Las mujeres de Berlusconi

Las mujeres de Berlusconi

De seductor célebre y galán de tiempo completo, Silvio Berlusconi se ha convertido en el enemigo de las damas

Por: Sinar Alvarado y María Gabriela Méndez / Roma | Fecha: 26/06/13

De seductor célebre y galán de tiempo completo, Silvio Berlusconi se ha convertido en el enemigo de las damas: lo atacan en la política, lo delatan al salir de sus fiestas y lo persiguen desde los tribunales. muchas de ellas piden ahora su cabeza, mientras en italia se reaviva el debate sobre el machismo, la moral y la discriminación contra las mujeres.

 

 

Aquella mañana, a principios de febrero pasado, todos eran Silvio Berlusconi: las chicas rellenitas, las flacas espigadas, los muchachos animosos de pantalones caídos. Unidos en la protesta, todos llevaban máscaras con el rostro del primer ministro, y acentuaban el parecido lanzando algunas frases y piropos de estilo faldero:

 

"Oye, bella ragazza, tengo un ministerio para ti", decía, a cualquier chica que pasaba, un joven de chaqueta raída. "¿Eres menor de edad? ¡No importa! ¿Podemos ubicarla en el gobierno? ¡Claro que sí!"

 

La manifestación ocurría en la Piazza del Popolo, el escenario donde los romanos suelen exhibir su descontento. Hacía frío, llovía un poco y sólo algunos transeúntes se detenían a curiosear. Otros reían y participaban. Pero los demás preferían huir: seguían su rumbo como si nada.

 

 

Veronica Lario fue actriz y estuvo casada con Silvio Berlusconi. Afirma que su ahora ex esposo es un adicto al sexo.

 

Pocos días más tarde, el 13 de febrero, en un domingo luminoso medio millón de personas regresó para colmar la enorme plaza. La mayoría eran mujeres. Y otro medio millón repetía la misma protesta en 230 ciudades italianas. "Nos rebelamos contra el modelo machista de Berlusconi", decían. "Condenamos su estilo de promover muchachas en la política y entregar dinero a cambio de favores sexuales."

 

La multitud exigía la renuncia del premier con un reclamo urgente: "Si no es ahora, ¿cuándo?"

 



"Il Cavaliere", antiguo cantante de cruceros, empresario y dueño de medios convertido en político desde 1994, ha ejercido desde siempre el oficio de donjuán. Pero hoy, a punto de cumplir 75 años, como a otros hombres de su edad, la vejez parece empujarlo hacia un desenfreno mayor. Cada vez disimula menos. No parece importarle el costo moral o político que generan sus repetidos escándalos sexuales.

 

En diciembre de 2004, Berlusconi -uno de los hombres más ricos del mundo según Forbes, que va maquillado y calza tacones que aumentan su pequeña estatura- admitió que se sometía a cirugías estéticas: no por coquetería o por culto al cuerpo, sino porque tiene una imagen pública que debe cuidar, y "por respeto a los demás". El premier es un tipo considerado. Y dijo esto poco antes de aparecer en las pantallas de la televisión con un pañuelo estilo pirata que cubría las cicatrices de su cabello recién sembrado.

 

Quizá el inicio del descenso de Silvio pueda ubicarse en un momento preciso, enero de 2007, durante el Telegatti, un evento para premiar a la industria del espectáculo italiana. Allí piropeó a Mara Carfagna, una ex modelo que venía de concursar en Miss Italia: "Si no fuera casado, me casaría con usted de inmediato", dijo Berlusconi. El auditorio celebró su chiste, como ya es costumbre, pero la reacción más temida llegaría después: Veronica Lario, su esposa en aquella época (en mayo de 2009 pediría el divorcio), envió a los medios una carta donde le exigía excusas públicas.

 

 

Mara Carfagna (izq), una bella modelo, fue nombrada ministra para la Igualdad de Oportunidades. Noemi Letizia (derecha), una joven amiga de Berlusconi, dijo que le costaba escoger entre el modelaje o el parlamento.



En julio de 2007, el Primer Ministro respondió durante la inauguración de una autopista, y aprovechó para enviar un mensaje a la prensa de oposición, que lo atacaba: "No soy un santo." Luego agregaría: "¿Que si soy fiel? Frecuentemente."

