Este soy yo: Mario Vargas Llosa

Este soy yo: Mario Vargas Llosa

"Me arrepiento de muchas cosas que he escrito". Esa y otras reflexiones en esta entrevista exclusiva para Esquire.

Por: Javier Martínez Staines | Fecha: 15/10/12

Mario Vargas Llosa

Premio Nobel de Literatura, 75 años, Arequipa, Perú

 

  • Si México fuera una novela sería una de grandes contrastes, como esos novelones épicos del siglo XIX en los que todo ocurría. Sería una novela en permanente efervescencia, y creo que para todo esto habría un marco de gran belleza histórica, natural. Creo que ningún lector se aburriría.

 

  • Después de recibir el Nobel, mi vida se ha vuelto más agitada. El premio despierta una curiosidad que crea unas presiones mediáticas muy invasoras. No estoy olvidándome de la enorme satisfacción que significa, pero ahora me cuesta mucho más trabajo mantener mis horarios, mi disciplina, mi sistema de trabajo. Y al mismo tiempo, ha añadido a mi vida una nueva obligación: la de no dejarme convertir en una estatua.

 

  • El gran problema del Nobel es que, a veces, convierte en estatuas a los que lo han recibido. Yo no tengo ningún interés de que me ocurra eso, quiero seguir vivo hasta el final.

 

  • Quisiera resucitar a (Jorge Luis) Borges para darle el Nobel. Creo que es una de las grandes ausencias en ese palmarés. También me gustaría que Carlos Fuentes lo recibiera y que fuera pronto.

 

  • No conozco el Twitter ni los blogs, no uso ese tipo de tecnologías. Pero no las critico, porque creo que han contribuido enormemente al desarrollo de las comunicaciones. Han permitido que pueblos que vivían encerrados, que ignoraban lo que ocurría más allá de sus fronteras, ahora se enfrenten con la modernidad y vean lo que es vivir en libertad. Ojalá ocurriera en Cuba, y América Latina quedara libre de dictadores y de aspirantes a dictadores, como (Hugo) Chávez en Venezuela y (Daniel) Ortega en Nicaragua.

 

  • Me arrepiento de muchas cosas que he escrito. Estoy seguro de que ahora las escribiría mejor, con un sentido mayor de autocrítica, pero no voy a decir cuáles porque para eso ya hay suficientes críticos que lo dicen. No pienso ayudarles en su trabajo.

 

  • El paraíso está en la otra esquina, a condición de que sepamos cuál esquina es. Necesitamos orientarnos bien en esa dirección.

 

  • Cuando era joven, lo que había en América Latina eran mayoritariamente dictadores. Hoy lo que hay son gobiernos democráticos nacidos de elecciones, y ése es un progreso considerable desde el punto de vista político. Que, además, en muchos países está trayendo un progreso económico. Así que, haciendo las sumas y las restas, tenemos que ser más optimistas que pesimistas sobre el futuro inmediato de América Latina.

 

  • La corrupción es terrible. Nada deprime tanto al electorado como ver que las personas que llegaron al poder mediante sus votos, lo aprovechan para obtener beneficios personales transgrediendo la ley. Es la gran amenaza, me parece, para el futuro de la democracia, de la libertad en América Latina.

 

  • Ciertas imágenes me regresan a la infancia. Por ejemplo, historias que leí de niño o personajes de ficción que descubrí en ese entonces. También cuando veo a mis nietos y nietas desarrollando ritos y juegos que fueron los míos cuando era niño. De pronto resucitan en mí muchas imágenes, sobre todo de mis años bolivianos, porque pasé los primeros diez años de mi vida en Bolivia y fueron el paraíso, porque era un ser inocente y feliz; entre otras cosas porque viví rodeado de parientes y de amigos con los que simulábamos una vida paralela de juegos, emulando las películas y las historias que leíamos.

 

  • No me gustan las comidas fusión, ésas de laboratorio que están tan de moda. Adoro las comidas que en España llaman de cuchara y cucharón, que se hacen en la casa, que son terrenales, que apelan a lo fundamental y a lo elemental. Me gusta mucho la comida mexicana que todavía tiene el sabor de la tierra, donde los ingredientes están muy presentes. Son comidas fuertes y que exigen la conversación y el diálogo, que generan al rededor de ellas una fraternidad.

 

  • Me conmueven las canciones de mi juventud, los boleros, por ejemplo. No puedo escuchar un bolero de los años 50 sin emocionarme y sin regresar a mi adolescencia, que viví con fantástica intensidad.

 

  • No hablo de (Gabriel) García Márquez, es un tema que no aparece en las entrevistas que me hacen.

 


SOBRE SU FRASE DE LA "DICTADURA PERFECTA" EN MÉXICO


"Bueno, no era tan perfecta, porque felizmente desapareció. Así que me alegra mucho haberme equivocado. Creo que fue una dictadura muy dañina para América Latina, pero afortunadamente México ha salido de ella y vive una experiencia democrática que parece irreversible. Es muy difícil que México pudiera regresar al control de un partido único y todo lo que ello significó".