seguí acariciando mis piernas y mis pechos, mientras mi dildo me llenaba de sensaciones y él, mi amante seductor, cautivaba mi gozo. Cada vez más excitada, más entregada... hasta que mi placer estalló en un orgasmo largo e intenso. ¡Delicioso!

 

Una vez colmada regresé, como de un espejismo, y vi que Massimiliano seguía mirándome. "No te preocupes por mí, hermosa", dijo al instante. "Descansa, déjame que te susurre mientas duermes. Habrá más citas, más noches...".

 

Acomodé mi laptop a un costado, apagué mi juguete, me tapé sólo con las sábanas y dejé que Massimiliano -a más de diez mil kilómetros- velara mi sueño.