 

El ruido que generó la carta de su esposa no lo detuvo: en abril de 2009 viajó a Nápoles para asistir al cumpleaños dieciocho de Noemi Letizia, su nueva protegida. Con los focos alumbrándola, la chica reveló aquella noche sus anhelos de fama. Dijo que le costaba escoger entre el modelaje o el parlamento, y dejó la elección en manos de Silvio. "Decidirá papi", declaró. Después se supo que Berlusconi transfirió veinte mil euros a la cuenta de la madre de Noemi Letizia.

 

Aguijoneada por la humillación, Veronica Lario esbozó en agosto de 2009 -en una edición revisada del libro Tendenza Veronica, que hizo con la periodista Maria Latella en 2004, y en el que llamaba a su esposo "adicto al sexo"- un perfil de la nueva Italia: "Un país donde las madres ofrecen a sus hijas menores a cambio de una ilusión de notoriedad. Un país donde nadie quiere hacer sacrificios porque la fama, el dinero y la suerte llegan con la televisión. ¿Qué futuro le espera a un país así?"

 

El carrusel siguió girando: el 17 de junio, también de 2009, Patrizia D?Addario, una prostituta de lujo, dijo que había pasado la noche en el Palazzo Grazioli, una de las residencias de Berlusconi. Aseguró que Silvio le había ofrecido dinero y una candidatura a las elecciones en Bari. "No he pagado nunca a una mujer", respondió el premier. Poco antes, en abril, presionado por otra declaración de Veronica Lario, que lo llamó sinvergüenza, Silvio retiró de las listas de su partido a varias bellezas que había promovido como candidatas para las elecciones europeas.

 

 

Una de las muchas protestas en contra de Berlusconi: el 27 de febrero de 2010, varios miles de italianos (50 mil según los organizadores) se manifestaron contra la aprobación por la Cámara de Diputados de la ley que permitirá al primer ministro no presentarse a declarar en los tribunales alegando compromisos institucionales.

 

Desde el Telegatti de 2007 varias mujeres han figurado en los escándalos del jefe de gobierno. Mara Carfagna tuvo su oportunidad tras aquel piropo público, y se convirtió en ministra para la Igualdad de Oportunidades, personificando así la ironía perfecta: una chica de la farándula que accede al gobierno gracias a su oportuna amistad con el primer ministro. A ella se sumaría Nicole Minetti, higienista dental de Berlusconi, que es consejera de Lombardía (asamblea legislativa) desde marzo de 2009.

 

La conducta del premier habría resultado menos escandalosa, y habría cosechado menos ataques a su gobierno, si no se hubiera filtrado a los medios el caso "Ruby". En mayo del año pasado Berlusconi llamó a una comisaría de Milán y ordenó que liberaran a la joven marroquí Karima el Mahroug, alias Ruby, entonces de 17 años, que estaba detenida por robo de dinero y joyas. Silvio aseguró que intervino "porque me informaron que la chica era sobrina del ex presidente egipcio Hosni Mubarak, y quise evitarle a Italia un incidente internacional." La oposición y la justicia, en cambio, aseguran que sacó a la joven de prisión para evitar que dijera la verdad: se han filtrado conversaciones telefónicas en las que "Ruby" admite haber estado con Berlusconi entre febrero y mayo de 2010, cuando tenía 16 años. En Italia la prostitución no es delito, salvo cuando se trata de menores de edad. "Il Cavaliere" es ahora el primer jefe de gobierno en el mundo enviado a juicio por abuso de poder e inducción a la prostitución de menores. Las penas que enfrenta van de seis meses a doce años.



Fue "Ruby" quien mencionó por primera vez el término bunga-bunga. En agosto de 2010 hizo un relato a los fiscales: "Berlusconi me dijo que el bunga-bunga lo había aprendido de su amigo (el dictador libio Muamar el) Gadafi. Que se refería a una especie de harén donde aparecen varias chicas desnudas. Me dio a entender que mi vida cambiaría si participaba."

 

Silvio, mientras tanto, se aferra al salvavidas de la política y resta importancia a los reclamos. Necesita sostenerse en el gobierno, pues fuera de él sería presa fácil de los investigadores. Ahora gana tiempo y atribuye los ataques a una cruzada de los "jueces izquierdistas" que libran una cacería política en su contra.

