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La boutique de Hermès en Cannes originalmente se encontraba frente a un famoso casino, donde era necesario vestir con corbata para tener acceso. Con el fin de salvarle el día a los jugadores, la firma comenzó a fabricar corbatas.
La historia de las corbatas Hermès es tan fascinante como sus piezas y, para hablar con autoridad de ellas, nos sentamos con Viviane Menard, una de sus artesanas estrella. "La mayoría de las marcas que manufacturan corbatas necesitan tres patrones de tela para armar una corbata, pero Hermès lo hace con dos patrones para que sean más ligeras, manejables y de mejor calidad, ya que es la misma seda en interior y exterior", explica.
Y el proceso de fabricación es único: cada corbata es estampada, cortada y confeccionada a mano por un artesano de la casa. Además, se le pone especial atención a la entretela ("el alma de la corbata", como le llaman los expertos), porque le da cuerpo y forma. "Hacemos un entretelado doble para darle mejor horma y evitar los acartonamientos o burbujas", dice Viviane. "El hilo que se usa para confeccionarla es de seda, y lo importante aquí son dos cosas: primero, debe de ser una sola hebra para toda la corbata, es decir, si los artesanos se llegan a equivocar en el proceso tienen que empezar de nuevo. Y segundo, el hilo es tan suave que se ajusta al cuello, para que no quede rígida la prenda cuando se trata de ajustar el nudo".
En la plática aprendemos que los artesanos de Hermès tardan alrededor de ocho minutos en coser cada corbata, y producen de 50 a 60 corbatas al día. Todos han trabajado un promedio de 16 años en la marca, por lo que están comprometidos con la calidad. Y una grata sorpresa: "Mientras más tiempo de vida tenga una corbata Hermès, es mejor su forma: increíble pero cierto, gracias a que el tejido de seda toma su forma natural después de cada lavada. Y los colores no se desgastan, porque se tiñe el hilo y después se cose el lienzo de seda", concluye la artesana.
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La diferencia Hermès
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