 

Además intenta mantener el debate entre los márgenes del respeto a la vida privada. En junio de 2009 dijo: "Fui hecho así y no cambio. Si me quieren, soy así. Y los italianos me quieren. Me quieren porque sienten que soy bueno, generoso, sincero, leal."

 

Barbara, una de sus hijas, fijó su postura en agosto de ese año en una entrevista para la edición italiana de Vanity Fair: "No creo que un hombre político pueda permitirse la distinción entre vida pública y vida privada." En diciembre de 2010, en la misma revista, dijo que muchas veces no estaba de acuerdo con las políticas de su padre: "Y eso no me convierte en una mala hija." También criticó el descaro de Mara Carfagna, quien ha denunciado el "machismo político" italiano.

 

 

Patrizia D?Addario (izq), una prostituta de lujo. Nicole Minetti (der) era la higienista dental de Silvio.

 

Marina Berlusconi, la hija mayor y presidenta del grupo Fininvest, el emporio creado por su padre, lo defiende: "Se ha desatado una cacería contra mi padre. Lo intentan destruir, pero él es de acero, un gran hombre", dijo en 2009.

 

En las elecciones municipales del 30 de mayo pasado, Berlusconi perdió en su bastión, Milán, y en Nápoles y otras regiones del país su partido, Popolo della Libertà (pdl), perdió 63 de los 81 cargos en disputa. "Las derrotas triplican mis fuerzas", dijo con optimismo al admitir el fracaso. Pero la crisis es evidente: uno de los tres coordinadores del pdl, el ex ministro de cultura Sandro Bondi, renunció y es posible que lo sigan otros.

 

 


Valeria Fedele
ha sido tres veces presidenta del Sindicato Textil Europeo. Desde el año pasado es vicesecretaria general de la filctem (la Confederación General Italiana del Trabajo, que agrupa a trabajadores químicos, textiles, de la energía y la manufactura). Fedele es miembro del comité "Di nuovo", que organizó la manifestación en Piazza del Popolo, aquella que reunió a cientos de miles de personas al grito de "Si no es ahora, ¿cuándo?". Ella critica a Berlusconi y lo hace con mucho énfasis.

 

"Hay que sacarlo del gobierno, pero con votos", dice, y culpa al jefe de gobierno de los grandes reveses que han sufrido las mujeres italianas en los últimos años. "Nosotras denunciamos el hecho de que él, para seleccionar a las mujeres que ocuparán cargos públicos, decide basado en criterios físicos."

 

Las aventuras de Silvio han ubicado el tema de la moral en el centro del debate político italiano. En los diarios, en las emisoras de radio y en los programas de televisión, cada día se repiten discusiones enconadas que juzgan su conducta. Los temas urgentes de la sociedad ?el desempleo, la crisis, la guerra en Libia, el uso de la energía nuclear? han sido relegados. Y a pesar de la omnipresencia de este fenómeno, aunque persista el alboroto, todavía se percibe una gran tolerancia hacia los abusos del premier. Una parte de la opinión pública se indigna, pero otros, que no son pocos, se toman con humor sus arrebatos.

 

 

El ministro está acusado de tener relaciones con "Ruby" (abajo), cuando ella era menor de edad.

 



"Acá nadie reaccionaba porque existe una especie de complicidad cultural", dice Fedele en su oficina del sindicato. "Y lo que hemos destapado es que Italia no es un país para mujeres. Por lo menos no en comparación con otros países europeos. Éste es un país donde la maternidad se ve como la única función de las mujeres: estar en casa y ocuparse de los hijos. Como si el trabajo remunerado fuera sólo para los hombres."

 

Muchos intentan analizar el vendaval que desató Silvio. En una entrevista con El País, el escritor Alessandro Baricco lo describió como un síntoma. "En Italia se rompieron las conexiones sensibles del país. Berlusconi ha sido apenas una consecuencia, pero desde luego él ha acelerado el proceso de pérdida de valores."



La iglesia católica italiana ha reconocido oficialmente su malestar ante los escándalos sexuales del premier, y ha invitado a la clase política a mantener la sobriedad y el honor. Sin embargo, mantiene su apoyo al gobierno conservador de Berlusconi. Se trata, por supuesto, de aliados políticos. Y para ilustrar las razones de esta alianza, basta recordar el reciente incremento en el financiamiento que el gobierno dedica a centenares de colegios católicos.

 


Pero "Il Cavaliere" también divide a la iglesia. Algunos medios vinculados al Vaticano, como Avvenire y la revista Famiglia Cristiana, han sido muy críticos con él. No obstante, son apenas pequeñas voces disidentes, que nada hacen por encima del peso oficial de la autoridad eclesiástica. Aún hoy pueden verse en las calles de Roma vallas de organizaciones religiosas que lo apoyan "por el bien de la familia".

 


El tema del honor, de la dignidad italiana manchada por el poder, ha brotado también en las voces de varios intelectuales. Dario Fo, dramaturgo y premio Nobel, se declaró asqueado por el estilo de vida de Berlusconi. Y Umberto Eco, el escritor más mediático y más respetado de Italia, ha ido aún más lejos, pues intervino en la manifestación convocada por la organización Libertad y Justicia, en Milán, en febrero de este año. Eco dijo ante nueve mil personas: "Hemos venido a demostrar que no somos un país de proxenetas, que no todos haríamos lo mismo aunque tuviéramos dinero. Quizá somos una minoría, pero no importa. Durante el fascismo sólo once profesores de la universidad se negaron a jurar lealtad a Mussolini. Pero ellos salvaron el honor de Italia."

 

Una protesta en Arcore, cerca de la casa de campo de Silvio Berlusconi.


 


El vendaval de acusaciones y polémicas en los medios genera sin duda un gran impacto entre la población. Y eso, la forma en que piensa y actúa la masa, es lo que más preocupa a los expertos. Caterina Romeo es socióloga y se desempeña como académica en la Sapienza, Universidad de Roma. Ella pone el ojo en el impacto que el fenómeno de Berlusconi tiene fuera del ámbito político: "Es grande el daño que él está haciendo a todos los niveles, sobre todo a nivel cultural y del imaginario popular. Éste es un país atrasado en cuanto a los temas que tienen que ver con las mujeres y con la comunidad lgbt. Además tenemos una desocupación muy alta de mujeres y un número muy bajo de ellas en posiciones de dirección, en comparación con otros países de Europa."

 


Cada año, dice Romeo, se reportan cerca de 120 homicidios de mujeres, y éstos son sólo los que publican los periódicos. Italia, continúa, arrastra desde hace varias generaciones un lastre cultural, de machismo y sometimiento de la mujer a los caprichos del hombre. "Hasta mediados de los setenta en nuestro Derecho de Familia se consignaba el delito de honor, que imponía a la mujer y los hijos la obediencia obligatoria al jefe de familia. Y hasta fines de los ochenta la violencia sexual era considerada como un delito moral: si un hombre mataba a una mujer porque lo había traicionado, esto era un atenuante. Cabe decir que no sucedía lo mismo en caso contrario. Éste es el contexto cultural en el que se desenvuelve la relación de Berlusconi con las mujeres, que naturalmente no ha sido creado por él, pero sin duda contribuye a reforzarlo."

 


Romeo cita el caso de Piero Marrazzo, ex gobernador de Lazio, quien se vio forzado a dimitir por un escándalo con transexuales. Berlusconi, impermeable, no ha seguido el mismo camino. "El problema no es Berlusconi, sino el mensaje: si una mujer está dispuesta a satisfacer los deseos sexuales de un hombre rico y poderoso, esto será útil para su carrera", dice Romeo. "Es lo que ha sucedido con Mara Carfagna y Nicole Minetti. En una entrevista Minetti dijo que no respondería sobre el tipo de relación personal que tiene con Berlusconi. A mí no me importa si tuvo o no una relación con él. Pero está el hecho de que gana nueve mil euros al mes por ese cargo y apenas tiene 25 años."

 

 


Hace medio siglo
Italia era otra. En los años cincuenta muy pocas mujeres iban a la universidad. Algunos lugares del país mostraban signos de crecimiento en las industrias, pero la mayor parte del territorio se sacudía aún el polvo rural.

 


Hoy las cifras oficiales hablan de una auténtica revolución femenina: un millón de mujeres asiste a las universidades italianas (28 por ciento más que la cifra de hombres), y se sabe también que ellas invierten más dinero en cultura (libros, cursos, actividades), que logran mejores calificaciones en los estudios y suelen ser más promovidas en sus trabajos, cuando los consiguen. Sin embargo, el mercado laboral las desprecia.

 

Linda Laura Sabbadini dirige el Instituto Nacional de Estadística (istat), y dice que la desigualdad de género es aún más acentuada en el sur del país, donde la tasa de ocupación femenina no supera el 30 por ciento, mientras que en el norte llega a 56 por ciento.

 

 

Stefania Prestigiacomo (izquierda) es la ministra de Medio Ambiente y Michella Vittoria es la ministra de turismo. En el gabinete, el promedio de edad en mujeres es de 38 años; entre hombres, 58.

 


Para que una mujer encuentre trabajo en el sur debe tener un nivel de instrucción alto, pues las oportunidades para las demás son escasas, explica Sabbadini. Y suma otro problema: en Italia el porcentaje de mujeres que se dedican a oficios no relacionados con su formación académica es más alto que el de los hombres. Ellas estudian una cosa, pero se ven forzadas a trabajar en otra.

 


Otro problema, que Sabbadini llama "conciliación de tiempo de vida entre el trabajo y la familia", es que la mujer que encuentra un trabajo entra en conflicto, porque no existen suficientes servicios sociales para el cuidado de los niños, y los hombres no las ayudan. Persiste una división de roles muy tradicional. Las mujeres están casi obligadas a aceptar trabajos inferiores y menos exigentes, para poder dedicarle tiempo al hogar.

 


"Ellas trabajan con contratos de tiempo determinado (empleos limitados a pocos meses y de medio tiempo) en más casos que los hombres. Para ellos esta condición es transitoria; para las mujeres es una situación que permanece y no cambia. A diferencia de otros países europeos, hay un problema de interrupción del trabajo por el nacimiento de los hijos, o por otros asuntos familiares", dice Sabbadini.

 


Según estadísticas del istat, en los últimos cuatro años el desempleo en Italia subió del 6 al 8.3 por ciento. La economía es la que menos ha crecido en la Unión Europea durante la última década, y existe una tasa muy elevada de desempleo juvenil. Los números de 2011 revelan que, en muchachos de entre 15 y 29 años, el desempleo alcanza el 25 por ciento. Uno de cada cuatro italianos (15 millones de personas) corre hoy el riesgo de caer en la categoría de "pobre". El 5.5 por ciento declaró no tener suficiente dinero para comprar comida, el 11 por ciento dice que no ha podido comprar medicamentos y el 16 por ciento no tiene con qué vestirse.

 


Con un 12.2 por ciento de trabajadores activos sin contrato legal, Italia es uno de los países donde la economía informal tiene más peso, sobre todo en la agricultura, los comercios, los hoteles y los restaurantes. Para abril pasado el desempleo masculino se situó en 7.3 por ciento, mientras que la cifra para las mujeres quedó en 9.1 por ciento.

 


Para completar este escenario, Sabbadini lanza un último dato: diez millones de mujeres italianas han sufrido algún tipo de violencia en el curso de su vida. "Culturalmente no hemos cambiado nada ¿Cuánto deben esperar las mujeres italianas por una situación de equilibrio?", pregunta la socióloga.



Berlusconi no es un machista solitario. No va por ahí rodeado sólo de hombres, ni podría mantenerse en el poder gracias al voto exclusivamente masculino. Sí, hay muchas mujeres que lo defienden y lo apoyan. Barbara Saltamartini es una de ellas. Tiene 39 años, es diputada del partido de gobierno, Popolo della Libertà, y no ve ninguna gravedad real en la situación de la mujer italiana. Antes de admitir la existencia de algunos problemas, Saltamartini enumera los éxitos de la administración Berlusconi.

 


Los menciona en su oficina del Parlamento, hablando en voz alta, por encima del ruido proveniente de una protesta que ocurre justo frente al edificio: "Uno de sus mayores logros ha sido darle a las mujeres puestos importantes. Hay cinco mujeres a cargo de ministerios, de un total de veinticuatro: Igualdad de Oportunidades, Mara Carfagna; Ambiente, Stefania Prestigiacomo; Turismo, Michela Vittoria; Instrucción Universitaria e Investigación, Mariastella Gelmini; de la Juventud, Giorgia Meloni. Son cinco mujeres que tienen experiencias diferentes en política, y que en tres años han desarrollado sus tareas con gran seriedad."

 


Si uno revisa la página web del gabinete y compara las hojas de vida de los ministros, verá con facilidad la abrumadora diferencia que hay entre los perfiles masculinos y los femeninos. Los hombres del gobierno exhiben currículos abultados, llenos de cursos, maestrías, diplomas y cargos anteriores. Las mujeres apenas muestran exiguos logros comunes: títulos de bachillerato y pocos estudios de cuarto nivel. El idioma italiano ni siquiera tiene un equivalente femenino para mencionar los oficios del poder. No hay "ministras", sólo "ministros".

 

Un tema incómodo para cualquier partidario del premier, pero inevitable, es el del ascenso súbito de Mara Carfagna y Nicole Minetti en la política.

 

"Carfagna ha hecho un recorrido dentro del partido antes de ser candidata", dice Saltamartini. "Creo que en política las personas deben ser juzgadas por sus resultados. Si empezamos a hacer juicios morales de políticos y les damos puntajes, muchos parlamentarios no estarían donde están hoy."

 


La diputada evita hablar de Nicole Minetti, la antigua odontóloga del premier, cuya carrera instantánea en el gobierno resulta básicamente indefendible. Minetti enfrenta hoy cargos de corrupción en uno de los juicios que se le siguen a Berlusconi. La fiscalía la acusa de integrar una red de prostitución de menores, pues su labor, de acuerdo con varias fuentes, consiste en captar chicas que nutren las fiestas del capo. La diputada prefiere enfocarse en la defensa de Carfagna.

 

 

 

Giorgia Meloni (izquierda), la ministra de la juventud, y Barbara Saltamartini, diputada del partido de Berlusconi, apoyan las posturas de su jefe político.

 


Habla de la ministra anterior a Carfagna, Barbara Pollastrini, quien, según dice, sólo dedicó su gestión a una batalla por la unión entre personas del mismo sexo. "Una ley que no le interesaba a las mujeres", sentencia. Saltamartini parece olvidar que también existen mujeres homosexuales, y que posiblemente ellas estén interesadas en una legislación igualitaria.

 


"Este gobierno ha invertido catorce millones de euros en un plan para ayudar a las mujeres que trabajan y sostienen a sus familias", explica la diputada. Y es que en Italia hay pocas guarderías. "En tres años nosotros las hemos aumentado en un 7 por ciento. Sí, es poco, y se debe mejorar."

 


Entre los valores del partido de gobierno, unos mandamientos escritos, se menciona el respeto y la defensa de la institución familiar. ¿Es Berlusconi un ejemplo o un defensor de esos principios?

 


"La política es el espejo de la sociedad. Nosotros tenemos en nuestras filas a personas que han tenido carreras y recorridos particulares, y experiencias personales un poco duras. Cuando me dicen que Berlusconi no puede defender los valores de la familia, yo me pregunto si Ferdinando Casini, líder opositor de la Unione di Centro, puede defender los valores familiares, cuando ha sido divorciado y se ha vuelto a casar. Yo digo que sí, porque la vida privada no puede interferir en las decisiones políticas", responde Saltamartini.

 


El tema que la legisladora evita, el centro del asunto, es precisamente ése: que la vida privada de Silvio Berlusconi se ha mezclado con sus decisiones políticas. A tal grado que ha apoyado con su dinero y su poder político a mujeres cuyo mayor logro ha sido pasar por su alcoba. Saltamartini habla de otros problemas, y también ella admite el rezago de su país en el contexto europeo.

 


"La sociedad italiana está todavía retrasada culturalmente, en comparación con el resto de Europa", dice. "Somos una sociedad que ha sido fundada sobre el rol del marido fuera de la casa y la mujer dentro. Eso funcionó y dio grandes frutos en el pasado, pero hoy, por necesidad económica, la mujer debe trabajar. Las estadísticas dicen que cuanto más trabaje la mujer, menos hijos tendrá. Desgraciadamente son pocos los niños que nacen. Ésta es una Italia que envejece, y no hemos tenido recambio generacional. Esto ha tenido un costo de gasto social altísimo. Si no hacemos una gran iniciativa cultural sobre la natalidad y la demografía, corremos el riesgo de desaparecer".

 

 

Paola de Micheli (centro), joven diputada, critica al gobierno.

 

 



Paola De Micheli es otra diputada joven, pero forma parte del opositor Partido Democrático, el mismo que reunió cientos de miles de firmas pidiendo la renuncia de Berlusconi. De Micheli reitera el punto de la selección del personal de gobierno: "Yo tengo 34 años y estoy en el Parlamento; soy una dirigente que viene de la iniciativa privada, y para obtener cualquier resultado en mi vida he hecho sacrificios: no tengo una familia, he perdido amigos, he dedicado períodos a estudiar y trabajar mientras mis amigas lo dedicaban a las vacaciones. He debido graduarme, viajar, aprender varios idiomas. Nosotros pensamos que hombres y mujeres deben ser seleccionados sobre la base de su sacrificio y su voluntad. En cambio, la idea que surge con estos casos es que triunfarás si usas un atajo."

 


La otra cuestión, sigue De Micheli, es la seguridad y respetabilidad del presidente del consiglio. El número de personas que asiste a las fiestas de Berlusconi es muy grande: son conocidos y desconocidos que pueden chantajear a Silvio a cambio de silencio. (En algunas de esas fiestas, según fotografías y testimonios publicados por varios medios, hombres y mujeres se paseaban desnudos, había bailes eróticos y las chicas se descubrían los senos para que Silvio los besara.) En efecto, la fiscalía ha divulgado varias extorsiones: chicas que le piden dinero y favores al premier a cambio de callar. De Micheli desecha el tema de la moral oficial: "Yo no soy una moralista, tengo una vida sexual satisfactoria, no me escandalizo frente a algunas actitudes. Pero no acepto las relaciones con menores de edad, porque ésa es una norma legal y moral en Italia."

 


La diputada de oposición asegura que no es una antiberlusconiana radical. Reconoce que Berlusconi, empresario de éxito, dueño de equipos de fútbol (el ac Milán), propietario de la cadena Blockbuster en Italia y de varios conglomerados, ha tenido grandes cualidades como emprendedor, pero en los últimos dos años lo ve en un estado de "decadencia intelectual".

 

 

 


Giulia Turri, Carmen D'Elia y Orsola de Cristofaro, las tres magistradas que juzgan al primer ministro.

 



"La realidad es que ya no está en condiciones de gobernar Italia. Tan sólo la forma en que ha administrado la crisis de Libia demuestra cuán débil es el gobierno dentro y fuera del país", afirma De Micheli.

 


Diversas circunstancias han reunido contra el Primer Ministro a un grupo mayoritariamente femenino. La fiscal de Milán, Ilda Bocassini, una mujer célebre por haber pertenecido al equipo antimafia, fue quien elaboró la montaña de actas y pruebas que se presentaron para pedir el juicio inmediato  de Silvio por prostitución de menores. Luego el caso, gracias a un sorteo computarizado, cayó en manos de otras tres mujeres: las juezas Giulia Turri, Carmen D?Elia y Orsola De Cristofaro, de la cuarta sección del tribunal penal de Milán. Y por último otra mujer, la jueza Cristina Di Censo, fue la encargada de la instrucción preliminar del caso. Ella determinó que estaba justificado un proceso rápido contra Berlusconi.



Así empezó, el pasado 6 de abril, el nuevo martirio judicial que deberá enfrentar "Il Cavaliere". Uno más, de tantos otros. Él mismo ha dicho que está acostumbrado, que lleva diecisiete años enfrentando procesos en la corte. Esta vez, sin embargo, muchos apuestan que será su caída.



Paola De Micheli está convencida de ello: "El buen dios ya ha decidido dónde comenzará el castigo de Berlusconi. Él tendrá que mirar a estas mujeres a los ojos. Ellas tienen una gran responsabilidad en este juicio, y sentirán un gran peso sobre sus espaldas. Pero esto es bello. Y es también una señal de que en este país, en algunos sectores, las mujeres somos fuertes. Muy fuertes."